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domingo, 25 de marzo de 2012

Palabras del Santo Padre Benedicto XVI en el rezo del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas

En el Evangelio de este domingo, Jesús habla del grano de trigo que cae en tierra, muere y se multiplica, respondiendo a algunos griegos que se acercan al apóstol Felipe para pedirle: «Quisiéramos ver a Jesús» (Jn 12,21). Nosotros hoy invocamos a María Santísima y le suplicamos: «Muéstranos a Jesús».
Al rezar ahora el Angelus, recordando la Anunciación del Señor, nuestros ojos también se dirigen espiritualmente hacia el cerro del Tepeyac, al lugar donde la Madre de Dios, bajo el título de «la siempre virgen santa María de Guadalupe», es honrada con fervor desde hace siglos, como signo de reconciliación y de la infinita bondad de Dios para con el mundo.
Mis Predecesores en la Cátedra de san Pedro la honraron con títulos tan entrañables como Señora de México, celestial Patrona de Latinoamérica, Madre y Emperatriz de este Continente. Sus fieles hijos, a su vez, que experimentan sus auxilios, la invocan llenos de confianza con nombres tan afectuosos y familiares como Rosa de México, Señora del Cielo, Virgen Morena, Madre del Tepeyac, Noble Indita.
Queridos hermanos, no olviden que la verdadera devoción a la Virgen María nos acerca siempre a Jesús, y «no consiste ni en un estéril y transitorio sentimentalismo, ni en una vana credulidad, sino que procede de la fe verdadera, que nos lleva a reconocer la excelencia de la Madre de Dios y nos inclina a un amor filial hacia nuestra Madre y a la imitación de sus virtudes» (Lumen gentium, 67). Amarla es comprometerse a escuchar a su Hijo, venerar a la Guadalupana es vivir según las palabras del fruto bendito de su vientre.
En estos momentos en que tantas familias se encuentran divididas o forzadas a la migración, cuando muchas padecen a causa de la pobreza, la corrupción, la violencia doméstica, el narcotráfico, la crisis de valores o la criminalidad, acudimos a María en busca de consuelo, fortaleza y esperanza. Es la Madre del verdadero Dios, que invita a estar con la fe y la caridad bajo su sombra, para superar así todo mal e instaurar una sociedad más justa y solidaria.

Con estos sentimientos, deseo poner nuevamente bajo la dulce mirada de Nuestra Señora de Guadalupe a este País y a toda Latinoamérica y el Caribe. Confío a cada uno de sus hijos a la Estrella de la primera y de la nueva evangelización, que ha animado con su amor materno su historia cristiana, dando expresión propia a sus gestas patrias, a sus iniciativas comunitarias y sociales, a la vida familiar, a la devoción personal y a la Misión continental que ahora se está desarrollando en estas nobles tierras. En tiempos de prueba y dolor, ella ha sido invocada por tantos mártires que, a la voz de «viva Cristo Rey y María de Guadalupe», han dado testimonio inquebrantable de fidelidad al Evangelio y entrega a la Iglesia. Le suplico ahora que su presencia en esta querida Nación continúe llamando al respeto, defensa y promoción de la vida humana y al fomento de la fraternidad, evitando la inútil venganza y desterrando el odio que divide. Santa María de Guadalupe nos bendiga y nos alcance por su intercesión abundantes gracias del Cielo.

lunes, 22 de marzo de 2010

El Ángelus (Texto en Español y en Latín)


V. El Ángel del Señor anunció a María.
R. Y concibió por obra del Espíritu Santo.
Dios te salve, María... Santa María...

V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mí según tu palabra.
Dios te salve, María... Santa María...

V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros.
Dios te salve, María... Santa María...

V. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo.

Oremos:
Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el anuncio del Ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos, por su pasión y su cruz, a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.


ÁNGELUS DOMINI

V. Ángelus Dómini nuntiávit Maríae.
R. Et concépit de Spíritu Sancto.
Ave María.

V. Ecce ancílla Dómini.
R. Fiat mihi secúndum verbum tuum.
Ave María.

V. Et Verbum caro factum est.
R. Et habitávit in nobis.
Ave María.

V. Ora pro nobis, sancta Dei Génitrix.
R. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.

Orémus:
Grátiam tuam, quaésumus, Dómine, méntibus nostris infúnde: ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui Incarnatiónem cognóvimus, per Passiónem ejus et Crucem ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúmdem Christum Dóminum nostrum.
R. Amen

El Ángelus


El Ángelus, devoción de origen franciscano, que para el Diccionario de la Real Academia Española es «Oración en honor del misterio de la Encarnación», hace una síntesis admirable del mismo, de las personas que intervienen en tan gran acontecimiento y de la misión o actitud de cada una de ellas, con palabras tomadas del mismo Evangelio.

