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domingo, 21 de julio de 2013
Descarga el MIsal para el Viaje Apostólico del Santo Padre Francisco a Brasil para la Jornada Mundial de la Juventud
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martes, 13 de marzo de 2012
Visita Papal En León
Video del Gobierno de Guanajuato sobre la Visita del Papa Benedicto XVI a México
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martes, 3 de enero de 2012
PROGRAMA DEL VIAJE DEL PAPA A MÉXICO Y CUBA (23-28 MARZO 2012)
CIUDAD DEL VATICANO, 3 ENE 2012 (VIS).-Las Conferencias Episcopales de México y Cuba hicieron públicas ayer sendas notas de prensa en las que dan a conocer el programa de la próxima visita del Papa Benedicto XVI a sus países, del 23 al 28 de marzo de 2012.El Santo Padre anunció su deseo de emprender un viaje apostólico por tierras mexicanas y cubanas durante la celebración en honor a Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de América Latina, que tuvo lugar el pasado 12 de diciembre en la Basílica de San Pedro.
La nota de la Conferencia Episcopal de México señala que el Papa llegará al aeropuerto de León (Estado de Guanajuato) la tarde del viernes 23 de marzo. Será recibido por el presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Felipe Calderón Hinojosa, por miembros de la Conferencia Episcopal y por el arzobispo de León, José Guadalupe Martín. Durante su estancia, se hospedará en la residencia de las religiosas del Colegio Miraflores de León.
El sábado 24, el Pontífice se trasladará a la Casa del Conde Rul -en la ciudad de Guanajuato-, sede de la Representación del Gobierno del Estado, para mantener un encuentro oficial con el presidente Calderón. Seguidamente, saludará y bendecirá a los niños y fieles que se reunirán en la Plaza de la Paz.
El domingo 25 por la mañana, Benedicto XVI presidirá la Santa Misa en el Parque Bicentenario del municipio de Silao, al pie del Cerro del Cubilete, cuya cima está coronada por una estatua de Cristo Rey. A continuación, se encontrará con representantes de los fieles de las 91 diócesis de México. Por la tarde, el Santo Padre rezará las Vísperas en la Catedral de León junto a los obispos mexicanos y representantes de los demás episcopados de América Latina y del Caribe, a quienes dirigirá un mensaje.
El 26 de marzo por la mañana, el Papa se trasladará al aeropuerto de León y, tras la despedida oficial de las autoridades civiles y religiosas, partirá hacia Cuba.Durante la mañana del martes 27, Benedicto XVI realizará una visita privada al santuario de la Virgen de la Caridad, para orar ante la imagen de la patrona de Cuba. Luego partirá desde el aeropuerto de Santiago para viajar a La Habana, adonde llegará hacia el mediodía; será acogido por el arzobispo de la capital, cardenal Jaime Ortega Alamino, y otras autoridades religiosas y civiles. Por la tarde, el Pontífice mantendrá un encuentro oficial con el presidente Castro; y se reunirá con todos los obispos cubanos en la Nunciatura Apostólica.
En las horas de la mañana del miércoles 28, el Papa presidirá la Santa Misa en la Plaza de la Revolución "José Martí". A primera hora de la tarde, se trasladará en automóvil panorámico al aeropuerto de La Habana desde donde, después de la despedida oficial, emprenderá el viaje de regreso a Roma.
PV-MEXICO:CUBA/ VIS 20120103 (580)
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sábado, 19 de noviembre de 2011
Texto integro de la Exhortación Apostólica "Africae Munus"
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IDEAS CLAVES Y OPERATIVAS DE “AFRICAE MUNUS”
CIUDAD DEL VATICANO, 19 NOV 2011 (VIS).-Ofrecemos a continuación un resumen de los puntos centrales de la Exhortación Apostólica Post-sinodalAfricae Munus, presentada por el arzobispo Nicola Eterović, Secretario General del Sínodo de los Obispos.
La exhortación se compone de dos partes. En la primera parte (nn. 14-96), se disciernen las estructuras base de la misión eclesial en el continente que aspira a la reconciliación, la justicia y la paz, y que tiene como fuente, la persona de Jesucristo. Escuchándole, los cristianos están invitados a dejarse reconciliar con Dios (cf. 2 Cor 5, 20b), a ser justos para construir un orden social justo, de acuerdo con la lógica de las Bienaventuranzas, comprometiéndose en el servicio fraterno por amor a la verdad, fuente de la paz. Por lo tanto, también se indican los campos para la reconciliación, la justicia y la paz, como una verdadera conversión, la celebración del Sacramento de la Reconciliación, una espiritualidad de comunión, la enculturación del Evangelio, la protección de la vida, los migrantes, los prófugos y los refugiados, el buen gobierno de los Estados, el diálogo ecuménico e interreligioso, especialmente con las religiones tradicionales y el Islam. En la segunda parte (nn. 97-177), todos los miembros de la Iglesia son invitados a contribuir a la paz y a la comunión en la Iglesia y en la sociedad. También se muestran las áreas de apostolado: la Iglesia como presencia activa y eficaz de Jesucristo; el mundo de la educación, de la salud y los medios de comunicación. La exhortación abre los horizontes de la esperanza a África que, acogiendo a Jesucristo debe emanciparse de las fuerzas que la paralizan.
