domingo, 25 de abril de 2010

¿HA FRACASADO EL PONTIFICADO DE BENEDICTO XVI?. Por Carl Anderson


¿HA FRACASADO EL PONTIFICADO DE BENEDICTO XVI?

Ni siquiera en los estándares sociales

Por Carl Anderson


NEW HAVEN, jueves 22 de abril de 2010 (ZENIT.org).- A principios de abril, la revista alemana Der Spiegel pesó en los recientes ataques a la Iglesia con el siguiente titular: "El fracasado pontificado de Benedicto XVI".

¿Pontificado fracasado? Ni mucho menos.
Aún para los estándares de este mundo, el pontificado del Papa Benedicto XVI ha sido notable. Él ha llevado a la Iglesia hacia adelante, focalizando en el compromiso de la cultura que nos rodea con el amor. Sus dos encíclicas sobre la caridad, su encíclica sobre la esperanza, y su carta sobre la Eucaristía – Cristo como centro de nuestra fe – nos han llevado de nuevo al mensaje más básico y profunda del cristianismo – la fe, la esperanza y la caridad. El cristianismo de Benedicto es el cristianismo de las Bienaventuranzas.

La razón por la que algunos ven un papado "fallido" es que quieren ver precisamente eso. Muchos en Europa quieren ver este papado fracasar – cualquier papado fracasar – porque la Iglesia está en contra de su agenda laicista.
Lo que algunos no pueden tolerar es la visión expresada en la más reciente encíclica del Papa Benedicto XVI, Caritas in Veritate, en la que el Papa nos recuerda: "Sin Dios el hombre no sabe qué camino tomar, ni tampoco logra entender quién es él mismo" (N º 78 ).
La semana pasada escuchamos proclamado el Evangelio en el que Cristo pregunta a Pedro: "¿Me amas?" Y Pedro responde que sí. Pero sólo puede responder que sí porque Cristo le ha amado primero. El laicista da la espalda al amor de Dios. Él rechaza la invitación de Cristo de amarlo a cambio.
Deberíamos recordar que los dos grandes mandamientos de Cristo son amar a Dios de todo corazón – y al prójimo como a nosotros mismos. El primero debe conducir al segundo. Pero si se elimina el primer mandamiento – el amor a Dios – y la ejecución del segundo – el amor al prójimo – será incapaz de cumplir su promesa.
El sueño de la sociedad secularizada es un sueño utópico en el mejor de los casos.
En la Caritas in Veritate, el Papa Benedicto reiteró su afirmación en la Deus caritas est - que ningún Estado sería jamás tan perfecto como para eliminar la necesidad de la caridad. Él escribió: "Cuando es animado por la caridad, el compromiso con el bien común tiene un valor superior al compromiso meramente secular y político." (Núm. 7)
La idea de que las soluciones a los problemas del mundo se encuentran en el Evangelio y no en el secularismo ha sido durante mucho tiempo un tema de este Papa. Él siempre ha sostenido que la Iglesia se diferencia de la sociedad secular en que no busca un Mesías político, sino que llama a la gente a la conversión constante.
Una sociedad que no tiene sitio para Dios – y los medios de comunicación son una muestra de esa sociedad – tampoco parece tener cabida para este mensaje y, así, algunos han atacado al mensajero, agarrándose a un clavo ardiendo para desacreditarlo.
El Papa que nos ha llamado a la caridad en la verdad, que nos advirtió que la economía se vendría abajo si los valores religiosos se excluían del mercado, que tanto hizo para abordar y corregir las acciones de aquellos sacerdotes que han causado escándalo – este hombre ha sido el objetivo, porque cree que sólo podemos amar a nuestro prójimo auténticamente si primero hemos permitido a Dios que nos ame.
Esa idea – no importa la frecuencia con que las circunstancias la demuestren correcta – es algo que algunas mentes secularizadas simplemente no puede tolerar. Así que hay un juicio apresurado, un salto a las conclusiones, un intento de desacreditar al Papa.
El campeón de la caridad en la verdad no ha recibido ni caridad ni verdad de las manos de muchos en los medios de comunicación.
Hay una cultura de la sospecha contra la Iglesia Católica hoy en la que se da prácticamente credibilidad a cualquier acusación que sea crítica con la Iglesia, mientras que los montones de explicaciones en defensa de la Iglesia nunca pareces ser suficientes.
¿Cómo explicar el frenesí actual de los medios contra el hombre que ha hecho más que ningún otro para tratar eficazmente a los que abusan de los niños?
El Espíritu Santo seguirá conduciendo al Papa Benedicto XVI a la gran labor por la que hemos llegado a conocerle, por su gran testimonio del amor de Cristo.
Nos corresponde a nosotros hoy seguir el testimonio de nuestro Papa. Debemos permanecer con el Papa Benedicto y decir sí al amor de Cristo, y luego llevar ese amor a nuestro prójimo, a nuestra sociedad. Tenemos que evangelizar a través de nuestro testimonio.
El pobre testimonio de unos pocos - su manipulación y abusos en lugar del amor - ha sido aprovechado por algunos, tratando de desacreditar el auténtico mensaje y el modo de vida cristianos. Esta es la razón por la que el escándalo es tan dañino, pero también de por qué nuestro testimonio hoy es tan importante.
Hablando en el año 2000, el cardenal Ratzinger dijo que el arte de vivir "sólo puede ser comunicada por alguien que tiene la vida - el que es el Evangelio en persona".
Tenemos que ser ese evangelio personificado, y decir sí al amor de Cristo, y sí a amar a Cristo, y luego debemos extender la auténtica caridad en la verdad a nuestro prójimo. Entonces el mundo verá que somos cristianos por el modo en que nos amamos unos a otros - y el modo en que nos amemos unos a otros será el modo en que seamos amados primero por Dios.

