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jueves, 14 de marzo de 2013

BIOGRAFIA: ¿QUIÉN ES JORGE MARIO BERGOGLIO?

Ciudad del Vaticano, 13 marzo 2013 (VIS).- Reproducimos la biografía oficial del nuevo Papa, editada con ocasión del Cónclave por la Sala de Prensa de la Santa Sede, con los datos facilitados por los propios cardenales.

JORGE MARIO BERGOGLIO, S.I


El cardenal Jorge Mario Bergoglio, S.I., arzobispo de Buenos Aires (Argentina), Ordinario para la Fe de Rito Oriental de los residentes en Argentina y desprovisto de Ordinario del mismo rito, nació en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936. Estudió y se diplomó como Técnico Quimico, para después escoger el camino del sacerdocio y entrar en el seminario de Villa Devoto.

El 11 de marzo de 1958 ha ingresado en el noviciado de la Compañía de Jesús, ha realizado estudios humanísticos en Chile, y en 1963, de regreso a Buenos Aires, se ha licenciado en Filosofía en la Facultad de Filosofía del Colegio «San José» de San Miguel.

De 1964 a 1965 fue profesor de Literatura y Psicología en el Colegio de la Inmaculada de Santa Fe, y en 1966 enseñó la misma materia en el colegio de El Salvador de Buenos Aires.

De 1967 a 1970 estudió Teología en la Facultad de Teología del Colegio «San José», en San Miguel, donde se licenció.

El 13 de diciembre de 1969 fue ordenado sacerdote.

En el curso 1979-71, superó la tercera probación en Alcalá de Henares (España) y el 22 de abril hizo la profesión perpetua.

Fue maestro de novicios en Villa Barilari, en San Miguel (1972-1973), profesor de la Facultad de Teología, Consultor de la Provincia y Rector del Colegio Massimo. El 31 de julio de 1973 fue elegido Provincial de Argentina, cargo que ejerció durante seis años.

Entre 1980 y 1986, fue rector del Colegio Massimo y de la Facultad de Filosofía y Teología de la misma casa y párroco de la parroquia del Patriarca San José, en la diócesis de San Miguel.

En marzo de 1986, se trasladó a Alemania para concluir su tesis doctoral, y sus superiores lo destinaron al colegio de El Salvador, y después a la iglesia de la Compañía de Jesús, en la ciudad de Cordoba, como director espiritual y confesor.

El 20 de mayo de 1992, Juan Pablo II lo nombró obispo titular de Auca y auxiliar de Buenos Aires. El 27 de junio del mismo año recibió en la catedral de Buenos Aires la ordenación episcopal de manos del cardenal Antonio Quarracino, del Nuncio Apostólico Monseñor Ubaldo Calabresi y del obispo de Mercedes-Luján, monseñor Emilio Ogñénovich.

El 13 de junio de 1997 fue nombrado arzobispo coauditor de Buenos Aires, y el 28 de febrero de 1998, arzobispo de Buenos Aires por sucesión, a la muerte del cardinal Quarracino.

Es autor de los siguientes libros: «Meditaciones para religiosos» de 1982, «Reflexiones sobre la vida apostólica» de 1986, y «Reflexiones de esperanza» de 1992.

Es ordinario para los fieles de rito oriental residentes en Argentina que no cuentan con un ordinario de su rito.

Gran Canciller de la Universidad Católica Argentina.

Relator General Adjunto en la 10ª Asamblea General Ordinaria del Sinodo de los Obispos de octubre de 2001.

Desde noviembre de 2005 a noviembre de 2011 fue Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina.

Juan Pablo II le ha creado y publicado cardenal en el Consistorio del 21 de febrero de 2001, titular de San Roberto Bellarmino.

Es miembro de :

Las siguientes congregaciones: para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos; para el Clero; para los Institutos de Vida Consagrada y de la Sociedad de Vida Apostólica

El Consejo Pontificio de la Familia

La Comisión Pontificia para América Latina

lunes, 17 de agosto de 2009

San Jacinto de Cracovia. Santo Patrón de Polonia


Nacido a finales del siglo XII en el seno de una familia polaca —los condes de Konskie—, es educado cristianamente. En 1220, ya sacerdote, acompaña a su tío, obispo de Cracovia, a Roma, de donde volverá fraile de la naciente Orden de Sto. Domingo. Después de casi cuarenta años de trabajos apostólicos acompañados de milagros, muere en 1257. — Fiesta: 17 de agosto.

