viernes, 6 de febrero de 2009

Decálogo para no dejarse vencer por el Diablo


1. No olvides que el diablo existe, que es mentiroso y que su primera mentira es hacerte creer que no existe.

2. No olvides que el diablo es tentador y que todos somos vulnerables

3. No olvidar que el diablo es muy inteligente y astuto, tal como lo fue para Adán y Eva, primer hombre y mujer que sucumbieron tentados por la serpiente.

4. Ser vigilante y fuerte contra los espíritus del mal que habitan las regiones celestes

5. Creer firmemente en la victoria de Cristo sobre el tentador, tal como dice el Evangelio

6. Recordar que Cristo te hace partícipe de su victoria en los sacramentos y en los signos sacramentales, como el agua bendita.

7. Escuchar la Palabra de Dios como en las respuestas de Jesucristo a Satanás durante los desafíos en el desierto.

8. Para vencer la tentación de elegir el camino del egoísmo, ser humilde y amar la mortificación, con la conciencia de la propia fragilidad pero al mismo tiempo con confianza en el Señor.

9. Rezar siempre sin cansarse porque ello conduce a la victoria contra el Maligno

10. Adora al Señor tu Dios y solamente a El ríndele culto, intensificando la adoración a Dios vivo y verdadero, quien dará la fuerza "para vencer la tentación que nos atrae al mal, a los ídolos vanos y vacíos".

El Cardenal Arzobispo de Génova, Dionigi Tettamanzi

Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Cuaresma 2009


PONTIFICIUM CONSILIUM COR UNUM


MENSAJE DEL SANTO PADRE
BENEDICTO XVI
PARA LA CUARESMA 2009

Jesús, después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre” (Mt 4,2)

¡Queridos hermanos y hermanas!

Al comenzar la Cuaresma, un tiempo que constituye un camino de preparación espiritual más intenso, la Liturgia nos vuelve a proponer tres prácticas penitenciales a las que la tradición bíblica cristiana confiere un gran valor —la oración, el ayuno y la limosna— para disponernos a celebrar mejor la Pascua y, de este modo, hacer experiencia del poder de Dios que, como escucharemos en la Vigilia pascual, “ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos” (Pregón pascual). En mi acostumbrado Mensaje cuaresmal, este año deseo detenerme a reflexionar especialmente sobre el valor y el sentido del ayuno. En efecto, la Cuaresma nos recuerda los cuarenta días de ayuno que el Señor vivió en el desierto antes de emprender su misión pública. Leemos en el Evangelio: “Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno durante cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre” (Mt 4,1-2). Al igual que Moisés antes de recibir las Tablas de la Ley (cfr. Ex 34, 8), o que Elías antes de encontrar al Señor en el monte Horeb (cfr. 1R 19,8), Jesús orando y ayunando se preparó a su misión, cuyo inicio fue un duro enfrentamiento con el tentador.

Podemos preguntarnos qué valor y qué sentido tiene para nosotros, los cristianos, privarnos de algo que en sí mismo sería bueno y útil para nuestro sustento. Las Sagradas Escrituras y toda la tradición cristiana enseñan que el ayuno es una gran ayuda para evitar el pecado y todo lo que induce a él. Por esto, en la historia de la salvación encontramos en más de una ocasión la invitación a ayunar. Ya en las primeras páginas de la Sagrada Escritura el Señor impone al hombre que se abstenga de consumir el fruto prohibido: “De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio” (Gn 2, 16-17). Comentando la orden divina, San Basilio observa que “el ayuno ya existía en el paraíso”, y “la primera orden en este sentido fue dada a Adán”. Por lo tanto, concluye: “El ‘no debes comer’ es, pues, la ley del ayuno y de la abstinencia” (cfr. Sermo de jejunio: PG 31, 163, 98). Puesto que el pecado y sus consecuencias nos oprimen a todos, el ayuno se nos ofrece como un medio para recuperar la amistad con el Señor. Es lo que hizo Esdras antes de su viaje de vuelta desde el exilio a la Tierra Prometida, invitando al pueblo reunido a ayunar “para humillarnos —dijo— delante de nuestro Dios” (8,21). El Todopoderoso escuchó su oración y aseguró su favor y su protección. Lo mismo hicieron los habitantes de Nínive que, sensibles al llamamiento de Jonás a que se arrepintieran, proclamaron, como testimonio de su sinceridad, un ayuno diciendo: “A ver si Dios se arrepiente y se compadece, se aplaca el ardor de su ira y no perecemos” (3,9). También en esa ocasión Dios vio sus obras y les perdonó.

En el Nuevo Testamento, Jesús indica la razón profunda del ayuno, estigmatizando la actitud de los fariseos, que observaban escrupulosamente las prescripciones que imponía la ley, pero su corazón estaba lejos de Dios. El verdadero ayuno, repite en otra ocasión el divino Maestro, consiste más bien en cumplir la voluntad del Padre celestial, que “ve en lo secreto y te recompensará” (Mt 6,18). Él mismo nos da ejemplo al responder a Satanás, al término de los 40 días pasados en el desierto, que “no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4). El verdadero ayuno, por consiguiente, tiene como finalidad comer el “alimento verdadero”, que es hacer la voluntad del Padre (cfr. Jn 4,34). Si, por lo tanto, Adán desobedeció la orden del Señor de “no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal”, con el ayuno el creyente desea someterse humildemente a Dios, confiando en su bondad y misericordia.