* * *

Carl Anderson es el caballero supremo de los Caballeros de Colón y autor superventas del New York Times.

[Traducción del inglés por Inma Álvarez]

viernes, 16 de abril de 2010

Felicita al Papa Benedicto XVI por su cumpleaños

Ponemos a su disposicion el correo electronico del Papa Benedcto XVI para que le envíes tus felicitaciones por su cumpleaños

benedictoxvi@vatican.va


viernes, 26 de marzo de 2010

AVEMARÍA DOLOROSA


Dios te salve, María, llena eres de dolores; Jesús crucificado está contigo; digna eres de llorada y compadecida entre todas las mujeres, y digno es de ser llorado y compadecido Jesús, fruto bendito de tu vientre.

Santa María, Madre del Crucificado, da lágrimas a nosotros crucificadores de tu Hijo, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

jueves, 25 de marzo de 2010

PEREGRINACIÓN CON NUESTRA SEÑORA DE LA ENCARNACIÓN


P. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
A. Amén.

P. Señor, te adoramos y te bendecimos.
A. Porque en la obra de la salvación asociaste a la Virgen Madre.

P. Contemplamos tu "fiat", Santa María.
A. Para seguirte en el camino de la fe.

ORACIÓN INICIAL

Oh Virgen Santísima,
Madre de Dios,
Madre de Cristo,
Madre de la Iglesia,
míranos clemente en esta hora.

Virgo fidélis, Virgen fiel,
ruega por nosotros.
Enséñanos a creer como has creído Tú.
Haz que nuestra fe
en Dios, en Cristo, en la Iglesia,
sea siempre límpida, serena, valiente, fuerte, generosa.

Mater amábilis, Madre digna de amor.
Mater pulchrae dilectiónis, Madre del Amor Hermoso,
¡ruega por nosotros!
Enséñanos a amar a Dios y a nuestros hermanos
como les amas Tú;
haz que nuestro amor a los demás
sea siempre paciente, benigno, respetuoso.

Causa nostrae laetítiae, Causa de nuestra alegría,
¡ruega por nosotros!
Enséñanos a saber captar, en la fe,
la paradoja de la alegría cristiana,
que nace y florece en el dolor,
en la renuncia,
en la unión con Tu Hijo Crucificado:
¡haz que nuestra alegría
sea siempre auténtica y plena
para podérsela comunicar a todos! Amén.

Se reza la primer SALVE
Dios te salve, Reina y Madre de Misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, Abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!

V.Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
R.Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

ORACIÓN

Oh María,
Aurora del mundo nuevo,
Madre de los vivientes,
A Ti confiamos la causa de la vida:
Mira, Madre, el número inmenso
de niños a quienes se impide nacer,
de pobres a quienes se hace difícil vivir,
de hombres y mujeres víctimas
de violencia inhumana,
de ancianos y enfermos muertos
a causa de la indiferencia
o de una presunta piedad.
Haz que quienes creemos en tu Hijo
sepamos anunciar con firmeza y amor
a los hombres de nuestro tiempo
el Evangelio de la vida.
Alcánzanos la gracia de acogerlo
como don siempre nuevo,
la alegría de celebrarlo con gratitud
durante toda nuestra existencia
y la valentía de testimoniarlo
con solícita constancia, para construir,
junto con todos los hombres de buena voluntad,
la civilización de la verdad y del amor,
para alabanza y gloria de Dios Creador
y amante de la vida.

