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sábado, 19 de noviembre de 2011

Texto integro de la Exhortación Apostólica "Africae Munus"

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA POSTSINODAL AFRICAE MUNUS DEL PAPA BENEDICTO XVI A LOS OBISPOS, AL CLERO, A LAS PERSONAS CONSAGRADAS Y A LOS FIELES LAICOS SOBRE LA IGLESIA EN ÁFRICA AL SERVICIO DE LA RECONCILIACIÓN, LA JUSTICIA Y LA PAZ

SIN LA LÓGICA DE LA SANTIDAD, EL SACERDOCIO ES UNA SIMPLE FUNCIÓN SOCIAL

CIUDAD DEL VATICANO, 19 NOV 2011 (VIS).-Hacia las 11 de la mañana, el Santo Padre llegó al seminario de San Galo, en Ouidah, donde visitó las tumbas del cardenal Bernardin Gantin, primer africano jefe de un dicasterio de la Curia romana; y de su maestro Mons. Louis Parisot, S.M.A., primer arzobispo de Cotonou y vicario apostólico de Dahomey y Ouidah.

  En el patio del antiguo seminario, centenares de  sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y laicos esperaban a Benedicto XVI. El Papa expresó su alegría por encontrarse de nuevo con ellos, así como su gratitud por la labor pastoral que realizan, a menudo en condiciones difíciles.

  Refiriéndose a la Exhortación apostólica postsinodal “Africae munus”, el Pontífice recordó que en ella se abordan los temas de la paz, la justicia y la reconciliación, y afirmó: “Estos tres valores se imponen como un ideal evangélico fundamental en la vida bautismal, y requieren una sana aceptación de vuestra identidad de sacerdotes, consagrados y fieles laicos”.

  A los sacerdotes dijo que “la responsabilidad de promover la paz, la justicia y la reconciliación, os incumbe de una manera muy particular. En efecto, por la sagrada ordenación que recibisteis, y por los sacramentos que celebráis, estáis llamados a ser hombres de comunión. (...) Os animo a dejar trasparentar a Cristo en vuestra vida mediante una auténtica comunión con el obispo, una bondad real hacia vuestros hermanos, una profunda solicitud por cada bautizado y una gran atención hacia cada persona. Dejándoos modelar por Cristo, no cambiéis jamás la belleza de vuestro ser sacerdotes por realidades efímeras, a veces malsanas, que la mentalidad contemporánea intenta imponer a todas las culturas”.

  En sus palabras a los religiosos, destacó que “la vida consagrada es un seguimiento radical de Jesús. Que vuestra opción incondicional por Cristo os conduzca a un amor sin fronteras por el prójimo. (...) Pobreza, obediencia y castidad aumenten en vosotros la sed de Dios y el hambre de su Palabra, que, al crecer, se convierte en hambre y sed para servir al prójimo hambriento de justicia, paz y reconciliación”.

  Benedicto XVI advirtió a los seminaristas: “Sin la lógica de la santidad, el ministerio no es más que una simple función social. (...) Ante los retos de la existencia humana, el sacerdote de hoy como el de mañana -si quiere ser testigo creíble al servicio de la paz, la justicia y la reconciliación- debe ser un hombre humilde y equilibrado, prudente y magnánimo”.

  Los fieles laicos, también están llamados a ser “sal de la tierra y luz del mundo” en medio de la realidad cotidiana, contribuyendo a la paz, la justicia y la reconciliación.  Esta tarea requiere, en primer lugar, “fe en la familia construida según el designio de Dios, y una fidelidad a la esencia misma del matrimonio cristiano. (...) Gracias a la fuerza de la oración, ‘se transforma y se mejora gradualmente la vida personal y familiar, se enriquece el diálogo, se transmite la fe a los hijos, se acrecienta el gusto de estar juntos y el hogar se une y consolida más’ (...) Haciendo reinar en vuestras familias el amor y el perdón, contribuís a la edificación de una Iglesia fuerte y hermosa, y a que haya más justicia y paz en toda la sociedad”.
  Los catequistas, “valientes misioneros en el corazón de las realidades más humildes”, han de ofrecer “con esperanza y determinación indefectibles, su ayuda singular y del todo necesaria para la propagación de la fe en fidelidad a las enseñanzas de la Iglesia”.

