jueves, 9 de abril de 2009

VIA CRUCIS: POR SAN ALFONSO MARIA LIGORIO


EL CAMINO DE LA CRUZ
Arrodíllate ante el altar, haz un Acto de Contrición, y forma la intención de ganar las indulgencias bien para ti, o para las almas en el Purgatorio.

Después di:

SEÑOR mío Jesucristo, Vos anduvisteis con tan grande amor este camino para morir por mí, y yo os he ofendido tantas veces apartándome de Vos por el pecado; mas ahora os amo con todo mi corazón, y porque os amo, me arrepiento sinceramente de todas las ofensas que os he hecho. Perdóname, Señor, y permíteme que os acompañe en este viaje. Vais a morir por mi amor, pues yo también quiero vivir y morir por el vuestro, amado Redentor mío. Si, Jesús mío, quiero vivir siempre y morir unido a Vos.

PRIMERA ESTACIÓN
Jesús sentenciado a muerte

V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo Jesús, después de haber sido azotado y coronado de espinos, fue injustamente sentenciado por Pilato a morir crucificado.

(Aquí se hace una pequeña pausa para considerar brevemente el misterio, y lo mismo en las demás estaciones.)

ADORADO Jesús mío: mis pecados fueron más bien que Pilato, los que os sentenciaron a muerte. Por los méritos de este doloroso paso, os suplico me asistáis en el camino que va recorriendo mi alma para la eternidad. Os amo, ¡ oh Jesús mío más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mi como os agrade. Amén.

Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.

Amado Jesús mío,
Por mí vas a la muerte,
Quiero seguir tu suerte,
Muriendo por tu amor;
Perdón y gracia imploro,
Transido de dolor.


__________

SEGUNDA ESTACIÓN
Jesús es cargado con la cruz

V. Te adoramos, Cristo. y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo Jesús, andando este camino con la cruz a cuestas, iba pensando en ti y ofreciendo a su Padre por tu salvación la muerte que iba a padecer.

AMABILÍSIMO Jesús mío: abrazo todas las tribulaciones que me tenéis destinadas hasta la muerte, y os ruego, por los méritos de la pena que sufristeis llevando vuestra Cruz, me deis fuerza para llevar la mía con perfecta paciencia y resignación. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío!, más que a mi mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Amado Jesús mío, etc.


__________

TERCERA ESTACIÓN
Jesús cae la primera vez debajo de la cruz
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera esta primera caída de Jesús debajo de la Cruz. Sus carnes estaban despedazadas por los azotes; su cabeza coronada de espinas, y había ya derramado mucha sangre, por lo cual estaba tan débil, que apenas podía caminar; llevaba al mismo tiempo aquel enorme peso sobre sus hombros y los soldados le empujaban; de modo que muchas veces desfalleció y cayó en este camino.

AMADO Jesús mío: más que el peso de la Cruz, son mis pecados los que os hacen sufrir tantas penas. Por los méritos de esta primera caída, libradme de incurrir en pecado mortal. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mio !, más que a mi mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Amado Jesús mío, etc.


__________

CUARTA ESTACIÓN
Jesús encuentra a su afligida madre
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera el encuentro del Hijo con su Madre en este camino. Se miraron mutuamente Jesús y Maria, y sus miradas fueran otras tantas flechas que traspasaron sus amantes corazones.

AMANTÍSIMO Jesús mío: por la pena que experimentasteis en este encuentro, concededme la gracia de ser verdadero devoto de vuestra Santísima Madre. Y Vos, mi afligida Reina, que fuisteis abrumada de dolor, alcanzadme con vuestra intercesión una continua y amorosa memoria de la Pasión de vuestro Hijo. Os amo, ¡Oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.


Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Amado Jesús mío, etc.


__________

QUINTA ESTACIÓN
Simón ayuda a Jesús a llevar la cruz
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo los judíos, al ver que Jesús iba desfalleciendo cada vez más, temieron que se les muriese en el camino y, como deseaban verle morir de la muerte infame de Cruz, obligaron a Simón el Cirineo a que le ayudase a llevar aquel pesado madero.

DULCÍSIMO Jesús mío: no quiero rehusar la Cruz, como lo hizo el Cirineo, antes bien la acepto y la abrazo; acepto en particular la muerte que tengáis destinada para mí, con todas las penas que la han de acompañar, la uno a la vuestra, y os la ofrezco. Vos habéis querido morir por. mi amor, yo quiero morir por el vuestro y por daros gusto; ayudadme con vuestra gracia. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío! más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.


Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Amado Jesús mío, etc.

__________


SEXTA ESTACIÓN
La Verónica limpia el rostro de Jesús
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo la devoto mujer Verónica, al ver a Jesús tan fatigado y con el rostro bañado en sudar y sangre, le ofreció un lienzo. y limpiándose con él nuestra Señor, quedó impreso en éste su santa imagen.

AMADO Jesús mío: en otro tiempo vuestro rostro era hermosisímo; mas en este doloroso viaje, las heridas y la sangre han cambiado en fealdad su hermosura. ¡ Ah Señor mío, también mi alma quedó hermosa a vuestros ojos cuando recibí la gracia del bautismo, mas yo la he desfigurado después con mis pecados. Vos sólo, ¡ oh Redentor mío!, podéis restituirle su belleza pasada: hacedlo por los méritos de vuestra Pasión. Os amo, ¡oh Jesús, amor mío!, más que a mi mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.


Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Amado Jesús mío, etc.


__________



SÉPTIMA ESTACIÓN
Jesús cae la segunda vez con la cruz
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera la segunda caída de Jesús debajo de la Cruz, en la cual se le renueva el dolor de las heridas de su cabeza y de todo su cuerpo al afligido Señor.

OH pacientísimo. Jesús mio. Vos tantas veces me habéis perdonado, y yo he vuelto a caer y a ofenderos. Ayudadme, por los méritos de esta nueva caída, a perseverar en vuestra gracia hasta la muerte. Haced que en todas las tentaciones que me asalten, siempre y prontamente me encomiende a Vos. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío! más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.


Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Amado Jesús mío, etc.


__________

OCTAVA ESTACIÓN
Las mujeres de Jerusalén lloran por Jesús
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo algunas piadosas mujeres, viendo a Jesús en tan lastimosa estado, que iba derramando sangre por el camino, lloraban de compasión; mas Jesús les dijo: no lloréis por mí, sino por vosotras mismas y por vuestras hijos.

AFLIGIDO Jesús mío: lloro las ofensas que os he hecho, por los castigos que me han merecido, pero mucho más por el disgusto que os he dado a Vos, que tan ardientemente me habéis amado. No es tanto el Infierno, como vuestro amor, el que me hace llorar mis pecados. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.


Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Amado Jesús mío, etc.


__________



NOVENA ESTACIÓN
Jesús cae por tercera vez con la cruz
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera la tercera caída de Jesucristo. Extremada era su debilidad y excesiva la crueldad de los verdugos, que querían hacerle apresurar el paso, cuando apenas le quedaba aliento para moverse.

ATORMENTADO Jesús mío: por los méritos de la debilidad que quisisteis padecer en vuestro camino al Calvario, dadme la fortaleza necesaria para vencer los respetos humanos y todos mis desordenados y perversos apetitos, que me han hecho despreciar vuestra amistad. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.


Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Amado Jesús mío, etc.


__________



DÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es despojado de sus vestiduras
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo al ser despojado Jesús de sus vestiduras por los verdugos, estando la túnica interior pegada a las carnes desolladas por los azotes, le arrancaran también con ella la piel de su sagrado cuerpo. Compadece a tu Señor y dile:

INOCENTE Jesús mío: por los méritos del dolor que entonces sufristeis, ayudadme a desnudarme de todos los afectos a las cosas terrenas, para, que pueda yo poner todo mi amor en Vos, que tan digno sois de ser amado. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.


Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Amado Jesús mío, etc.

__________


UNDÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es clavado en la cruz
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo Jesús, tendido sobre la Cruz, alarga sus pies y manos y ofrece al Eterno Padre el sacrificio de su vida por nuestra salvación; le enclavan aquellos bárbaros verdugos y después levantan la Cruz en alto, dejándole morir de dolor, sobre aquel patíbulo infame.

OH despreciado Jesús mío. Clavad mi corazón a vuestros pies para que quede siempre ahí amándoos y no os deje más. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido: no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez: haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.


Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Amado Jesús mío, etc.


__________

DUODÉCIMA ESTACIÓN
Jesús muere en la cruz
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo Jesús, después de tres horas de agonía, consumido de dolores y exhausto de fuerzas su cuerpo, inclina la cabeza y expía en la Cruz.