“Africae Munus” se encuentra en continuidad con Ecclesia in Africa, fruto de la I Asamblea Especial para África, que dio un gran impulso al crecimiento de la Iglesia en África, desarrollando, entre otras cosas, la idea de Iglesia Familia de Dios, para el beneficio de la Iglesia universal. “Africae Munus” quiere reforzar ese dinamismo eclesial, indicando el programa de la actividad pastoral en las próximas décadas de la evangelización del gran continente africano, haciendo hincapié en la urgente necesidad de la reconciliación, la justicia y la paz.
La Iglesia, sacramento de la unión con Dios y con los hombres, debe ser el lugar de la reconciliación, don de Dios, para ser un instrumento eficaz de la justicia y la paz de toda la sociedad. La reconciliación proviene del misterio de Jesucristo resucitado, presente en su Iglesia a través de la Palabra de Dios y los Sacramentos, especialmente la Reconciliación y la Eucaristía. En la gracia del Espíritu, la Eucaristía establece una nueva hermandad que trasciende idiomas, culturas, grupos étnicos, divisiones, tribalismo, racismo y etnocentrismo. En su obra de evangelización y educación en la fe cristiana, la Iglesia debe poner el acento en una catequesis vivida que conduzca a una conversión profunda y a un compromiso efectivo de vivir el Evangelio a nivel personal familiar y social. Para apoyar la promoción humana, es de gran ayuda la Doctrina Social de la Iglesia.
“Africae Munus” ofrece a la Iglesia en África guías prácticas para la actividad pastoral en las próximas décadas.
- Sigue siendo urgente la evangelización ad gentes en África, el anuncio del Evangelio a quienes todavía no conocen a Jesucristo. Es la prioridad pastoral que involucra a todos los cristianos de África.
- También se debe animar, cada vez mejor, la evangelización ordinaria en las respectivas Iglesias particulares, comprometiéndose en promover la reconciliación, la justicia y la paz.
- Urge también trabajar por la nueva evangelización en África, especialmente de aquellos que se han apartado de la iglesia o no siguen la conducta cristiana. Los cristianos africanos, en particular el clero y los miembros de la vida consagrada, están llamados a apoyar la nueva evangelización también en los países secularizados. Se trata de un intercambio de dones, dado que misioneros africanos ya actúan en los países de los cuales vinieron los misioneros a anunciar la Buena Nueva en África.
Entre las diversas propuestas operativas de “Africae Munus” hay que señalar:
- Los santos, personas reconciliadas con Dios y con el prójimo, son los artífices ejemplares de la justicia y los apóstoles de la paz. La Iglesia -cuyos miembros están llamados a la santidad- debe encontrar un nuevo fervor, propio de los numerosos santos y mártires, confesores y vírgenes del continente africano, cuyo culto es necesario renovar y promover (véase AM 113).
- Para tener más ejemplos actuales y, además, nuevos intercesores en el cielo, se insta a los pastores de las Iglesias particulares a “identificar aquellos siervos africanos del Evangelio que pueden ser canonizados según las normas de la Iglesia” (AM 114).
- Asimismo, se deben fortalecer ulteriormente los vínculos de comunión entre el Santo Padre y los Obispos de África, así como entre los obispos del continente a nivel nacional, regional y continental.
- Se espera que “los Obispos se comprometan ante todo a promover y sostener efectiva y afectivamente el Simposium de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECEAM) como una estructura continental de solidaridad y comunión eclesial.” (AM 107).
- Para profundizar en el misterio de la Eucaristía y para aumentar la devoción a la Eucaristía, se respalda la propuesta de los Padres sinodales para celebrar un Congreso Eucarístico Continental (ver AM 153).
- Se anima a la celebración anual en distintos países africanos de “un día o una semana de reconciliación, particularmente durante el Adviento o la Cuaresma”. (AM 157).
- De acuerdo con la Santa Sede, el SECEAM podría contribuir al lanzamiento de un “Año de la reconciliación de alcance continental, para pedir a Dios un perdón especial por todos los males y ofensas que los seres humanos se han infligido en África unos a otros, y para que se reconcilien las personas y los grupos que han sido heridos en la Iglesia y en el conjunto de la sociedad” (AM 157).