  Para terminar, el Pontífice subrayó que “el amor por el Dios revelado y por su Palabra, el amor por los sacramentos y por la Iglesia, son un antídoto eficaz contra los sincretismos que extravían. Este amor favorece una justa integración de los valores auténticos de las culturas en la fe cristiana. Libera del ocultismo y vence los espíritus maléficos, porque se mueve por la potencia misma de la Santa Trinidad. Vivido profundamente, este amor es también un fermento de comunión que rompe todas las barreras, favoreciendo así la edificación de una Iglesia en la que no haya segregación entre los bautizados, pues todos son uno en Cristo Jesús”.

  Tras la oración final, Benedicto XVI se trasladó a la basílica de la Inmaculada Concepción de Ouidah para firmar la Exhortación apostólica postsinodal “Africae munus”.
PV-BENIN/                                                  VIS 20111119 (730)

¡NO PRIVEIS A VUESTROS PUEBLOS DE LA ESPERANZA!

CIUDAD DEL VATICANO, 19 NOV 2011 (VIS).- Benedicto XVI llegó poco antes de las 9.00 al Palacio Presidencial de Cotonou, construido en 1960 con motivo de la proclamación de la independencia de Benin de Francia, donde tuvo lugar el encuentro con los miembros del gobierno, de las instituciones de la república, del cuerpo diplomático y de los representantes de las diversas religiones. El Papa fue acogido por el Presidente de Benin, Thomas Yayi Boni y, tras saludar a los presentes, pronunció un discurso del que ofrecemos amplios extractos.

 “Cuando digo que África es el continente de la esperanza, no hago retórica fácil, sino expreso simplemente una convicción personal, que es también de la Iglesia. Con demasiada frecuencia nuestra mente se queda en prejuicios o imágenes que dan una visión negativa de la realidad africana, fruto de un análisis pesimista. Es siempre tentador señalar lo que está mal; más aún, es fácil adoptar el tono del moralista o del experto, que impone sus conclusiones y propone, a fin de cuentas, pocas soluciones adecuadas. Existe también la tentación de analizar la realidad africana de manera parecida a la de un antropólogo curioso, o como alguien que no ve en ella más que una enorme reserva de energía, minerales, productos agrícolas y recursos humanos fáciles de explotar para intereses a menudo escasamente nobles. Estas son visiones reduccionistas e irrespetuosas, que llevan a una cosificación nada correcta para África y sus gentes”.

  “Hablar de la esperanza es hablar del porvenir y, por tanto, de Dios (...) En este terreno, compuesto de múltiples elementos contradictorios y complementarios, es donde se trata de construir con la ayuda de Dios. (...) Quisiera leer a la luz de esta esperanza que nos debe animar, dos aspectos importantes de África en la actualidad. El primero se refiere a la vida sociopolítica y económica del continente en general; el segundo al diálogo interreligioso”.

  “En los últimos meses, muchos han expresado su deseo de libertad, su necesidad de seguridad material y su deseo de vivir en armonía en la diferencia de etnias y religión. Ha nacido incluso un nuevo Estado en vuestro continente. También ha habido muchos conflictos provocados por la ceguera del hombre, por sus ansias de poder y por intereses político-económicos que ignoran la dignidad de la persona o de la naturaleza (...)  Estos males afligen ciertamente vuestro continente, pero también al resto del mundo. Toda nación quiere entender las decisiones políticas y económicas que se toman en su nombre. Se da cuenta de la manipulación, y la revancha es a veces violenta. Desea participar en el buen gobierno. Sabemos que ningún régimen político humano es perfecto, y que ninguna decisión económica es neutral. Pero siempre deben servir al bien común. Por tanto, estamos ante una reivindicación legítima, que afecta a todos los países, de una mayor dignidad y, sobre todo, de más humanidad. El hombre quiere que su humanidad sea respetada y promovida. Los responsables políticos y económicos de los países se encuentran ante decisiones determinantes y opciones que no pueden eludir”.