OH difunto Jesús mío. Beso enternecido esa Cruz en que por mí habéis muerto. Yo, por mis pecados, tenía merecida una mala muerte, mas la vuestra es mi esperanza. Ea, pues. Señor, por los méritos de vuestra santísima muerte, concededme la gracia de morir abrazado a vuestros pies y consumido por vuestro amor. En vuestras manos encomiendo mi alma. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.


Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Amado Jesús mío, etc.


__________



DECIMOTERCERA ESTACIÓN
Jesús es bajado de la cruz
V. Te adoramos. Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo, habiendo expirado ya el Señor, le bajaron de la Cruz dos de sus discípulos. José y Nicodemo, y le depositaran en los brazos de su afligida Madre, María, que le recibió con ternura y le estrechó contra su pecho traspasado de dolor.

OH Madre afligida. Por el amor de este Hijo, admitidme por vuestro siervo y rogadle por mí. Y Vos, Redentor mío, ya que habéis querido morir por mí, recibidme en el número de los que os aman más de veras, pues yo no quiero amar nada fuera de Vos. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.


Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Amado Jesús mío, etc.


__________

DECIMOCUARTA ESTACIÓN
Jesús colocado en el sepulcro
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo los discípulos llevaron a enterrar o Jesús, acompañándole también su Santísima Madre, que le depositó en el sepulcro con sus propias manos. Después cerraron la puerta del sepulcro y se retiraron.

OH Jesús mío sepultado. Beso esa losa que os encierra. Vos resucitasteis después de tres días; por vuestra resurrección os pido y os suplico me hagáis resucitar glorioso en el día del juicio final para estar eterna-mente con Vos en la Gloria, amándoos y bendiciéndoos. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mio!, más que a mí mismo, me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.


Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Amado Jesús mío, etc.
_________

Después, volviendo al altar mayor, se rezan cinco Padrenuestros, cinco Avemarías y cinco Glorias por las cinco llagas de Jesucristo, y otro Padrenuestro, etc., por la intención del Santo Padre, para poder ganar todas las otras indulgencias concedidas a esta devoción.

miércoles, 8 de abril de 2009

Jueves Santo - Visita de las Siete Casas


La "Visita de las Siete Casas" es una costumbre popular en la que los fieles visitan siete Iglesias o templos donde se encuentre el "monumento", el Santísimo Sacramento expuesto y resguardado para la comunión del Viernes Santo. Su iniciador fue el gran santo San Felipe Neri.

Desgraciadamente esta religiosidad popular, se vuelve hoy en día en un ir y venir de gente que no saben a lo que van y creen que con visitar 7 Iglesias ya cumplieron cuando ni siquiera se acercan a rezar delante del Santísimo.

La realidad es que esta costumbre tiene como los demás elementos de nuestro catolicismo popular, grandes valores cristianos y humanos que hay que saber conservar y profundizar.

Es una especie de peregrinación y sacrificio, en recuerdo cuando Jesús, fue llevado de un lado a otro, en el momento de ser enjuiciado y con esto da inicio su pasión.

La visita de las 7 casas, tiene un desarrollo semejante al Vía Crucis, ya que tenemos 7 estaciones y en las que se lee la Escritura, y se reza y medita sobre la Pasión del Señor.

Además, el Papa Pío VII concedió una indulgencia plenaria a los fieles que dediquen una hora de oración delante del "monumento" con el Santísimo, esto no quiere decir que tenemos que permanecer una hora en cada templo, pero, si organizar de tal forma la visita, que la ultima de ellas sea en nuestra Parroquia o Iglesia más cercana y finalizar ahí con una hora santa.

El que por enfermedad u otro impedimento no pudiera visitar 7 "monumentos", puede hacerlo fervorosamente, una sola vez en su Parroquia.



Las siete estaciones o visitas son:


I
Jesús en el Huerto de Getsemaní


Salió como de costumbre, fue al Huerto de los Olivos, y los discípulos le siguieron. Llegando al lugar les dijo: "Pidan que no caigan en tentación." Y se apartó de ellos, y puesto de rodillas oraba diciendo: "Padre si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad sino la tuya". Entonces se le apareció un ángel que lo confortaba. Y sumido en agonía, insistía más en su oración. Su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que caían en tierra. Levantándose de la oración, vino donde los discípulos y los encontró dormidos, vencidos por la tristeza; y les dijo: "Levántense y oren para que no caigan en tentación". (Lc 22, 39-46)





