Te comparto este blog que fue realizado cuando conducía el programa "Fenómenos del Espíritu"
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domingo, 28 de julio de 2013
Video. El Cardenal Stanislaw Dziwisz da la bienvenida a la Jornada Mundial de la Juventud
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La XXIX Jornada Mundial de la Juventud será en Cracovia, Polonia en 2016
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Rezo del Angelus Domini (Río de Janeiro, 28 de julio de 2013)
Al final de esta celebración eucarística, con la que hemos elevado a Dios nuestro canto de alabanza y gratitud por cada gracia recibida durante esta Jornada Mundial de la Juventud, quisiera agradecer de nuevo a Monseñor Orani Tempesta y al Cardenal Rylko las palabras que me han dirigido. Les agradezco también a ustedes, queridos jóvenes, todas las alegrías que me han dado en estos días. Llevo a cada uno de ustedes en mi corazón. Ahora dirigimos nuestra mirada a la Madre del cielo, la Virgen María. En estos días, Jesús les ha repetido con insistencia la invitación a ser sus discípulos misioneros; han escuchado la voz del Buen Pastor que les ha llamado por su nombre y han reconocido la voz que les llamaba (cf. Jn 10,4). ¿No es verdad que, en esta voz que ha resonado en sus corazones, han sentido la ternura del amor de Dios? ¿Han percibido la belleza de seguir a Cristo, juntos, en la Iglesia? ¿Han comprendido mejor que el evangelio es la respuesta al deseo de una vida todavía más plena? (cf. Jn 10,10).
La Virgen Inmaculada intercede por nosotros en el Cielo como una buena madre que cuida de sus hijos. Que María nos enseñe con su vida qué significa ser discípulo misionero. Cada vez que rezamos el Angelus, recordamos el evento que ha cambiado para siempre la historia de los hombres. Cuando el ángel Gabriel anunció a María que iba a ser la Madre de Jesús, del Salvador, ella, aun sin comprender del todo el significado de aquella llamada, se fió de Dios y respondió:
«He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). Pero, ¿qué hizo inmediatamente después? Después de recibir la gracia de ser la Madre del Verbo encarnado, no se quedó con aquel don; marchó, salió de su casa y se fue rápidamente a ayudar a su pariente Isabel, que tenía necesidad de ayuda (cf. Lc 1,38-39); realizó un gesto de amor, de caridad, de servicio concreto, llevando a Jesús en su seno. Y este gesto lo hizo diligentemente.
Queridos amigos, éste es nuestro modelo. La que ha recibido el don más precioso de parte de Dios, como primer gesto de respuesta se pone en camino para servir y llevar a Jesús. Pidamos a la Virgen que nos ayude también a nosotros a llevar la alegría de Cristo a nuestros familiares, compañeros, amigos, a todos. No tengan nunca miedo de ser generosos con Cristo. ¡Vale la pena!
Salgan y vayan con valentía y generosidad, para que todos los hombres y mujeres encuentren al Señor.
Queridos jóvenes, tenemos una cita en la próxima Jornada Mundial de la Juventud, en 2016, en Cracovia, Polonia. Pidamos, por la intercesión materna de María, la luz del Espíritu Santo para el camino que nos llevará a esta nueva etapa de gozosa celebración de la fe y del amor de Cristo.
Ahora recemos juntos…
[Rezo del Angelus]
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lunes, 17 de agosto de 2009
San Jacinto de Cracovia. Santo Patrón de Polonia

Nacido a finales del siglo XII en el seno de una familia polaca —los condes de Konskie—, es educado cristianamente. En 1220, ya sacerdote, acompaña a su tío, obispo de Cracovia, a Roma, de donde volverá fraile de la naciente Orden de Sto. Domingo. Después de casi cuarenta años de trabajos apostólicos acompañados de milagros, muere en 1257. — Fiesta: 17 de agosto.