Enfoque ético de las responsabilidades políticas y económicas

  “Desde esta tribuna, hago un llamamiento a todos los líderes políticos y económicos de los países africanos y del resto del mundo. No privéis a vuestros pueblos de la esperanza. No amputéis su porvenir mutilando su presente. Tened un enfoque ético valiente en vuestras responsabilidades y, si sois creyentes, rogad a Dios que os conceda sabiduría. (...) El poder, de cualquier tipo que sea, ciega fácilmente, sobre todo cuando están en juego intereses privados, familiares, étnicos o religiosos. Sólo Dios purifica los corazones y las intenciones”.

  “La Iglesia no ofrece soluciones técnicas ni impone fórmulas políticas. Ella repite: No tengáis miedo. La humanidad no está sola ante los desafíos del mundo. Dios está presente. Y este es un mensaje de esperanza, una esperanza que genera energía, que estimula la inteligencia y da a la voluntad todo su dinamismo (...) La esperanza es comunión. ¿No es este un camino espléndido que se nos propone? Invito a emprenderlo a todos los responsables políticos, económicos, así como del mundo académico y de la cultura. Sed también vosotros sembradores de esperanza”.

Diálogo interreligioso

  “No parece necesario recordar los recientes conflictos  provocados en nombre de Dios, y las muertes causadas en nombre de Aquel que es la vida. Toda persona sensata comprende la necesidad de promover la cooperación serena y respetuosa entre las diferentes culturas y religiones. El auténtico diálogo interreligioso rechaza la verdad humanamente egocéntrica, porque la sola y única verdad está en Dios. (...) Por tanto, ninguna religión, ninguna cultura puede justificar que se invoque o se recurra a la intolerancia o a la violencia. La agresividad es una forma de relación bastante arcaica, que se remite a instintos fáciles y poco nobles. Utilizar las palabras reveladas, las Sagradas Escrituras o el nombre de Dios para justificar nuestros intereses, nuestras políticas tan fácilmente complacientes o nuestras violencias, es un delito muy grave”.

 “Sólo puedo conocer al otro si me conozco a mí mismo. Por tanto,  el conocimiento, la profundización y la práctica de su propia religión es esencial para un verdadero diálogo(...)  Por eso conviene que cada uno se sitúe en la verdad ante Dios y ante el otro. Esta verdad no excluye, y no comporta una confusión. El diálogo interreligioso mal entendido conduce a la confusión o al sincretismo. No es este el diálogo que se busca”.

  “Sabemos también que a veces el diálogo interreligioso no es fácil, o incluso inviable por diversas razones. Esto no significa un fracaso. Las formas de diálogo interreligioso son múltiples. La cooperación en el ámbito social o cultural pueden ayudar a las personas a comprenderse mejor a sí mismas y a vivir juntos con serenidad. También es bueno saber que no se dialoga por debilidad, sino porque se cree en Dios. El diálogo es una forma más de amar a Dios y al prójimo, sin renunciar a lo que se es”.

Promover una pedagogía del diálogo

  “Tener esperanza no es ser ingenuo, sino hacer un acto de fe en un futuro mejor. La Iglesia Católica pone así en práctica una de las intuiciones del Concilio Vaticano II, la promoción de las relaciones amistosas entre ella y los miembros de religiones no cristianas (...) Saludo a todos los líderes religiosos que han tenido la amabilidad de venir aquí para encontrarme. Deseo asegurarles, así como a los de otros países africanos, que el diálogo ofrecido por la Iglesia Católica nace del corazón. Les animo a promover, especialmente entre los jóvenes, una pedagogía del diálogo, de modo que descubran que la conciencia de cada uno es un santuario que se ha de respetar, y que la dimensión espiritual construye la hermandad”.

