domingo, 2 de agosto de 2009

Historia de Santa María de los Ángeles. La Porciúncula


A 5 km de Asís, Italia, en el valle, se encuentra Santa María de los Angeles, hermosa basílica construida sobre LA PORCIUNCULA

La pequeña capilla de la Porciúncula fue donde San Francisco fundó la Orden de los Frailes Menores en el 1209, confiándola a la protección de la Virgen Madre de Cristo, a quien le ha sido dedicada la iglesia.
Recibió de los Benedictinos la capilla para hacerlos centro de su comunidad.

Aquí vivió San Francisco con sus primeros hermanos.

El 28 de marzo de 1211 Clara de Favarone de Offreduccio, recibió aquí el hábito religioso de manos de San Francisco, dando inicio a la Orden de las Damas Pobres (Clarisas).

En el 1216, en una visión, Francisco obtuvo de mismo Jesús la indulgencia conocida como "la indulgencia de al Porciúncula" o "el Perdón de Asís", la cual fue aprobada por el papa Honorio III.

Aquí san Francisco reunía cada año a sus frailes en los capítulos (reuniones generales).
Aquí murió san Francisco.


Entre las reliquias que se encuentran en Santa María de los Angeles:
- el cordón de San Francisco,
-la estatua del santo con las palomas que siempre allí anidan,
-las rosas sin espinas fruto del milagro cuando el santo se tiró sobre ellas para rechazar una tentación,
- la capilla de las lágrimas donde San Francisco rezaba por la Pasión de Cristo y por los pecadores...

Mensaje del Prefecto de la Congregación para el Clero para el mes de Agosto



Jesús dijo: “No he venido para juzgar al mundo, sino para salvarlo” (Jo. 12, 47).


Queridos Presbíteros:

La actual cultura occidental dominante, cada vez más difundida en el mundo a través de los medios globalizados y la movilidad humana – también en los países de otras culturas – presenta nuevos desafíos altamente comprometedores en el campo de la evangelización. Se trata de una cultura profundamente acentuada por un relativismo, que rechaza toda afirmación sobre cualquier verdad absoluta y trascendente y, por eso, destroza también los fundamentos de la moral y se cierra a cualquier religión. De esa manera se pierde la pasión por la verdad, que se reduce a una “pasión inútil”. Por otra parte, Jesús se presenta como la Verdad, el Logos universal, la Razón que ilumina y explica todo cuanto existe. Posteriormente, el subjetivismo individualista, que pone al centro de todo el propio yo, acompaña al relativismo. Finalmente se llega al nihilismo, según el cual nada existe que valga la pena para entregar la propia vida y, en consecuencia, la misma vida no tiene en sí un verdadero sentido. Sin embargo, es necesario reconocer que la actual cultura dominante, posmoderna, conlleva un grande y verdadero progreso científico y tecnológico, que llena de estupor al ser humano, sobre todo, a los jóvenes. Pero el uso de este progreso no tiene siempre, como motivo principal, el bien del hombre y de todos los hombres. Le falta un humanismo integral, que sería el que podría darle su verdadero sentido y finalidad. Podríamos hablar todavía de otros aspectos de esta cultura: consumismo, libertinaje, cultura del espectáculo y del cuerpo. Es patente que todo eso produce un laicismo que no quiere la religión y hace todo lo que puede para debilitarla o, al menos, la deja sólo en el ámbito privado de las personas.

Producto de esta cultura es la descristianización, tal vez demasiado visible, en la mayoría de los países cristianos y, especialmente, en aquellos de Occidente. Ha bajado el número de vocaciones sacerdotales. Disminuido también el número de los presbíteros, sea por falta de vocaciones o por el influjo cultural en el que viven. Todo esto podría conducir a la tentación de un pesimismo descorazonador, que condena al mundo actual y que nos induciría a retirarnos en la trincheras de la resistencia.

Sin embargo Jesús afirma: “No he venido a juzgar al mundo, sino a salvarlo” (Jo. 12, 47). No podemos perder el ánimo ni tener miedo a la sociedad actual o simplemente condenarla. ¡Hay que salvarla! Cada cultura humana – también la actual – puede ser evangelizada. En cada cultura existen las “semina Verbi”, como horizontes de apertura al Evangelio. Con toda seguridad también existen en nuestra actual cultura. Sin duda, también los así llamados “post-cristianos” podrían sentirse tocados y podrían reabrirse si fueran acompañados hacia un verdadero encuentro personal y comunitario con la persona de Jesucristo. En tal encuentro, cada persona humana de buena voluntad puede allegarse a El. El ama a todos y llama a la puerta de todos porque quiere salvar a todos sin excepción. El es la Vida, la Verdad y la Vida. Es el único mediador entre Dios y los hombres.

Queridísimos Presbíteros, nosotros, pastores, hoy somos llamados, con gran urgencia, a realizar la misión, sea “ad gentes”, sea en las regiones de países cristianos en los que tantísimos bautizados se han alejado al no participar en nuestras comunidades o, quizás, han perdido la fe. No podemos tener miedo o quedarnos inmóviles dentro de nuestra casa. El Señor ha dicho a sus discípulos: ¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe? (Mat. 8, 26). “Que no se turbe vuestro corazón. Tened fe en Dios y tened fe en mi” (Jo. 14, 1). “No se enciende una luz para ponerla debajo del celemín sino sobre el candelero para que alumbre a todos los que están en la casa” (Mt. 5,15) “Id a todo el mundo y predicar el Evangelio a toda creatura” (Mt. 16, 15). “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt. 28, 20).