En su extremada brevedad, ofrece materia sólida a la vez que asequible para la meditación cotidiana del creyente. San Lucas refiere que el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. El ángel le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Luego añadió: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.» María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» El ángel le aclaró: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios.» Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Días después, María fue a casa de Zacarías y saludó a Isabel, la cual exclamó: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno» (cf. Lc 1,26ss). A modo de conclusión, San Juan añade en el prólogo de su Evangelio: «Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros» (Jn 1,14).

El toque y el rezo del Ángelus no existían en tiempo de San Francisco ni fue el Santo quien introdujo esta devoción en la Iglesia, aunque la espiritualidad y piedad que él practicaba y enseñaba era un terreno bien abonado para que florecieran prácticas piadosas como ésta; véanse, por ejemplo, sus Cartas a los Custodios (1CtaCus 8, y 2CtaCus 6) y su Carta a las Autoridades (CtaA 7), donde puede apreciarse un reflejo de la costumbre musulmana de convocar al pueblo a la oración mediante el pregón del muecín desde el alminar de las mezquitas, costumbre que Francisco observó en su viaje a Oriente. Por cuanto se sabe, fue Fr. Benito de Arezzo quien, hacia el año 1250, introdujo en el convento de Arezzo el Ángelus, haciendo cantar o recitar, a la caída de la tarde, la antífona El Ángel habló a María (Ángelus locutus est Mariae) mientras sonaban las campanas. El Capítulo general celebrado en Asís en 1269, y presidido por San Buenaventura, estableció que los hermanos exhortaran al pueblo a saludar a la Virgen con las palabras del Ángel cuando al atardecer sonara la campana de completas; posteriormente, ya en el siglo XIV, se introdujo el toque y el rezo del Ángelus por la mañana, y luego también al mediodía (cf. Waddingo, Annales Minorum, a. 1269, vol. IV, pág. 331; A. G. Little, en Archivum Franciscanum Historicum 7, 1914, p. 679 y nota 2, con la bibliografía allí citada).

Fuente del Artículo:franciscanos.org

domingo, 30 de agosto de 2009

De matrimonios santos florecen y maduran las vocaciones, dice el Papa


VATICANO, 30 Ago. 09 / 09:48 am (ACI)
Al presidir este mediodía (hora local) el rezo del Ángelus dominical, el Papa Benedicto XVI resaltó que cuando los esposos “se dedican generosamente a la educación de los hijos, guiándolos y orientándolos en el descubrimiento del plan de Amor de Dios, preparan el terreno fértil en donde florecen y maduren las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada”.

Ante miles de fieles reunidos en el Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, el Santo Padre recordó que el pasado 27 de agosto la Iglesia recordó la memoria de Santa Mónica, la Madre de San Agustín, quien “nunca dejó de rezar por él y por su conversión; y tuvo el consuelo de verlo retornar a la fe y recibir el bautismo. Dios escuchó las oraciones de esta madre santa, a la que el Obispo de Tagaste le había dicho: ‘es imposible que un hijo de tantas lágrimas se pierda’”.

En realidad, continuó el Papa, “San Agustín no solo se convirtió sino que decidió abrazar la vida monástica, y al volver a África, fundó una comunidad de monjes”. “Santa Mónica se había convertido, para su hijo, ‘más que en una madre, en la fuete de su cristianismo’. Su único deseo había sido durante años la conversión de Agustín, que ahora veía orientado a una vida de consagración al servicio de Dios”, añadió.

Tras relatar que esta Santa, Patrona de las Madres cristianas, en palabras de San Agustín, “lo había engendrado dos veces”, Benedicto XVI señaló que “la historia del cristianismo está repleta de innumerables ejemplos de padres santos y de auténticas familias cristianas, que han acompañado la vida de generosos sacerdotes y pastores de la Iglesia. Pensemos en los Santos Basilio Magno y Gregorio Nacianceno, ambos pertenecientes a familias de santos”.