  “Por último, quisiera utilizar la imagen de la mano. Esta compuesta por cinco dedos muy diferentes entre sí. Sin embargo, cada uno de ellos es esencial y su unidad forma la mano. El buen entendimiento entre las culturas, la consideración no altiva de unos hacia otros y el respeto de los derechos de cada uno, son un deber vital. Se ha de enseñar esto a todos los fieles de las diversas religiones. El odio es un fracaso, la indiferencia un callejón sin salida y el diálogo una apertura. ¿No es ese el buen terreno donde sembrar la simiente de la esperanza? Tender la mano significa esperar a llegar, en un segundo momento, a amar (...) Junto con el corazón y la mente, también la mano puede hacerse un instrumento de diálogo. Puede hacer florecer la esperanza, sobre todo cuando la mente balbucea y el corazón recela”.

  “Tener miedo, dudar y temer, acomodarse en el presente sin Dios, y también el no tener nada que esperar, son actitudes ajenas a la fe cristiana y también, creo yo, a cualquier otra creencia en Dios (...) Siguiendo los pasos de Pedro, del que soy sucesor, deseo que vuestra fe y vuestra esperanza estén puestas en Dios Estos son los votos que formulo para toda África, que me es tan querida. ¡Ten confianza, África, y levántate. El Señor te llama!”

   Finalizado su discurso, el Papa sostuvo un breve coloquio con el  Presidente de la República en su estudio privado en el transcurso del cual tuvo lugar un intercambio de regalos. Asimismo, Benedicto XVI firmó en el Libro de Oro y saludó a los familiares de Thomas Yayi Boni.
PV-BENIN/        VIS 20111119 (1400)

AFRICA, RESERVA DE VITALIDAD PARA EL FUTURO


CIUDAD DEL VATICANO, 18 NOV 2011 (VIS).-Durante el vuelo hacia Benín, el Santo Padre respondió a las preguntas que realizó el P. Federico Lombardi, S.I., director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, en nombre del medio centenar de periodistas presentes en el avión.

  En cuanto a la razón por la que se ha escogido Benín para lanzar el mensaje de la Exhortación Postsinodal “Africae Munus”, dirigido a toda África, Benedicto XVI explicó que “existen diversos motivos. El primero es que Benín es un país que vive en paz. Las instituciones democráticas funcionan, están realizadas con espíritu de libertad y responsabilidad, y por tanto la justicia y el trabajo para el bien común son posibles y están garantizados. (...) La segunda razón es que, como en la mayor parte de los países africanos, se da una presencia de diversas religiones que conviven pacíficamente. Hay cristianos, musulmanes y religiones tradicionales, y todos ellos viven en el respeto recíproco y en la responsabilidad común por la paz, por la reconciliación interna y externa. El diálogo interreligioso como factor de paz y libertad es un aspecto importante, también en la Exhortación apostólica postsinodal”.

  “Por último, Benín es la nación de mi querido amigo el cardenal Bernardin Gantin, y he deseado siempre poder rezar un día en su tumba. Fue verdaderamente un buen amigo mío y un gran representante del África católica y del África humana y civil”.

  Otra pregunta trasladada por el P. Lombardi hizo referencia al creciente éxito en África de las iglesias evangélicas o pentecostales, “que proponen una fe atrayente, una gran simplificación del mensaje cristiano, insisten en las curaciones y mezclan sus cultos con los tradicionales”; y la respuesta que puede dar la Iglesia católica a este desafío. El Papa señaló que se trata de un fenómeno presente en todos los continentes, especialmente en América Latina y África; estas comunidades se caracterizan por sus pocas instituciones, un mensaje fácil, simple y comprensible, y “la liturgia participativa, con expresión de los propios sentimientos, de la propia cultura y combinaciones sincretistas entre religiones. Todo ello por una parte garantiza el éxito, pero por otra implica poca estabilidad. Sabemos que muchos regresan a la Iglesia católica, o pasan de una comunidad a otra”.