La Iglesia en África, grata por el don de la fe en el Dios Uno y Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, se compromete con renovado impulso en la evangelización y en la promoción humana, para que todo el continente se transforme en un vasto campo de reconciliación, de justicia y de paz. De esta manera, la Iglesia contribuye a forjar a la nueva África, llamada a ser cada vez más "pulmón espiritual" de la humanidad.
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SIN LA LÓGICA DE LA SANTIDAD, EL SACERDOCIO ES UNA SIMPLE FUNCIÓN SOCIAL
CIUDAD DEL VATICANO, 19 NOV 2011 (VIS).-Hacia las 11 de la mañana, el Santo Padre llegó al seminario de San Galo, en Ouidah, donde visitó las tumbas del cardenal Bernardin Gantin, primer africano jefe de un dicasterio de la Curia romana; y de su maestro Mons. Louis Parisot, S.M.A., primer arzobispo de Cotonou y vicario apostólico de Dahomey y Ouidah.
En el patio del antiguo seminario, centenares de sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y laicos esperaban a Benedicto XVI. El Papa expresó su alegría por encontrarse de nuevo con ellos, así como su gratitud por la labor pastoral que realizan, a menudo en condiciones difíciles.
Refiriéndose a la Exhortación apostólica postsinodal “Africae munus”, el Pontífice recordó que en ella se abordan los temas de la paz, la justicia y la reconciliación, y afirmó: “Estos tres valores se imponen como un ideal evangélico fundamental en la vida bautismal, y requieren una sana aceptación de vuestra identidad de sacerdotes, consagrados y fieles laicos”.
A los sacerdotes dijo que “la responsabilidad de promover la paz, la justicia y la reconciliación, os incumbe de una manera muy particular. En efecto, por la sagrada ordenación que recibisteis, y por los sacramentos que celebráis, estáis llamados a ser hombres de comunión. (...) Os animo a dejar trasparentar a Cristo en vuestra vida mediante una auténtica comunión con el obispo, una bondad real hacia vuestros hermanos, una profunda solicitud por cada bautizado y una gran atención hacia cada persona. Dejándoos modelar por Cristo, no cambiéis jamás la belleza de vuestro ser sacerdotes por realidades efímeras, a veces malsanas, que la mentalidad contemporánea intenta imponer a todas las culturas”.
En sus palabras a los religiosos, destacó que “la vida consagrada es un seguimiento radical de Jesús. Que vuestra opción incondicional por Cristo os conduzca a un amor sin fronteras por el prójimo. (...) Pobreza, obediencia y castidad aumenten en vosotros la sed de Dios y el hambre de su Palabra, que, al crecer, se convierte en hambre y sed para servir al prójimo hambriento de justicia, paz y reconciliación”.
Benedicto XVI advirtió a los seminaristas: “Sin la lógica de la santidad, el ministerio no es más que una simple función social. (...) Ante los retos de la existencia humana, el sacerdote de hoy como el de mañana -si quiere ser testigo creíble al servicio de la paz, la justicia y la reconciliación- debe ser un hombre humilde y equilibrado, prudente y magnánimo”.
Los fieles laicos, también están llamados a ser “sal de la tierra y luz del mundo” en medio de la realidad cotidiana, contribuyendo a la paz, la justicia y la reconciliación. Esta tarea requiere, en primer lugar, “fe en la familia construida según el designio de Dios, y una fidelidad a la esencia misma del matrimonio cristiano. (...) Gracias a la fuerza de la oración, ‘se transforma y se mejora gradualmente la vida personal y familiar, se enriquece el diálogo, se transmite la fe a los hijos, se acrecienta el gusto de estar juntos y el hogar se une y consolida más’ (...) Haciendo reinar en vuestras familias el amor y el perdón, contribuís a la edificación de una Iglesia fuerte y hermosa, y a que haya más justicia y paz en toda la sociedad”.
Los catequistas, “valientes misioneros en el corazón de las realidades más humildes”, han de ofrecer “con esperanza y determinación indefectibles, su ayuda singular y del todo necesaria para la propagación de la fe en fidelidad a las enseñanzas de la Iglesia”.
Para terminar, el Pontífice subrayó que “el amor por el Dios revelado y por su Palabra, el amor por los sacramentos y por la Iglesia, son un antídoto eficaz contra los sincretismos que extravían. Este amor favorece una justa integración de los valores auténticos de las culturas en la fe cristiana. Libera del ocultismo y vence los espíritus maléficos, porque se mueve por la potencia misma de la Santa Trinidad. Vivido profundamente, este amor es también un fermento de comunión que rompe todas las barreras, favoreciendo así la edificación de una Iglesia en la que no haya segregación entre los bautizados, pues todos son uno en Cristo Jesús”.
