miércoles, 8 de abril de 2009

Jueves Santo - Misa Crismal


La Consagración del santo crisma y la bendición de los santos óleos gozan de venerable antigüedad en todas las liturgias. De suyo, esta celebración no tiene ningún lazo con el misterio del Jueves Santo, pero está directamente ligada con los sacramentos de iniciación cristiana que se desarrollan durante la Vigilia Pascual el Sábado Santo. Dado que el viernes y el sábado santo son días alitúrgicos, se ha colocado esta celebración en la mañana del Jueves. Antiguamente el Jueves Santo gozaba de tres celebraciones durante el día: La Celebración de los Penitentes, la Misa Crismal y la Misa Vespertina de la Cena del Señor.

La Misa de Reconciliación de los Penitentes, antiquísima en la Iglesia, perduró hasta el siglo XII y cayó en desuso hasta su desaparición el Jueves Santo, sin embargo la Iglesia ha procurado que se realice durante la Cuaresma alguna Liturgia Penitencial, en la que la comunidad reunida alrededor de su Pastor se reconcilie con Dios a través del Sacramento de la Penitencia para cumplir con el precepto anual.

El rito de la consagración del crisma y la bendición de los óleos fue creciendo con el curso de los siglos, desde sencillos comienzos hasta su actual volumen. Primitivamente se bendecían simplemente los óleos, donde había necesidad, antes de la celebración del sacramento, y era el ministro del sacramento quien tenía el poder de bendecirlo. El óleo de los enfermos era bendecido por el sacerdote, mientras que el óleo de los exorcismos (óleo santo u óleo de los catecúmenos) y el óleo del Santo Crisma estaban reservados al Obispo.

El óleo de los exorcismos u óleo de los catecúmenos. Con este óleo se extiende el efecto de los exorcismos, pues los bautizados reciben la fuerza para que puedan renunciar al diablo y al pecado, antes de que se acerquen a la fuente bautismal.

El óleo de los enfermos, cuyo uso atestigua el apóstol Santiago, remedia las dolencias del alma y del cuerpo de los enfermos, para que puedan soportar y vencer con fortaleza el mal y conseguir el perdón de los pecados; como su nombre lo indica, se utiliza para la unción de los enfermos, aquí cabría hacer notar que la unción se da a las personas enfermas o a aquellas que en corto tiempo padecerán alguna cirugía mayor, por lo que debemos hacer conciencia de que este sacramento, la unción de los enfermos, se da precisamente a los enfermos y no a los moribundos.

El Santo Crisma, se utiliza en los sacramentos del Bautismo, la Confirmación y el Orden Sacerdotal, así como en la Consagración de una Iglesia o Altar. La liturgia ha extendido su uso más allá del Antiguo Testamento, con el que eran ungidos los reyes, sacerdotes y profetas, ya que ellos prefiguraban a Cristo, cuyo nombre precisamente significa Ungido del Señor. Del mismo modo los cristianos, incorporados por el Bautismo en el misterio pascual de Cristo, han muerto y resucitado con él, participan de su sacerdocio real y profético, y reciben por la confirmación la unción espiritual del Espíritu Santo.

En esta misa crismal se desarrolla también la renovación de las promesas sacerdotales, ya que desde tiempo muy antiguo, fue uniéndose gradualmente esta celebración crismal a la unión del presbiterio con su obispo, ya que así podrían los sacerdotes estar de vuelta a sus lugares de origen para la celebración pascual de la Vigilia. Por último el Obispo invita al pueblo presente a orar tanto por los sacerdotes como por él mismo para llevar a buen término su ministerio episcopal y sacerdotal y sean así imagen viva de Cristo Sacerdote, Buen Pastor, Maestro y Siervo de todos.

martes, 7 de abril de 2009

Miércoles Santo - Oficio de Tinieblas


La Liturgia de las Horas (invitatorio, laudes, vísperas y completas) es un rezo que normalmente se hace todos los días por la mañana, tarde y noche, pero sobre todo lo hacen Sacerdotes. Para el Jueves y Viernes Santo, estas oraciones se unifican en un rezo que se realiza el Miércoles Santo al caer la tarde, al cual le llamamos Oficio de Tinieblas. Se adelanta al miércoles con el fin de que quien reza comúnmente este Oficio y por las actividades litúrgicas de Jueves y Viernes, no falten al rezo.

Para realizar este oficio, se deben tener todas las luces del templo apagadas, junto al altar debe haber un tenebrario o candelero con 13 velas o cirios los cuales representan a los 12 apóstoles y a Jesucristo, por este motivo deberá resaltar un cirio de los demás. Los cirios se van apagando uno tras otro al término de cada salmo, para que al final quede únicamente encendido el cirio que más resalte. El sentido de esto es que se van apagando sucesivamente porque al acercarse la muerte del Redentor, los apóstoles lo fueron abandonando y el templo va quedando en tinieblas, de ahí el nombre del Oficio. Al llegar al último cirio, este se sitúa en la parte posterior al altar ocultándolo, símbolo de la entrada de Jesús a la sepultura, y a la vez, la permanencia de la Iglesia en espera de la Luz que surgirá en la Vigilia Pascual.