  “No debemos imitar estas comunidades -continuó el Pontífice-, sino preguntarnos qué podemos hacer nosotros para dar nueva vitalidad a la fe católica. Un primer punto es, sin duda, un mensaje simple, profundo y comprensible; es importante que el cristianismo no aparezca como un sistema difícil, europeo (...) sino como un mensaje universal de que Dios existe, nos conoce y nos ama, y que la religión produce colaboración y fraternidad”.

  “Luego, es también importante que la institución no sea demasiado pesada, que prevalezca la iniciativa de la comunidad y de la persona. Y mencionaría asimismo una liturgia participativa pero no sentimental: no debe basarse solo en la expresión de los sentimientos, sino que ha de estar caracterizada por la presencia del misterio en el que entramos, por el que nos dejamos formar. Por último, diría que es muy importante no perder universalidad en la enculturación. Yo preferiría hablar de interculturalidad más que de enculturación, es decir, de un encuentro de las culturas en la verdad común de nuestro ser humano en nuestro tiempo, para así crecer en la fraternidad universal. No hay que perder la catolicidad: que en todo el mundo somos hermanos, somos una familia que se conoce y que colabora con espíritu de fraternidad”.

  La tercera pregunta tuvo por objeto el mensaje y la aportación específica de la Iglesia a la construcción de una paz duradera en el continente africano a la luz de las diversas iniciativas de “peacekeeping” y de reconstrucción nacional en varias naciones africanas.

   “Es verdad que ha habido muchas conferencias internacionales para África, para la  fraternidad universal -dijo el Papa-. Gracias a ellas se han dicho y a veces se han hecho cosas realmente buenas. Pero, indudablemente, las palabras y las intenciones son más grandes que la puesta en práctica de las mismas, y tendríamos que preguntarnos el porqué. Creo que un factor clave es que esa renovación y esa fraternidad universal requieren renuncias y superación del egoísmo; algo fácil de decir pero difícil de lograr. (...) Sólo con el amor y el conocimiento de un Dios que nos ama, que nos da, nos atrevemos a perder la vida, a dar, porque sabemos que así es como se gana”.

  A continuación, el Santo Padre explicó por qué cree que África puede aportar fe y esperanza al resto del mundo. “La humanidad -dijo- está en un proceso de transformación cada vez más rápido, y en África sucede lo mismo.  En estos últimos 50-60 años, ese proceso ha sido difícil para África, partiendo de la independencia y pasando por el colonialismo hasta llegar a nuestros días. Los problemas que todo ello ha originado no se han superado todavía. (...)  Sin embargo, la frescura del sí a la vida que hay en África (...), su entusiasmo y su esperanza demuestran que hay una reserva humana,  que el sentido religioso y la esperanza todavía son frescos. Yo diría que existe un humanismo fresco en el alma joven de África. A pesar de todos los problemas que hay y que habrá,  el continente es una reserva de vida y de vitalidad para el futuro sobre la que podemos contar”.
PV-BENIN/        VIS 20111119 (920)

viernes, 18 de noviembre de 2011

Visita a la Catedral de Cotonou

Señores Cardenales,
Señor Arzobispo y queridos hermanos en el Episcopado,
Señor Rector de la catedral,
Queridos hermanos y hermanas