San Jacinto, Patrono nacional de Polonia, la nación mártir, es uno de esos santos que no todos pueden comprender, porque su vida está envuelta en el hálito del milagro. Cierto que la Iglesia no canoniza a ningún santo que no haya obrado al menos dos milagros reales y comprobados. Pero muchas veces Dios realiza tales prodigios a través de sus santos, cuando éstos ya están en la gloria. No es así el caso del nuestro, cuya existencia terrena es una cadena ininterrumpida de hechos maravillosos. Los testimonios históricos que tenemos acerca de él, no permiten atribuir las noticias de su poder taumatúrgico a la leyenda medieval, sino que nos obliga a admitirlas plenamente...
Hijo de los condes de Konskie, Jacinto pasa su infancia entre los esplendores de la vida cortesana, hasta que comienza su vida de estudio en los grandes centros culturales de entonces: Praga, Bolonia y París son, respectivamente, el teatro de su carrera de artes, derecho y teología. Vuelto a Polonia, abraza el estado eclesiástico, siendo nombrado canónigo de Cracovia por su tío, a la sazón obispo de aquella diócesis.
En 1220 acompaña a su tío a Roma, coincidiendo allí con la resurrección del joven sobrino del cardenal Esteban, realizada por Domingo de Guzmán. El hecho se va conociendo por toda la ciudad y conmueve profundamente al joven canónigo, que desde aquel momento se une a la naciente Orden de Predicadores, la cual, bajo la dirección de Santo Domingo, se dedicaba a alabar a Dios y predicar la verdad cristiana.
Después de unos meses de formación al lado del santo fundador de los dominicos, que le transmitió su espíritu y sus deseos, Jacinto vuelve a Polonia para predicar y fundar nuevos conventos. El camino lo hace a pie junto con otros compañeros y va esparciendo la buena semilla por todos los poblados por donde pasa. Sus palabras convierten, y sus milagros confirman el favor de Dios sobre él. Como la gente no quiere dejar que se marchen, suele quedarse alguno del grupo al que se unen nuevas vocaciones, formándose nuevos conventos. Los restantes prosiguen su camino, y por este sistema, sólo Jacinto llega a Cracovia, donde habiéndole precedido su fama de taumaturgo, es recibido solemnemente.
Funda allí un hermoso convento que será la cuna de los predicadores del norte de Europa, y predica la vieja y siempre nueva palabra del Señor, que renueva la faz de aquella diócesis, haciendo revivir en toda ella el espíritu de amor. Ello no basta a Jacinto, que no conoce fronteras para su celo evangelizador. Y se lanza a predicar a Prusia, todavía idolátrica, y de allí pasa a Rusia llegando hasta Kiev. Dios mismo le abre camino en aquel pueblo evangelizado antes por misioneros cismáticos, al devolver milagrosamente la vista a la hija del gran príncipe Wladimiro, ciega de nacimiento. Es también en Kiev, donde al invadir los tártaros la ciudad, Jacinto se lleva en su huida al Santísimo Sacramento, para que no sea profanado en saqueo. Pero antes de salir del templo, la imagen de la Virgen se queja de que la deje abandonada. El humilde fraile se excusa, porque no puede con un peso tan grande, pero ante el requerimiento de la Madre la toma de la mano, y huye atravesando a pie enjuto el caudaloso río, seguido de sus frailes.
No son éstos los únicos prodigios realizados por San Jacinto, durante los años de su trabajo apostólico, sino que con otros muchos el Señor fecundó su labor. La bula de canonización, dada por Clemente VIII, en el año 1594, tras casi un siglo de serias investigaciones en Polonia, cuenta cómo resucitó al hijo de una viuda, ahogado en el río hacía 24 horas. También, en la misma bula, vemos cómo un joven que había gastado todos sus recursos para devolver la salud a su madre paralítica sin conseguirlo, acude a la intercesión del santo, y obtiene la tan deseada curación. Otro día será el llanto de los labradores ante la destrucción de las mieses que estaban a punto para la siega, lo que le mueve a conseguir del cielo que las mieses sean repuestas... Se haría demasiado extenso este relato si continuásemos narrando los que en vida realizó el que ha podido ser llamado el más grande taumaturgo de su siglo.
Oración
Señor, tú que otorgaste a san Jacinto la gracia de imitar con fidelidad a Cristo pobre y humilde, ayúdanos a vivir fielmente nuestra vocación cristiana para que reproduzcamos cada día mejor, en nosotros, la imagen de tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.
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