San Jacinto, Patrono nacional de Polonia, la nación mártir, es uno de esos santos que no todos pueden comprender, porque su vida está envuelta en el hálito del milagro. Cierto que la Iglesia no canoniza a ningún santo que no haya obrado al menos dos milagros reales y comprobados. Pero muchas veces Dios realiza tales prodigios a través de sus santos, cuando éstos ya están en la gloria. No es así el caso del nuestro, cuya existencia terrena es una cadena ininterrumpida de hechos maravillosos. Los testimonios históricos que tenemos acerca de él, no permiten atribuir las noticias de su poder taumatúrgico a la leyenda medieval, sino que nos obliga a admitirlas plenamente...

Hijo de los condes de Konskie, Jacinto pasa su infancia entre los esplendores de la vida cortesana, hasta que comienza su vida de estudio en los grandes centros culturales de entonces: Praga, Bolonia y París son, respectivamente, el teatro de su carrera de artes, derecho y teología. Vuelto a Polonia, abraza el estado eclesiástico, siendo nombrado canónigo de Cracovia por su tío, a la sazón obispo de aquella diócesis.

En 1220 acompaña a su tío a Roma, coincidiendo allí con la resurrección del joven sobrino del cardenal Esteban, realizada por Domingo de Guzmán. El hecho se va conociendo por toda la ciudad y conmueve profundamente al joven canónigo, que desde aquel momento se une a la naciente Orden de Predicadores, la cual, bajo la dirección de Santo Domingo, se dedicaba a alabar a Dios y predicar la verdad cristiana.

Después de unos meses de formación al lado del santo fundador de los dominicos, que le transmitió su espíritu y sus deseos, Jacinto vuelve a Polonia para predicar y fundar nuevos conventos. El camino lo hace a pie junto con otros compañeros y va esparciendo la buena semilla por todos los poblados por donde pasa. Sus palabras convierten, y sus milagros confirman el favor de Dios sobre él. Como la gente no quiere dejar que se marchen, suele quedarse alguno del grupo al que se unen nuevas vocaciones, formándose nuevos conventos. Los restantes prosiguen su camino, y por este sistema, sólo Jacinto llega a Cracovia, donde habiéndole precedido su fama de taumaturgo, es recibido solemnemente.

Funda allí un hermoso convento que será la cuna de los predicadores del norte de Europa, y predica la vieja y siempre nueva palabra del Señor, que renueva la faz de aquella diócesis, haciendo revivir en toda ella el espíritu de amor. Ello no basta a Jacinto, que no conoce fronteras para su celo evangelizador. Y se lanza a predicar a Prusia, todavía idolátrica, y de allí pasa a Rusia llegando hasta Kiev. Dios mismo le abre camino en aquel pueblo evangelizado antes por misioneros cismáticos, al devolver milagrosamente la vista a la hija del gran príncipe Wladimiro, ciega de nacimiento. Es también en Kiev, donde al invadir los tártaros la ciudad, Jacinto se lleva en su huida al Santísimo Sacramento, para que no sea profanado en saqueo. Pero antes de salir del templo, la imagen de la Virgen se queja de que la deje abandonada. El humilde fraile se excusa, porque no puede con un peso tan grande, pero ante el requerimiento de la Madre la toma de la mano, y huye atravesando a pie enjuto el caudaloso río, seguido de sus frailes.

No son éstos los únicos prodigios realizados por San Jacinto, durante los años de su trabajo apostólico, sino que con otros muchos el Señor fecundó su labor. La bula de canonización, dada por Clemente VIII, en el año 1594, tras casi un siglo de serias investigaciones en Polonia, cuenta cómo resucitó al hijo de una viuda, ahogado en el río hacía 24 horas. También, en la misma bula, vemos cómo un joven que había gastado todos sus recursos para devolver la salud a su madre paralítica sin conseguirlo, acude a la intercesión del santo, y obtiene la tan deseada curación. Otro día será el llanto de los labradores ante la destrucción de las mieses que estaban a punto para la siega, lo que le mueve a conseguir del cielo que las mieses sean repuestas... Se haría demasiado extenso este relato si continuásemos narrando los que en vida realizó el que ha podido ser llamado el más grande taumaturgo de su siglo.

Oración
Señor, tú que otorgaste a san Jacinto la gracia de imitar con fidelidad a Cristo pobre y humilde, ayúdanos a vivir fielmente nuestra vocación cristiana para que reproduzcamos cada día mejor, en nosotros, la imagen de tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.