El antiguo himno del Te Deum que acabamos de cantar, expresa nuestra alabanza a Dios tres veces santo, que nos reúne en esta hermosa catedral de Nuestra Señora de la Misericordia. Rendimos homenaje con reconocimiento a los arzobispos precedentes que aquí reposan: Monseñor Christophe Adimou y Monseñor Isidore de Sousa. Fueron valerosos trabajadores en la viña del Señor, y su recuerdo sigue vivo en el corazón de los católicos y de numerosos Benineses. Estos dos prelados, cada uno a su manera, fueron pastores llenos de celo y caridad. Se entregaron sin reservas al servicio del Evangelio y del Pueblo de Dios, especialmente de los más desvalidos. Todos ustedes saben que Monseñor de Sousa era un amigo de la verdad y que desempeñó un papel determinante en la transición a la democracia de vuestro país.
Mientras alabamos a Dios por las maravillas con las que sigue colmando a la humanidad, les invito a meditar por un momento en su infinita misericordia. Esta catedral se presta providencialmente a ello. La historia de la salvación, que culmina en la encarnación de Jesús y tiene su pleno cumplimiento en el misterio pascual, es una revelación conmovedora de la misericordia de Dios. En el Hijo se hace visible el «Padre de las misericordias» (2 Co 1,3) que, siempre fiel a su paternidad, «es capaz de inclinarse hacia todo hijo pródigo, toda miseria humana y singularmente hacia toda miseria moral o pecado» (Juan Pablo II,
Dives in misericordia, 6). La misericordia divina no consiste sólo en la remisión de nuestros pecados; consiste también en que Dios, nuestro Padre, a veces con dolor, tristeza o miedo por nuestra parte, nos devuelve al camino de la verdad y de la luz, porque no quiere que nos perdamos (cf. Mt 18,14; Jn 3,16). Esta doble manifestación de la misericordia de Dios muestra lo fiel que es Dios a la alianza sellada con todo cristiano en el bautismo. Al releer la historia personal de cada uno y la de la evangelización de nuestros países, podemos decir con el salmista: «Cantaré eternamente las misericordias del Señor» (Sal 88,2).
La Virgen María experimentó el misterio del amor divino en su más alto grado: «Su misericordia llega a sus fieles de generación en generación» (Lc 1,50), exclama en su Magnificat. Por su «sí» a la llamada de Dios, ha contribuido a la manifestación del amor divino entre los hombres. En este sentido, ella es Madre de la Misericordia por su participación en la misión de su Hijo; y ha recibido el privilegio de socorrernos siempre y en todo lugar. «Por su múltiple intercesión, continúa alcanzándonos los dones de la eterna salvación. Por su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo que peregrinan y se debaten entre peligros y angustias, y luchan contra el pecado hasta que sean llevados a la patria feliz» (Lumen gentium, 62). Bajo el amparo de su misericordia, sanan los corazones quebrantados, se vencen las acechanzas del Maligno y los enemigos se reconcilian. En María, no sólo tenemos un modelo de perfección, sino también una ayuda para lograr la comunión con Dios y con nuestros hermanos y hermanas. La Madre de la Misericordia es una guía segura para los discípulos de su Hijo, que quieren servir a la justicia, la reconciliación y la paz. Ella nos indica con sencillez y corazón de madre la única Luz y la única Verdad: su Hijo, Jesucristo, que lleva a la humanidad hacia su plena realización en el Padre. No tengamos miedo de invocar confiadamente a aquella que no cesa de dispensar a sus hijos las gracias divinas:
Madre de la Misericordia,
Salve, Madre del Redentor;
Dios te salve, Virgen gloriosa;
Salve, Reina nuestra.
Reina de la Esperanza,
muéstranos el rostro de tu divino Hijo;
guíanos por el camino de la santidad;
danos la alegría de los que saben decir «sí» a Dios.
Reina de la paz,
colma las más nobles aspiraciones de los jóvenes de África;
sacia los corazones sedientos de justicia, paz y reconciliación;
corona las esperanzas de los niños que sufren el hambre y la guerra.
Reina de la justicia,
alcánzanos el amor filial y fraterno;
haz que seamos amigos de los pobres y pequeños;
consigue para los pueblos de la tierra el espíritu de hermandad.
Nuestra Señora de África,
implora a tu divino Hijo la curación de los enfermos,
el consuelo de los afligidos,
el perdón de los pecadores.
Intercede por África ante tu Hijo,
y consigue para toda la humanidad la salvación y la paz.
Amén

