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miércoles, 2 de octubre de 2013

Santos ángeles custodios: el Señor les ha mandado cuidarnos en nuestros caminos. Escrito por Mons. Eugenio Lira Rugarcía Secretario General de la CEM y Obispo Auxiliar de Puebla


Miércoles 2 de octubre

Hoy celebramos a los santos ángeles custodios. La palabra “ángel” proviene del griego “ággelos”, mensajero. Los ángeles, de cuya existencia da testimonio la Biblia y la Tradición de la Iglesia, han sido creados por Dios, como seres puramente espirituales e inmortales, dotados de inteligencia y voluntad.

Los ángeles son servidores y mensajeros de Dios (cfr. Sal 103, 20). Por eso, la Iglesia les tributa un culto de veneración, que en primera instancia se dirige a su creador: Dios (cfr. Hch 5, 18-20). Ellos, como lo expresa el propio Jesús (cfr. Mt 18,10), son una manifestación del cuidado amoroso que Dios tiene hacia nosotros. "Cada fiel –explica san Basilio– tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducirlo a la vida". De esta manera, como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica, podemos participar, ya desde esta tierra, en la sociedad bienaventurada de los ángeles y de los hombres, unidos en Dios.

El salmista exclama que el Señor, “ha dado órdenes a sus ángeles de guardarte en todos tus caminos” (Sal 91,11). Meditando esta verdad, san Bernardo nos dice: “Estas palabras deben inspirarte una gran reverencia…. y conferirte una gran confianza... Están presentes para protegerte… en beneficio tuyo. Y, aunque lo están porque Dios les ha dado esta orden, no por ello debemos dejar de estarles agradecidos”.

La devoción a los ángeles nos conduce a adorar y amar a su creador: Dios, quien los ha enviado para protegernos, aconsejarnos y guiarnos a Él, en quien la vida se hace plena y eterna. Los ángeles, mensajeros de Dios, nos ayudan a comprender que nunca estamos solos ¡jamás! ni siquiera en los momentos más difíciles. A través de ellos, el Señor nos muestra su amor, su cercanía, su interés particular por cada uno de nosotros.

“Seamos, pues, devotos y agradecidos a unos guardianes tan eximios –aconseja san Bernardo– correspondamos a su amor…. Sin embargo, no olvidemos que todo nuestro amor y honor ha de tener por objeto a aquel de quien procede todo… gracias al cual podemos amar y honrar, ser amados y honrados” .

Los ángeles nos conducen a Dios. Por eso, “aunque nos queda por recorrer un camino tan largo y tan peligroso –concluye san Basilio– nada debemos temer bajo la custodia de unos guardianes tan eximios. Ellos, los que nos guardan en nuestros caminos, no pueden ser vencidos ni engañados, y menos aún pueden engañarnos. Son fieles, son prudentes, son poderosos: ¿por qué espantarnos? Basta con que los sigamos, con que estemos unidos a ellos, y viviremos así a la sombra del Omnipotente”

martes, 9 de marzo de 2010

Señor, me creía solo


Yo no te había visto, me creía solo, solo en mi sufrimiento, solo en mi soledad. Y he aquí que la carga parece menos pesada a mis espaldas y sobre todo a mi alma. Y he aquí que mi mano se sentía arrastrada como por otra mano. Y he aquí que ya no estaba solo. Tú estabas allí. Señor, pálido, cansado, jadeante, abandonado como yo...por mí.

Y tu llevabas tu Cruz, una cruz mucho más pesada que la mía; y tú me ayudabas...Al
principio no te había visto. Y cuando me siento terriblemente cansado, tampoco te veo y me lamento. Y sin embargo Tú estás allí. Señor, transforma todos mis sufrimientos. Dios mío,deposito a tus pies mi carga, mis dolores, mis tristezas y mis sacrificios. Transforma todas mis pruebas en gozo y santidad, a favor de los que amo; en gracias para las almas, en preciosos dones para tu Iglesia. Amén.

Enséñame, Señor, a envejecer


Señor, enséñame a envejecer. Convénceme de que no son injustos conmigo los que me quitan responsabilidad, los que no me piden mi opinión, los que llaman a otro para que ocupe mi puesto.
Quítame el orgullo de mi experiencia pasada; quítame el sentimiento de creerme indispensable, que en este gradual despego de las cosas yo sólo vea la ley del tiempo, y considere este relevo en los trabajos como manifestación interesante de la vida, que se releva bajo el impulso de tu providencia.

Pero ayúdame, Señor, para que todavía sea útil a los demás, contribuyendo con mi optimismo y oración a la alegría y entusiasmo de los que ahora tienen la responsabilidad; viviendo en contacto humilde y sereno con el mundo que cambia, sin lamentarme por el pasado que ya se fue; aceptando mi salida de los campos de actividad, como acepto con naturalidad la puesta del sol.
Finalmente te pido que me perdones si sólo en esta hora caigo en la cuenta de cuánto me has amado, y concédeme que mire con mucha gratitud hacia el destino feliz que me tienes preparado y hacia el cual me orientaste en el primer momento de mi vida.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Gracias Señor

Gracias, Señor,
por la paz, la alegría y por la unión que los hombres, mis hermanos, me han brindado, por esos ojos que con ternura y comprensión me miraron, por esa mano oportuna que me levantó.