La práctica del ayuno está muy presente en la primera comunidad cristiana (cfr. Hch 13,3; 14,22; 27,21; 2Co 6,5). También los Padres de la Iglesia hablan de la fuerza del ayuno, capaz de frenar el pecado, reprimir los deseos del “viejo Adán” y abrir en el corazón del creyente el camino hacia Dios. El ayuno es, además, una práctica recurrente y recomendada por los santos de todas las épocas. Escribe San Pedro Crisólogo: “El ayuno es el alma de la oración, y la misericordia es la vida del ayuno. Por tanto, quien ora, que ayune; quien ayuna, que se compadezca; que preste oídos a quien le suplica aquel que, al suplicar, desea que se le oiga, pues Dios presta oído a quien no cierra los suyos al que le súplica” (Sermo 43: PL 52, 320, 332).

En nuestros días, parece que la práctica del ayuno ha perdido un poco su valor espiritual y ha adquirido más bien, en una cultura marcada por la búsqueda del bienestar material, el valor de una medida terapéutica para el cuidado del propio cuerpo. Está claro que ayunar es bueno para el bienestar físico, pero para los creyentes es, en primer lugar, una “terapia” para curar todo lo que les impide conformarse a la voluntad de Dios. En la Constitución apostólica Pænitemini de 1966, el Siervo de Dios Pablo VI identificaba la necesidad de colocar el ayuno en el contexto de la llamada a todo cristiano a no “vivir para sí mismo, sino para aquél que lo amó y se entregó por él y a vivir también para los hermanos” (cfr. Cap. I). La Cuaresma podría ser una buena ocasión para retomar las normas contenidas en la citada Constitución apostólica, valorizando el significado auténtico y perenne de esta antigua práctica penitencial, que puede ayudarnos a mortificar nuestro egoísmo y a abrir el corazón al amor de Dios y del prójimo, primer y sumo mandamiento de la nueva ley y compendio de todo el Evangelio (cfr. Mt 22,34-40).

La práctica fiel del ayuno contribuye, además, a dar unidad a la persona, cuerpo y alma, ayudándola a evitar el pecado y a acrecer la intimidad con el Señor. San Agustín, que conocía bien sus propias inclinaciones negativas y las definía “retorcidísima y enredadísima complicación de nudos” (Confesiones, II, 10.18), en su tratado La utilidad del ayuno, escribía: “Yo sufro, es verdad, para que Él me perdone; yo me castigo para que Él me socorra, para que yo sea agradable a sus ojos, para gustar su dulzura” (Sermo 400, 3, 3: PL 40, 708). Privarse del alimento material que nutre el cuerpo facilita una disposición interior a escuchar a Cristo y a nutrirse de su palabra de salvación. Con el ayuno y la oración Le permitimos que venga a saciar el hambre más profunda que experimentamos en lo íntimo de nuestro corazón: el hambre y la sed de Dios.

Al mismo tiempo, el ayuno nos ayuda a tomar conciencia de la situación en la que viven muchos de nuestros hermanos. En su Primera carta San Juan nos pone en guardia: “Si alguno que posee bienes del mundo, ve a su hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?” (3,17). Ayunar por voluntad propia nos ayuda a cultivar el estilo del Buen Samaritano, que se inclina y socorre al hermano que sufre (cfr. Enc. Deus caritas est, 15). Al escoger libremente privarnos de algo para ayudar a los demás, demostramos concretamente que el prójimo que pasa dificultades no nos es extraño. Precisamente para mantener viva esta actitud de acogida y atención hacia los hermanos, animo a las parroquias y demás comunidades a intensificar durante la Cuaresma la práctica del ayuno personal y comunitario, cuidando asimismo la escucha de la Palabra de Dios, la oración y la limosna. Este fue, desde el principio, el estilo de la comunidad cristiana, en la que se hacían colectas especiales (cfr. 2Co 8-9; Rm 15, 25-27), y se invitaba a los fieles a dar a los pobres lo que, gracias al ayuno, se había recogido (cfr. Didascalia Ap., V, 20,18). También hoy hay que redescubrir esta práctica y promoverla, especialmente durante el tiempo litúrgico cuaresmal.

Lo que he dicho muestra con gran claridad que el ayuno representa una práctica ascética importante, un arma espiritual para luchar contra cualquier posible apego desordenado a nosotros mismos. Privarnos por voluntad propia del placer del alimento y de otros bienes materiales, ayuda al discípulo de Cristo a controlar los apetitos de la naturaleza debilitada por el pecado original, cuyos efectos negativos afectan a toda la personalidad humana. Oportunamente, un antiguo himno litúrgico cuaresmal exhorta: “Utamur ergo parcius, / verbis, cibis et potibus, / somno, iocis et arctius / perstemus in custodia – Usemos de manera más sobria las palabras, los alimentos y bebidas, el sueño y los juegos, y permanezcamos vigilantes, con mayor atención”.