Palabras del Papa Benedicto XVI en la Ceremonia de Bienvenida en el Aeropuerto Internacional “Cardenal Bernardin Gantin” de Cotonou – Benin


Señor Presidente de la República,
Señores Cardenales,
Señor Presidente de la Conferencia Episcopal de Benin,
Autoridades civiles, eclesiásticas y religiosas,
Queridos amigos

Le agradezco, Señor Presidente, sus cálidas palabras de bienvenida. Usted sabe el afecto que siento por su continente y su país. Quería volver a África, y son tres los motivos que me han inducido a emprender este viaje apostólico. En primer lugar, Señor Presidente, su amable invitación a visitar el país. Una iniciativa que ha ido a la par con la de la Conferencia Episcopal de Benin. Son iniciativas felices, pues se enmarcan en el año en que Benín celebra el 40 aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas con la Santa Sede y el 150 aniversario de su evangelización. Al estar entre ustedes, tendré ocasión de participar en numerosos encuentros. Me alegro por ello. Todos serán diferentes y culminarán en la Eucaristía que celebraré antes de despedirme.
También se cumple mi deseo de entregar en suelo africano la Exhortación apostólica postsinodal Africae munus. Sus reflexiones guiarán la acción pastoral de numerosas comunidades cristianas en los próximos años. Este documento podrá germinar, crecer y dar fruto, produciendo «el ciento o sesenta o treinta por uno», como dijo Jesucristo (Mt 13,23).
Hay, en fin, un tercer motivo más personal o de sentimiento. Siempre he tenido en alta estima a un hijo de este país, el cardenal Bernardin Gantin. Los dos hemos trabajado durante muchos años, cada uno según sus propias competencias, al servicio de la misma viña. Hemos ayudado lo mejor posible a mi Predecesor, el beato Juan Pablo II, a ejercer su ministerio petrino. Tuvimos ocasión de encontrarnos muchas veces, de conversar en profundidad y de orar juntos. El cardenal Gantin se había ganado el respeto y el afecto de muchos. Por eso me ha parecido justo venir a su país natal, para rezar ante su tumba y para agradecer a Benin el haber dado a la Iglesia a este hijo eminente.
Benin es un país de antiguas y nobles tradiciones. Su historia es reconocida. Quisiera aprovechar esta oportunidad para saludar a los jefes tradicionales. Su contribución es importante para construir el futuro de este país. Quiero animarlos a contribuir con su sabiduría y comprensión de las costumbres a la delicada transición que se está produciendo actualmente de la tradición a la modernidad.
No se ha de temer a la modernidad, pero tampoco se puede construir olvidando el pasado. Debe ir acompañada de la prudencia para el bien de todos, evitando los escollos que hay en África, lo mismo que en otras partes, como la sumisión incondicional a las fuerzas del mercado o las finanzas, el nacionalismo o tribalismo exacerbado y estéril, que puede llegar a ser funesto, la politización extrema de las tensiones interreligiosas en detrimento del bien común o, finalmente, la erosión de los valores humanos, culturales, éticos y religiosos. La transición a la modernidad debe estar guiada por criterios seguros basados en las virtudes reconocidas, como las citadas en vuestro lema nacional, pero también aquellas enraizadas en la dignidad, la grandeza de la familia y el respeto de la vida. Todos estos valores son para el bien común, el único que debe primar, y el único que debe ser la mayor preocupación de todo sujeto responsable. Dios confía en el hombre y desea su bien. Nos atañe a nosotros corresponder con una honestidad y justicia que esté a la altura de su confianza.
La Iglesia, por su parte, ofrece su contribución específica. Con su presencia, su oración y sus diversas obras de misericordia, especialmente en el campo de la educación y la sanidad, desea dar lo mejor que tiene. Desea mostrarse cercana de quien está en necesidad, de quien busca a Dios. Quiere hacer comprender que Dios no está ausente, ni es inútil, como se trata de hacer creer, sino que es amigo del hombre. Señor Presidente, vengo a vuestro país con este espíritu de amistad y hermandad.
(En fon)¡Dios bendiga a Benin!