Gracias, Señor,
por esos labios cuyas palabras y sonrisas me alentaron, por esos oídos que me escucharon, por ese corazón de amistad, cariño y amor que me dieron.

Gracias, Señor,
por el éxito que me estimuló, por la salud que me sostuvo, por la comodidad y diversión que me descansaron.

Gracias, Señor,
... me cuesta trabajo decírtelo,... por la enfermedad, por el fracaso, por la desilusión, por el insulto y engaño, la injusticia y soledad por el fallecimiento del ser querido. Tú lo sabes, Señor cuán difícil es fue aceptarlo; quizá estuve a punto de la desesperación, pero ahora me doy cuenta de que todo esto me acerco más a Ti. ¡Tú sabes lo que hiciste!

Gracias, Señor,
sobre todo por la fe que me has dado en Tí y en los hombres; por esa fe que se tambaleó, pero que Tú nunca dejaste de fortalecer, cuando tantas veces encorvado bajo el peso del desánimo, me hizo caminar en el sendero de la verdad, a pesar de la oscuridad.

Gracias, Señor,
por el perdón que tantas veces debería haberte pedido, pero que por negligencia y orgullo he callado.

Gracias, Señor,
por perdonar mis omisiones, descuidos y olvidos, mi orgullo y vanidad, mi necesidad y caprichos, mi silencio y mi excesiva locuacidad.

Gracias, Señor,
por dispensar los prejuicios a mis hermanos, mi falta de alegría y entusiasmo, mi falta de fe y confianza en Ti, mi cobardía y mi temor en mi compromiso.

Gracias, Señor,
porque me han perdonado y yo no he sabido perdonar con la misma generosidad.

Gracias, Señor,
por indultar mi hipocresía y doblez, por esa apariencia que con tanto esmero cuido, pero que sé en el fondo no es más que engaño a mí mismo.

Gracias, Señor,
por disculpar esos labios que no sonrieron, por esa palabra que callé y esas manos que no tendí y esa mirada que desvié, esos oídos que no presté, esa verdad que omití y ese corazón que no amé.

Gracias, Señor,
por esa protección con que siempre me has preferido y te suplico muy encarecidamente por tu amor, disculpes mi silencio y cobardía.

Gracias, Señor,
por todos lo que no te dan gracias, por los que no imploran de tu ayuda y por los que no te piden perdón, no abandones las obras de tus manos, y que llenes mi vida de esperanza y generosidad.

Sr. Hágase tu voluntad y no la mía.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Autoridad vaticana pide a obispos del mundo omitir término "Yahvé" en Liturgia

VATICANO,(ACI).- El Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Cardenal Francis Arinze, envió una carta a las conferencias episcopales del mundo en la que solicita no utilizar el término "Yahvé" en las liturgias, oraciones y cantos.

La misiva se refiere precisamente al uso del nombre "YHWH" con el que se designa a Dios en el Antiguo Testamento y que en español se lee "Yahvé". En la carta, el Purpurado explica que este término debe traducirse de acuerdo al equivalente hebreo "Adonai" o del griego "Kyrios"; y pone como ejemplos traducciones aceptables en cinco idiomas: Lord (inglés), Signore (italiano), Seigneur (francés), Herr (alemán) y Señor en español.

Tras comentar que el nombre de Dios exige a los traductores un gran respeto, el Purpurado precisa que la palabra "YHWH" es "una expresión de la infinita grandeza y majestad de Dios" que se mantuvo "impronunciable y por ello fue reemplazada en la lectura de las Sagradas Escrituras con el uso de la palabra alternativa 'Adonai' que significa Señor".

Esta tradición de la traducción es importante para entender a Cristo, prosigue el Cardenal Arinze, ya que el título de "Señor" se vuelve "intercambiable entre el Dios de Israel y el Mesías de la Fe Cristiana".

"Las palabras de las Sagradas Escrituras contenidas en el Antiguo y Nuevo Testamento expresan la verdad que trasciende los límites impuestos por el tiempo y el espacio. Son la palabra de Dios expresada en palabras humanas, y por medio de estas palabras de vida, el Espíritu Santo introduce a los fieles en el conocimiento de la verdad total, y por ello la palabra de Cristo aparece ante los fieles en toda su riqueza", explica el Cardenal.

Clamo a ti, Señor


Desde el abismo de mi sufrimiento
clamo a ti, Señor Jesús,

pero me parece que Tú no me oyes,
que Tú no ves la oscuridad
de mi angustia,
me parece que estas mudo,
pues no respondes a mis “porqués”.
Señor, no sé que hacer,
siento que no estás presente
en mi vida, esta vida que tantas
veces he tenido el deseo
de odiar y rechazar.
Concédeme, Señor,
la fuerza de una nueva vida,
que me permita vivir la esperanza,
en paz y en tranquilidad.