No esparciremos la semilla de la Palabra de Dios sólo desde la ventana de nuestra casa parroquial, sino que iremos al campo abierto de nuestra sociedad, comenzando por los más pobres, llegando a todos los niveles e instituciones de la sociedad. Iremos a visitar a las familias, a todas la personas, iniciando sobre todo por los bautizados alejados. Nuestro pueblo quiere sentir la proximidad de su Iglesia. Lo haremos yendo hacia la sociedad actual, con gozo y entusiasmo, seguros de la presencia del Señor en medio de nosotros y convencidos de que será El quien llamará a las puertas de los corazones de aquellos a quienes hablaremos de El.

Cardenal Cláudio Hummes
Arzobispo Emérito di San Pablo
Prefecto de la Congregación para el Clero


sábado, 1 de agosto de 2009

Oración a la Virgen de los Ángeles. Patrona Nacional de Costa Rica y de los Católicos de América


Oh Soberana Reina de los Ángeles, Madre amorosísima que te dignaste escoger a nuestra amada Patria para que fuera el trono de tus misericordias,

te damos gracias por los innumerables beneficios recibidos de tu intercesión poderosa y te suplicamos que nos protejas en todos los momentos de nuestra vida, sobre todo cuando nos aflijan las preocupaciones; a esa hora, Oh Virgen y Madre de Dios, haz valer tus prerrogativas de Reina y de Madre ante la Santísima Trinidad; socórrenos desde el cielo con amor de Madre y con esplendidez de Reina. Vela por nuestra amada patria, Oh Reina Soberana de los Ángeles y sálvala por amor a Cristo, Nuestro Rey y Señor. AMEN.

viernes, 31 de julio de 2009

Ve el video sobre Mayra Sandoval



Madre coraje mexicana salvó a su hijo y conmueve a católicos de EEUU

DENVER, 31 Jul. 09 / 12:06 pm (ACI)L
a mexicana Mayra Sandoval falleció víctima de un agresivo cáncer el 8 de julio pasado. Su hijo Samuel nació solo semanas atrás, gracias al coraje de esta madre que enfrentó a los médicos que le propusieron abortarlo para intentar un tratamiento contra su enfermedad. Su esposo y amigos nunca olvidarán su poderoso testimonio sobre el inconmensurable valor de la vida.

En una entrevista con El Pueblo Católico, periódico hispano de la Arquidiócesis de Denver, el esposo de Mayra, Ricardo Flores, recordó la batalla de fe y confianza que juntos libraron en los meses previos a su muerte.

Ricardo y Mayra nacieron en México e inmigraron a Estados Unidos donde se conocieron hace tres años. Pronto se enamoraron y empezaron a convivir. En octubre del año pasado, supieron que Mayra estaba embarazada.

Meses después, los médicos detectaron que Mayra tenía un tumor en los pulmones. Era un cáncer avanzado y agresivo, por lo que le sugirieron abortar al bebé lo más pronto posible e iniciar un tratamiento para detener la enfermedad.

Ambos escogieron la vida del bebé. "Podíamos confiar en Dios y dejar que se cumpliera su voluntad. Podíamos aceptar lo que Dios nos enviara, sea bueno o malo", declaró Ricardo.

Mientras la enfermedad avanzaba, la pareja empezó a aprender más sobre su fe católica. Aída, hermana de Mayra, sostiene que ella siempre fue católica, creía "pero al igual que muchos católicos, no conocía su fe".

En su duro camino, Ricardo y Mayra recibieron el apoyo y solidaridad de la comunidad católica de Denver, a través de los grupos de oración de las parroquias San Antonio de Padua y de San José.

Para Ricardo fue muy especial la presencia amorosa del sacerdote John Gregory, quien los asistió espiritualmente. "Siempre estaba cerca de nosotros, nos enseñaba, nos ayudaba, nos apoyó, nos dio fortaleza, nos hablaba de Dios, de todo lo que Dios había hecho por nosotros".

Con seis meses y medio de embarazo, Mayra comenzó la quimioterapia. Seis semanas después, los tratamientos no funcionaban, y debían practicarle una cesárea.

Fue un día intenso de oración y confianza, que conmovió incluso a los trabajadores del hospital.

Samuel nació con buena salud a pesar de su condición de bebé prematuro. Unas semanas después, la familia pudo volver a casa, pero la salud de Mayra empeoró y debió ser internada. Ya no podía comer ni respirar por sus propios medios.

El 21 de junio, Mayra y Ricardo contrajeron matrimonio religioso.

"Nos casamos en una habitación en el hospital. Fue hermoso. Después, nos sentimos en paz, en gracia de Dios. También lo hicimos por Samuel, para que tuviera la bendición de Dios de tener a sus padres casados", recordó Ricardo.

Quienes conocieron a Mayra recordarán siempre su hermoso testimonio de vida. Incluso el Padre Gregory asegura que acompañar a esta pareja fue "un increíble camino de fe" para su propia vida.

"Su experiencia me ha dado más fuerza para predicar sobre lo que realmente es la muerte, porque ella dio un testimonio de un nuevo nacimiento. Me ha dado más entusiasmo y me ayudó a entender que tengo que explicar que la verdadera muerte es el pecado, no la muerte física", sostiene el sacerdote.

Ricardo asegura que la enfermedad y la muerte de Mayra le enseñó sobre la existencia y el amor de Dios. "A través de todo esto, Dios me hizo saber que Él existe, que Él está con nosotros. Ahora tengo que cuidar de Samuel, y decirle que su mamá dio la vida por él", dijo.