II
Jesús es atado y llevado a la casa de Anás


El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y su doctrina. Jesús le respondió: "He hablado abiertamente ante todo el mundo; he enseñado siempre en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he hablado nada a ocultas. ¿Porqué me preguntas? Pregunta a los que me han oído lo que les he hablado; ellos saben lo que les he dicho."
Apenas dijo esto uno de los guardias que ahí estaba, dio una bofetada a Jesús, diciendo: "¿Así contestas al Sumo Sacerdote? (Jn 18 19-22)





III
Jesús llevado ante Caifás


Pero Jesús seguía callado. El Sumo Sacerdote le dijo: "Yo te conjuro por Dios vivo que nos digas si tu eres el Cristo el Hijo de Dios". Le dijo Jesús: "Sí, tu lo has dicho. Y yo os declaro que a partir de ahora veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del padre y venir sobre las nubes del cielo." Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras y dijo: "¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. (Mt 26, 63-65)





IV
Jesús llevado ante Poncio Pilato


Pilato respondió: "¿Es que yo soy judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mi. ¿Qué has hecho?" Respondió Jesús: "Mi Reino no es de éste mundo. Si mi reino fuese de éste mundo mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos; pero mi Reino no es de aquí."
Entonces Pilato le dijo: "¿Luego tu eres rey?" Respondió Jesús:" Si, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz." (Jn 18,35-37)





V
Jesús llevado ante Herodes


Cuando Herodes vio a Jesús se alegró mucho, pues hacía largo tiempo que deseaba verle, por las cosas que oía de Él, y esperaba presenciar alguna señal que Él hiciera. Le preguntó con mucha palabrería, pero Él no respondió nada. Entonces Herodes con su guardia después de despedirla y burlarse de Él, le puso un espléndido vestido y le remitió a Pilato. (Lc 23, 8-9; 11)





VI
Jesús es regresado con Pilato


Les dijo Pilato: "¿Y qué voy a hacer con Jesús el llamado Cristo?" Y todos a una voz: "¡Sea crucificado!". "¿Pero qué mal ha hecho?", preguntó Pilato. Mas ellos seguían gritando con más fuerza: "sea crucificado". Entonces Pilato, viendo que nada adelantaba, sino que mas bien se promovía tumulto,
tomo agua y se lavó las manos delante de la gente diciendo: "Inocente soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis." Y todo el pueblo respondió "¡su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos! Entonces les soltó a Barrabás..." (Mt 27,22-26)


VII
Jesús llevado a su Pasión

Entonces los soldados del procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de Él a toda la cohorte. Le desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura; y, trenzando una corona de espinas se la pusieron sobre su cabeza y en su mano derecha una caña, y doblando la rodilla delante de Él le hacían burla diciendo "¡Salve, rey de los judíos!"; y después de escupirle cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza. Cuando se hubieron burlado de Él, le quitaron el manto, y le pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarlo.
(Mt 27, 27-31)

Jueves Santo - Misa Vespertina de la Cena del Señor


INSTITUCION DE LA SAGRADA EUCARISTIA, INSTITUCION DEL ORDEN SACERDOTAL Y LAVATORIO DE LOS PIES (MANTDATUM).

El Jueves Santo es, uno de los tres Jueves del año que "relucen mas que el sol". En este día celebramos, por la tarde, la misa en la cual conmemoramos 3 acontecimientos, de gran trascendencia para la vida de todo cristiano; la institución de la Sagrada Eucaristía, la institución del Orden Sacerdotal y el gran gesto de humildad del lavatorio de los pies.

Recordando un poco la Escritura, vemos que Jesús cumple como Judío con una ley que les obligaba a celebrar la Pascua por mandato de Yahveh (Ex 12,14). La forma de celebrarlo era mediante una cena similar a la que hicieron los Israelitas antes de su éxodo de Egipto (Ex 12,3-11), así que el día marcado, Jesús quiere celebrar con sus amigos esta Cena de Pascua (Lc 22,8-12) , la cual sería la ultima en es vida terrenal, pero la primera para gloria de Dios, ya que en esta, instituye los Sacramentos de la Eucaristía y del Orden Sacerdotal (Lc 22,19-20), pero como preámbulo de esto nos da un gran ejemplo de amor y humildad en el cual nos invita a imitarlo, por medio del "mandatum", momento en el cual, durante la Cena, Jesús lava los pies a sus discípulos (Jn 13,4-5).