Este Oficio presenta todas las características de las exequias, como son; salmos, antífonas y responsorios fúnebres y de lamentación, omitiendo todo tipo de himno o doxoligía, sin acompañamientos musicales y con el altar desnudo, las imágenes cubiertas y en una absoluta oscuridad, salvo los cirios. Pero también recordamos la Pasión y agonía del Señor.

Cabe señalar que, al finalizar el Oficio NO se da la bendición ni hay rito de despedida.

lunes, 6 de abril de 2009

Martes Santo


El evangelio de este día (Jn 13, 21-33. 36-38) refiere la traición de Judas y su negativa a aceptar el amor predicado por Jesús.

La hora de la pasión ha llegado, la glorificación del Mesías se acerca con prontitud y es anunciado por él de manera muy clara, este anuncio seguido de la profecía sobre la negación de Pedro es una llamada de atención a todos nosotros los que "seguimos a Cristo" a lo largo de nuestra vida.

¿Cuántas veces, impactados por las celebraciones, liturgias, procesiones o representaciones que caracterizan a esta semana unidos al clima penitencial propio, nos llevan a hacer una "reflexión pronta y sin medida" de nuestra vida, lo que culmina con una "rápida conversión" y un "compromiso" de mejorarla, que al paso de los días olvidamos?.

Cristo nos hace ese llamado, en la persona de Pedro, a rectificar nuestra actitud, a dar nuestra vida sin condiciones y con la seriedad propia que conlleva su entrega por nosotros. Este pasaje de Juan lleva como correspondencia anterior la parábola del Sembrador, concretamente el punto en que se hace referencia a la simiente que cae entre piedras. Esa simiente crece, pero por carecer de raíz se seca a las primeras de cambio. Muy revelador resulta pues para nosotros ese pasaje, ya que podemos vernos a nosotros representados en esa simiente sobre piedra. ¿Somos aquellos que al escuchar la Palabra de Dios nos sentimos ilusionados con ella, pero al sentir el rigor que eso implica renunciamos sin más lucha?.

Pongamos especial atención a la oración colecta del día y pidamos "celebrar los misterios de la pasión del Señor con tal fe y arrepentimiento" a fin de que desde lo más intimo de nuestro ser se sucite un cambio de vida y de actuación ante los demás.

domingo, 5 de abril de 2009

Lunes Santo


La tradición de la Iglesia contempla el lunes santo el pasaje de Jn 12, 1-11. Cuando en Betania se lleva a cabo la unción de Jesús por María y la murmuración de Judas basada en la avaricia. Es el momento en que Cristo hace otro anuncio de su muerte y de su resurrección.

Las oraciones del día -colecta, ofrendas, postcomunión- tienen como principio fundamental la pasión de Cristo y el correspondiente agradecimiento del Pueblo de Dios al Padre por la salvación que de este hecho se deriva.

La oración postcomunión es la que expresa más claramente este sentido de "conservar siempre las gracias que hemos recibido" por la misericordia divina al morir Cristo por nuestra salvación.

Las antífonas de entrada y comunión forman, junto con el salmo responsorial un núcleo aparte al hacer clara reflexión a la pasión de Jesús anunciada desde el Antiguo Testamento. Objetivamente hablando estas "llamadas de auxilio" de un "justo perseguido", "fiel asediado" y "desventurado quebrantado por el sufrimiento" son visualizaciones previas de lo que Mesías padecerá por nosotros en los "días santos de la pasión salvadora" (cf. Prefacio de la Pasión II) a fin de "reparar el daño de nuestros pecados" (oración sobre las ofrendas).

En conclusión, es el día de mirar al Señor con humildad pero también con agradecimiento para pedir compasión por nuestras faltas. Es la hora de unirnos a San Agustín en su acción de gracias por la "feliz culpa que mereció tal Salvador".

Pueri Habræórum


Antífona interleccional utilizada, en la procesión de ramos, juntamente con los salmos 23 y 46. El texto latino de la antífona al salmo 23 dice:
Pueri Habræórum
portantes ramos olivárum obviavérunt Domino,
clamántes et dicéntes:
Hosanna in excélsis!.

La correspondiente traducción al español es:
los Hijos de Israel,
llevando ramos de olivo,
salieron al encuentro del Señor, clamando:
"Hosanna en el cielo".

Por su parte la segunda antífona proclama:
Pueri Habræórum
vestiménta posternnébant in via,
et clamábunt dicéntes:
Hosanna Filio David:
Benedictus quí venit in nómine Dómini!

Cuya traducción es:
Los Hijos de Israel
Extendían sus mantos por el camino y clamaban:
"Hosanna al Hijo de David,
bendito el que viene en nombre del Señor".

Ambas antífonas hacen mención al pasaje evangélico en donde se refiere que la multitud aclamó a Cristo a su entrada a Jerusalén.

Pater, si non…: Antífona tomada del texto de Mateo 26,42 que dice:
Pater, si non potest hic calix transíre,
Nisi bibam illum:
Fiat volúntas tua.
"Padre mío, si esta copa no puede pasar sin que yo la beba,
hágase tu voluntad".