jueves, 30 de julio de 2009

PRESENTADO EL LOGO DE LA JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 2011 MADRID


Hoy el Arzobispado de Madrid ha presentado el logo oficial que
representará las Jornadas Mundiales de la Juventud 2011.

En la primera rueda de prensa oficial de las Jornadas Mundiales de la
Juventud (Madrid, 16 / 21 de agosto de 2011), se ha informado sobre la
marcha de los preparativos del evento, que cuenta con el apoyo completo
del gobierno de España, de la Comunidad de Madrid y del Ayuntamiento
de la capital.

Madrid, 30 de Julio de 2009
Esta mañana se ha hecho público el logo que representará la próxima Jornada Mundial de la
Juventud (en adelante, JMJ2011) se celebrará en Madrid del 16 al 21 de agosto de 2011. Su
autor es José Gil‐Nogués, diseñador gráfico que trabaja en Madrid y Oviedo.
Del logo D. Jose Gil‐Nogués, ha explicado:
Sobre el fondo: “son jóvenes de todo el mundo se unen para celebrar su fe junto al Papa, al
pie de la Cruz, y forman la corona de la Virgen de la Almudena, patrona de Madrid.
En la corona destaca la “M” de María, también inicial de Madrid, lugar del encuentro.
La Cruz, señal del cristiano, preside la cita del Papa con los jóvenes, que hacen visible con su
testimonio el tema de la JMJ: “arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe”.
“La marca para la Jornada Mundial de la Juventud es, en sí misma, una catequesis, una
oportunidad de evangelización: el camino rápido y seguro para llegar a Cristo es la Virgen
María, Madre de Dios y de los hombres. Los jóvenes tienen, en la fe de María, el ejemplo y el
modelo para llegar a Cristo y cumplir la finalidad prioritaria de la JMJ: dar a conocer al mundo
su mensaje”.
Sobre la forma: “El símbolo posee un trazo espontáneo y firme, como la juventud del siglo XXI.
Es cercano, afable, abierto. Alegre, desenfadado y positivo”.
Sobre el color: “El uso de una paleta de colores cálidos (rojo, naranja y amarillo) transmite una
calidez y un calor inconfundibles, señas de identidad de una ciudad como Madrid, de un país
como España. Estos colores son reflejo también de la “calidez divina”, del Amor trinitario”.
Sobre la tipografía: “Para la creación del logotipo (JMJ2011 MADRID) se ha empleado la
tipografía Klavika, diseñada por Eric Olson en 2004. Se trata de una tipografía moderna y
sobria, con una extensa familia y con alta legibilidad en todo tipo de soportes sean impresos o
electrónicos”.
D. César Franco ha explicado que “La JMJ Madrid 2011 cuenta con el apoyo completo del
gobierno de España, de la Comunidad de Madrid y del Ayuntamiento de la capital, que han
ofrecido la colaboración pública para este evento, que atraerá a Madrid y a España a muchos
jóvenes de todo el mundo”. Se prevé una participación entre millón y medio y dos millones de
personas, entre 18 y 29 años, de casi todos los países del planeta.
Santiago de la Cierva, director de comunicación de la JMJ, ha señalado que la base para la
organización y la comunicación será la página web y las redes sociales, que son el mejor
camino para llegar a los jóvenes.