Litúrgicamente hablando, esta misa es conocida como la misa de la Cena del Señor y NO como la misa del lavatorio, aunque dentro de esta se recuerde este acontecimiento. La celebración de la misa se hace por la tarde a la hora más oportuna y procurando la participación de toda la comunidad local y de todos los sacerdotes y ministros si es que hubieren. Si el sacerdote ya participo por la mañana en la misa Crismal puede celebrar por la tarde, por razones pastorales. Esta misa no debe aplicarse por la intención de personas en particular.

La misa se divide en 4 partes:

· Ritos iniciales y liturgia de la palabra.
· Lavatorio de los pies.
· Liturgia eucarística.
· Traslación del Santísimo Sacramento.

Debe tomarse muy en cuenta que al inicio de la celebración, el sagrario debe estar completamente vacío. De tal forma que, hay que consagrar suficientes formas para la comunión de este día y del siguiente (Viernes Santo).

Se canta el himno del gloria, mientras se tocan las campanas a vuelo. Terminando el canto, ni las campanas ni instrumento musical se vuelven a tocar, en señal de tristeza y dolor, hasta la Vigilia Pascual.

En la liturgia de la palabra, escucharemos la lectura del libro del Exodo en donde veremos como Dios habla con su pueblo y les da las indicaciones para preparar la Cena Pascual. El Salmo responsorial será tomado del Salmo 115 "Gracias, Señor, por tu sangre que nos lava". Escucharemos también la Epístola de San Pablo a los Corintios en la cual nos recuerda la Institución de la Eucaristía y nos hace ver cual es el alimento verdadero. Finalmente el Evangelio tomado de San Juan en el cual nos muestra Cristo su gran amor y humildad y nos invita a la confesión "el que no quiera lavarse no tendrá parte con El".

Después de la liturgia de la palabra se hará la homilía y después de esta, en un lugar apropiado, se dispondrán las personas designadas para que el Sacerdote, acompañado de sus ministros, lleve a cabo el lavatorio de los pies. Una vez terminado el lavatorio, omitiéndose el Credo, continua con la Liturgia eucarística.

Debe notarse que al terminar de repartir la comunión, el copón se depositará sobre el altar y no en el Sagrario. De ahí, terminada la Oración después de la Comunión, el Sacerdote tomará al Santísimo con el paño de hombros y lo llevara en procesión hasta el "Monumento", previamente levantado en otro sitio distinto al altar, mientras se canta el Pange Lingua. Una vez llegando al "Monumento", se deposita en el al Santísimo en la urna y se inciensa, mientras se canta el Tantum ergo, al final de este se cerrará la urna y se recomienda un momento de oración, al terminar, el Sacerdote regresará a la sacristía en absoluto silencio, NO hay bendición ni despedida.

Enseguida se desnuda el altar indicando así que desde ese momento, queda suspendido el Santo Sacrificio de la Misa, y se quitan las cruces y las imágenes de los santos, si algunas no se pueden quitar se recomienda que se cubran con un velo negro o morado.

Hay que tomar en cuenta que es muy importante en esta noche no dejar solo al Santísimo y destinar parte de nuestro tiempo para rezar y adorarlo con absoluta solemnidad.

Jueves Santo - Misa Crismal


La Consagración del santo crisma y la bendición de los santos óleos gozan de venerable antigüedad en todas las liturgias. De suyo, esta celebración no tiene ningún lazo con el misterio del Jueves Santo, pero está directamente ligada con los sacramentos de iniciación cristiana que se desarrollan durante la Vigilia Pascual el Sábado Santo. Dado que el viernes y el sábado santo son días alitúrgicos, se ha colocado esta celebración en la mañana del Jueves. Antiguamente el Jueves Santo gozaba de tres celebraciones durante el día: La Celebración de los Penitentes, la Misa Crismal y la Misa Vespertina de la Cena del Señor.

La Misa de Reconciliación de los Penitentes, antiquísima en la Iglesia, perduró hasta el siglo XII y cayó en desuso hasta su desaparición el Jueves Santo, sin embargo la Iglesia ha procurado que se realice durante la Cuaresma alguna Liturgia Penitencial, en la que la comunidad reunida alrededor de su Pastor se reconcilie con Dios a través del Sacramento de la Penitencia para cumplir con el precepto anual.