Luego de rezar el contenido de la Oración a Maria Santísima escrita por el Siervo de Dios Juan Pablo II se pide la primera gracia que se desea obtener (...).

V.Ruega por nosotros, Madre de Dios y Madre de Misericordia.
R.Te rogamos nos concedas la gracia que te pedimos por Amor de Dios.

Se reza la segunda SALVE

Dios te salve, Reina y Madre de Misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, Abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!

V.Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
R.Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

ORACIÓN

María,
Madre de Misericordia,
cuida de todos para que no se haga inútil
la Cruz de Cristo,
para que el hombre
no pierda el camino del bien,
no pierda la conciencia del pecado
y crezca en la esperanza en Dios,
«rico en Misericordia» (Ef 2, 4),
para que haga libremente las buenas obras
que Él le asignó (cf. Ef 2, 10)
y, de esta manera, toda su vida
sea «un himno a su gloria» (Ef 1, 12).

Luego de rezar el contenido de la Oración a María Santísima escrita por el Siervo de Dios Juan Pablo II se pide la segunda gracia que se desea obtener (...).

V.Ruega por nosotros, Madre de Dios y Madre de Misericordia.
R.Te rogamos nos concedas la gracia que te pedimos por Amor de Dios.

Se reza la tercer SALVE
Dios te salve, Reina y Madre de Misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, Abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!

V.Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
R.Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

ORACIÓN

Santa María, Madre de Dios y Madre de Misericordia,
Tú has dado al mundo la verdadera Luz,
Jesús, tu Hijo, el Hijo de Dios.
Te has entregado por completo
a la llamada de Dios
y te has convertido así en fuente
de la bondad que mana de Él.
Muéstranos a Jesús. Guíanos hacia Él.
Enséñanos a conocerlo y amarlo,
para que también nosotros
podamos llegar a ser capaces
de un verdadero amor
y ser fuentes de agua viva
en medio de un mundo sediento.
Luego de rezar el contenido de la Oración a María Santísima escrita por el Santo Padre Benedicto XVI se pide la tercera gracia que se desea obtener (...).

V.Ruega por nosotros, Madre de Dios y Madre de Misericordia
R.Te rogamos nos concedas la gracia que te pedimos por Amor de Dios.

MEDITACIÓN FINAL

MARIA: AUXILIADORA, ABOGADA, SOCORRO, MEDIADORA

La Santísima Virgen, predestinada, junto con la Encarnación del Verbo, desde toda la eternidad, cual Madre de Dios, por designio de la Divina Providencia, fue en la tierra la esclarecida Madre del Divino Redentor, y en forma singular la generosa colaboradora entre todas las criaturas y la humilde esclava del Señor. Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo en el Templo al Padre, padeciendo con su Hijo mientras Él moría en la Cruz, cooperó en forma del todo singular, por la obediencia, la fe, la esperanza y la caridad en la restauración de la vida sobrenatural de las almas. por tal motivo es nuestra Madre en el orden de la gracia.(Lumen Gentium, 61)

Y esta maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia, desde el momento en que prestó fiel asentimiento en la Anunciación, y lo mantuvo sin vacilación al pie de la Cruz. Una vez recibida en el Cielo, no dejó su oficio salvador, sino que continúa alcanzándonos por su múltiple intercesión los dones de la eterna salvación. Con su Amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que peregrinan y se debaten entre peligros y angustias y luchan contra el pecado hasta que sean llevados a la Patria feliz. Por eso, la Santísima Virgen en la Iglesia es invocada con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora. Lo cual, sin embargo, se entiende de manera que nada quite ni agregue a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador. (Lumen Gentium, 62)

ORACIONES FINALES


Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a Vos acudo, oh Virgen de la Encarnación, Madre de mi Señor Jesucristo, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vos.
Oh Madre de Dios y Madre de Misericordia, no desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas misericordiosamente, por el Misterio de la Santísima Encarnación y por Amor de Dios. Amén.

Nos acogemos bajo tu protección, Santa Madre de Dios: no desprecies las súplicas que te dirigimos en nuestra necesidad, antes bien sálvanos siempre de todos los peligros, Virgen gloriosa y bendita.

Dios Padre Misericordioso, que con la cooperación del Espíritu Santo, preparaste el cuerpo y el alma de la gloriosa Virgen María para que fuese merecedora de ser digna morada de tu Hijo; concédenos que, pues celebramos con alegría el misterio de la Encarnación, por su piadosa intercesión seamos liberados de los males presentes y de la muerte eterna. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.
SEÑAL DE LA CRUZ

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.