Tras la oración final, Benedicto XVI se trasladó a la basílica de la Inmaculada Concepción de Ouidah para firmar la Exhortación apostólica postsinodal “Africae munus”.
PV-BENIN/ VIS 20111119 (730)
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viernes, 18 de noviembre de 2011
Palabras del Papa Benedicto XVI en la Ceremonia de Bienvenida en el Aeropuerto Internacional “Cardenal Bernardin Gantin” de Cotonou – Benin
Señor Presidente de la República,
Señores Cardenales,
Señor Presidente de la Conferencia Episcopal de Benin,
Autoridades civiles, eclesiásticas y religiosas,
Señores Cardenales,
Señor Presidente de la Conferencia Episcopal de Benin,
Autoridades civiles, eclesiásticas y religiosas,
Queridos amigos
Le agradezco, Señor Presidente, sus cálidas palabras de bienvenida. Usted sabe el afecto que siento por su continente y su país. Quería volver a África, y son tres los motivos que me han inducido a emprender este viaje apostólico. En primer lugar, Señor Presidente, su amable invitación a visitar el país. Una iniciativa que ha ido a la par con la de la Conferencia Episcopal de Benin. Son iniciativas felices, pues se enmarcan en el año en que Benín celebra el 40 aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas con la Santa Sede y el 150 aniversario de su evangelización. Al estar entre ustedes, tendré ocasión de participar en numerosos encuentros. Me alegro por ello. Todos serán diferentes y culminarán en la Eucaristía que celebraré antes de despedirme.
También se cumple mi deseo de entregar en suelo africano la Exhortación apostólica postsinodal Africae munus. Sus reflexiones guiarán la acción pastoral de numerosas comunidades cristianas en los próximos años. Este documento podrá germinar, crecer y dar fruto, produciendo «el ciento o sesenta o treinta por uno», como dijo Jesucristo (Mt 13,23).
Hay, en fin, un tercer motivo más personal o de sentimiento. Siempre he tenido en alta estima a un hijo de este país, el cardenal Bernardin Gantin. Los dos hemos trabajado durante muchos años, cada uno según sus propias competencias, al servicio de la misma viña. Hemos ayudado lo mejor posible a mi Predecesor, el beato Juan Pablo II, a ejercer su ministerio petrino. Tuvimos ocasión de encontrarnos muchas veces, de conversar en profundidad y de orar juntos. El cardenal Gantin se había ganado el respeto y el afecto de muchos. Por eso me ha parecido justo venir a su país natal, para rezar ante su tumba y para agradecer a Benin el haber dado a la Iglesia a este hijo eminente.
Benin es un país de antiguas y nobles tradiciones. Su historia es reconocida. Quisiera aprovechar esta oportunidad para saludar a los jefes tradicionales. Su contribución es importante para construir el futuro de este país. Quiero animarlos a contribuir con su sabiduría y comprensión de las costumbres a la delicada transición que se está produciendo actualmente de la tradición a la modernidad.
No se ha de temer a la modernidad, pero tampoco se puede construir olvidando el pasado. Debe ir acompañada de la prudencia para el bien de todos, evitando los escollos que hay en África, lo mismo que en otras partes, como la sumisión incondicional a las fuerzas del mercado o las finanzas, el nacionalismo o tribalismo exacerbado y estéril, que puede llegar a ser funesto, la politización extrema de las tensiones interreligiosas en detrimento del bien común o, finalmente, la erosión de los valores humanos, culturales, éticos y religiosos. La transición a la modernidad debe estar guiada por criterios seguros basados en las virtudes reconocidas, como las citadas en vuestro lema nacional, pero también aquellas enraizadas en la dignidad, la grandeza de la familia y el respeto de la vida. Todos estos valores son para el bien común, el único que debe primar, y el único que debe ser la mayor preocupación de todo sujeto responsable. Dios confía en el hombre y desea su bien. Nos atañe a nosotros corresponder con una honestidad y justicia que esté a la altura de su confianza.
La Iglesia, por su parte, ofrece su contribución específica. Con su presencia, su oración y sus diversas obras de misericordia, especialmente en el campo de la educación y la sanidad, desea dar lo mejor que tiene. Desea mostrarse cercana de quien está en necesidad, de quien busca a Dios. Quiere hacer comprender que Dios no está ausente, ni es inútil, como se trata de hacer creer, sino que es amigo del hombre. Señor Presidente, vengo a vuestro país con este espíritu de amistad y hermandad.
(En fon)¡Dios bendiga a Benin!
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