Seguidamente el Santo Padre puso como ejemplo a los esposos Luigi Beltrame Quattrocchi y Maria Corsini, beatos del siglo XX, elevados a los altares por Juan Pablo II, al cumplirse 20 años de la exhortación apostólica Familiaris consortio.

“Este documento –prosiguió el Papa– además de ilustrar el valor del matrimonio y las tareas de la familia, solicita a los esposos un particular esfuerzo en el camino de santidad que, recibiendo la gracia y la fuerza del sacramento del matrimonio, los acompaña a lo largo de toda su existencia”.

Cuando los esposos “se dedican generosamente a la educación de los hijos, guiándolos y orientándolos en el descubrimiento del plan de Amor de Dios, preparan el terreno fértil en donde florecen y maduren las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Se revela así cuán íntimamente ligados están y como se iluminan el matrimonio y la virginidad, a partir de su común raíz en el amor esponsal de Cristo”.

Finalmente, en el marco de este Año Sacerdotal, el Papa Benedicto XVI pidió rezar para que, por intercesión del Santo Cura de Ars, las familias cristianas se conviertan en pequeñas iglesias, en las que todas las vocaciones y todos los carismas, dados por el Espíritu Santo, puedan ser acogidos y valorados. Que nos obtenga esta gracia la Santa Virgen que ahora invocamos”.

lunes, 3 de agosto de 2009

El Papa propone más modelos de santidad para el Año del Sacerdocio


VATICANO, 02 Ago. 09 / 08:58 am (ACI)
Durante el Ángelus que presidió este domingo en la residencia estival de Castelgandolfo, el Papa Benedicto XVI invitó nuevamente a los fieles a profundizar en la importancia de los presbíteros, y propuso el ejemplo de santos sacerdotes similares a la figura del gran patrono de este tiempo, San Juan María Vianney.

El Pontífice destacó que "el Año Sacerdotal que estamos celebrando constituye una ocasión preciosa para profundizar en el valor de la misión de los presbíteros en la Iglesia y en el mundo”.

Al respecto, el Santo Padre recordó la figura de San Alfonso María de Ligorio -cuya fiesta se conmemoró el sábado-, a quien describió como "gran maestro de teología moral y modelo de virtudes cristianas y pastorales, siempre solícito a las necesidades religiosas del pueblo".

Al referirse a la celebración, este domingo, de la fiesta del "Gran Perdón de Asís" establecida por el Papa Honorio III a pedido de San Francisco, el Pontífice destacó del santo de Asís su "ardiente amor por la salvación de las almas", " ejemplo que todo sacerdote debe constantemente alimentar". "Apareciéndosele Jesús en su gloria, y a su derecha la Virgen María junto a muchos ángeles le pidió que expresara un deseo, y Francisco imploró un ‘amplio y generoso perdón’ para todos aquellos que ‘arrepentidos y confesados’ visitaran la iglesia de la Porciúncula”.

El Papa se refirió luego al patrono oficial del Año Sacerdotal, San Juan María Vianney, cuya fiesta la Iglesia celebrará el martes 4 de agosto; y adelantó que el Cura de Ars será el protagonista en la Audiencia del próximo miércoles, durante la cual hablará de “este humilde párroco que constituye un modelo sacerdotal para los párrocos y los demás sacerdotes”.

Benedicto XVI se refirió luego a otro santo sacerdote, San Cayetano de Thiene, cuya fiesta se celebra el 7 de agosto, recordando que solía repetir “las almas se purifican con el amor de los hechos, no con el amor sentimental”. Y sobre Santo Domingo de Guzmán, -cuya fiesta la Iglesia celebra el 8 de agosto-, el Pontífice recordó que “se ha escrito que abría la boca o para hablar con Dios en la oración, o para hablar de Dios”.

El Pontífice concluyó la alocución previa al Ángelus recordando la figura del Papa Pablo VI, de quien el día 6 de agosto se cumplirá el 31 aniversario de su muerte ocurrida en Castel Gandolfo. “Su vida, tan profundamente sacerdotal y rica de tanta humanidad, queda para la Iglesia como un don del que hay que dar gracias a Dios”.

“Qué la Virgen María, Madre de la Iglesia, ayude a los sacerdotes a estar totalmente enamorados de Cristo, siguiendo el ejemplo de estos modelos de santidad sacerdotal”, dijo finalmente.