El rito de la consagración del crisma y la bendición de los óleos fue creciendo con el curso de los siglos, desde sencillos comienzos hasta su actual volumen. Primitivamente se bendecían simplemente los óleos, donde había necesidad, antes de la celebración del sacramento, y era el ministro del sacramento quien tenía el poder de bendecirlo. El óleo de los enfermos era bendecido por el sacerdote, mientras que el óleo de los exorcismos (óleo santo u óleo de los catecúmenos) y el óleo del Santo Crisma estaban reservados al Obispo.

El óleo de los exorcismos u óleo de los catecúmenos. Con este óleo se extiende el efecto de los exorcismos, pues los bautizados reciben la fuerza para que puedan renunciar al diablo y al pecado, antes de que se acerquen a la fuente bautismal.

El óleo de los enfermos, cuyo uso atestigua el apóstol Santiago, remedia las dolencias del alma y del cuerpo de los enfermos, para que puedan soportar y vencer con fortaleza el mal y conseguir el perdón de los pecados; como su nombre lo indica, se utiliza para la unción de los enfermos, aquí cabría hacer notar que la unción se da a las personas enfermas o a aquellas que en corto tiempo padecerán alguna cirugía mayor, por lo que debemos hacer conciencia de que este sacramento, la unción de los enfermos, se da precisamente a los enfermos y no a los moribundos.

El Santo Crisma, se utiliza en los sacramentos del Bautismo, la Confirmación y el Orden Sacerdotal, así como en la Consagración de una Iglesia o Altar. La liturgia ha extendido su uso más allá del Antiguo Testamento, con el que eran ungidos los reyes, sacerdotes y profetas, ya que ellos prefiguraban a Cristo, cuyo nombre precisamente significa Ungido del Señor. Del mismo modo los cristianos, incorporados por el Bautismo en el misterio pascual de Cristo, han muerto y resucitado con él, participan de su sacerdocio real y profético, y reciben por la confirmación la unción espiritual del Espíritu Santo.

En esta misa crismal se desarrolla también la renovación de las promesas sacerdotales, ya que desde tiempo muy antiguo, fue uniéndose gradualmente esta celebración crismal a la unión del presbiterio con su obispo, ya que así podrían los sacerdotes estar de vuelta a sus lugares de origen para la celebración pascual de la Vigilia. Por último el Obispo invita al pueblo presente a orar tanto por los sacerdotes como por él mismo para llevar a buen término su ministerio episcopal y sacerdotal y sean así imagen viva de Cristo Sacerdote, Buen Pastor, Maestro y Siervo de todos.

martes, 7 de abril de 2009

Miércoles Santo - Oficio de Tinieblas


La Liturgia de las Horas (invitatorio, laudes, vísperas y completas) es un rezo que normalmente se hace todos los días por la mañana, tarde y noche, pero sobre todo lo hacen Sacerdotes. Para el Jueves y Viernes Santo, estas oraciones se unifican en un rezo que se realiza el Miércoles Santo al caer la tarde, al cual le llamamos Oficio de Tinieblas. Se adelanta al miércoles con el fin de que quien reza comúnmente este Oficio y por las actividades litúrgicas de Jueves y Viernes, no falten al rezo.

Para realizar este oficio, se deben tener todas las luces del templo apagadas, junto al altar debe haber un tenebrario o candelero con 13 velas o cirios los cuales representan a los 12 apóstoles y a Jesucristo, por este motivo deberá resaltar un cirio de los demás. Los cirios se van apagando uno tras otro al término de cada salmo, para que al final quede únicamente encendido el cirio que más resalte. El sentido de esto es que se van apagando sucesivamente porque al acercarse la muerte del Redentor, los apóstoles lo fueron abandonando y el templo va quedando en tinieblas, de ahí el nombre del Oficio. Al llegar al último cirio, este se sitúa en la parte posterior al altar ocultándolo, símbolo de la entrada de Jesús a la sepultura, y a la vez, la permanencia de la Iglesia en espera de la Luz que surgirá en la Vigilia Pascual.

Este Oficio presenta todas las características de las exequias, como son; salmos, antífonas y responsorios fúnebres y de lamentación, omitiendo todo tipo de himno o doxoligía, sin acompañamientos musicales y con el altar desnudo, las imágenes cubiertas y en una absoluta oscuridad, salvo los cirios. Pero también recordamos la Pasión y agonía del Señor.

Cabe señalar que, al finalizar el Oficio NO se da la bendición ni hay rito de despedida.