Queridos hermanos y hermanas, bien mirado el ayuno tiene como último fin ayudarnos a cada uno de nosotros, como escribía el Siervo de Dios el Papa Juan Pablo II, a hacer don total de uno mismo a Dios (cfr. Enc. Veritatis Splendor, 21). Por lo tanto, que en cada familia y comunidad cristiana se valore la Cuaresma para alejar todo lo que distrae el espíritu y para intensificar lo que alimenta el alma y la abre al amor de Dios y del prójimo. Pienso, especialmente, en un mayor empeño en la oración, en la lectio divina, en el Sacramento de la Reconciliación y en la activa participación en la Eucaristía, sobre todo en la Santa Misa dominical. Con esta disposición interior entremos en el clima penitencial de la Cuaresma. Que nos acompañe la Beata Virgen María, Causa nostræ laetitiæ, y nos sostenga en el esfuerzo por liberar nuestro corazón de la esclavitud del pecado para que se convierta cada vez más en “tabernáculo viviente de Dios”. Con este deseo, asegurando mis oraciones para que cada creyente y cada comunidad eclesial recorra un provechoso itinerario cuaresmal, os imparto de corazón a todos la Bendición Apostólica.

Vaticano, 11 de diciembre de 2008



BENEDICTUS PP. XVI

jueves, 5 de febrero de 2009

Perfil de S.E. Mons. Carlos Aguiar Retes


Nació el 9 de enero de 1950 en Tepic, Nay. (Diócesis de Tepic).

Terminó sus estudios de Humanidades y Filosofía en el Seminario de Tepic (1961-1969), y los estudios de Teología en el Seminario de Montezuma (U.S.A) (1969-1972) y el Seminario de Tula, Hgo. (1972-1973).

Fue ordenado Sacerdote en la Catedral de Tepic, Nay., el 22 de abril de 1973.

Después de su ordenación sacerdotal fue enviado a Roma como alumno del Pontificio Colegio Latinoamericano y consiguió la Licenciatura en Sagrada Escritura en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma (1974-1977).

En 1991 regresó a Roma y el 7 de junio de 1996 obtuvo el Doctorado en Teología Bíblica en la Pontificia Universidad Gregoriana con la tesis "La crítica de los profetas al ayuno", bajo la dirección del P. Horacio Simian Yofre, profesor del Pontificio Instituto Bíblico de Roma.

De 1992 a 1993 formó parte de un equipo de biblistas que prepararon la edición de la Biblia de América.

Además del Español, habla Italiano, Inglés, Francés y Alemán.

En su ministerio Sacerdotal ha desempeñado los siguientes cargos:

Vicario Parroquial de la Parroquia de Santa María Goretti (1973-1974).
Rector del Seminario de Tepic (1978-1991).
Durante el tiempo en que fue Rector del Seminario de Tepic desempeñó también los cargos de: Fundador y Capellán del Club Serra de 1979 a 1991.
Presidente de OSMEX (Organización de Seminarios Mexicanos) de 1986-1990.
Vocal de la Directiva de la OSLAM (Organización de Seminarios Latinoamericanos), de 1988-1991.
Profesor de Sagrada Escritura en la Pontificia Universidad de México (1996-1997).
Rector de la Residencia "Juan XXIII" para Sacerdotes de la Pontificia Universidad de México, México, D.F., (1996-1997).

Nombrado Obispo de Texcoco el 28 de mayo de 1997 y consagrado obispo el día 29 de junio del mismo año.

El 25 de mayo del 2000, la Presidencia del CELAM lo nombra Secretario General de ese organismo para el cuatrienio 1999-2003, en sustitución de Mons. Felipe Arizmendi.

Es nombrado Vicepresidente Primero del CELAM, el 15 de mayo del 2003, durante la XXIX Asamblea Ordinaria del CELAM, en Paraguay.

Nombrado Secretario General de la CEM, durante la LXXVI Asamblea Ordinaria de la CEM para el Trienio 2004 - 2006.

Durante la LXXXII Asamblea Ordinaria de la CEM en noviembre de 2007, es nombrado Presidente de la CEM para el trienio 2007-2009.

El 8 de marzo de 2007, su Santidad Benedicto XVI lo nombró miembro del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso.

En mayo de 2007 participa en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe.

Durante la XXXI Asamblea Ordinaria del CELAM es nombrado Presidente del Departamento de Comunicación Eclesial y Diálogo para el período 2007 - 2001.

Perfil de S.E. Mons. Víctor Sánchez Espinosa


Nace el 21 de mayo de 1950 en la población de Santa Cruz, pertenece a la Parroquia de Tlancualpicán de la Arquidiócesis de Puebla.

Ingresa en 1963 al Seminario Menor de Puebla, en San Pablo Apetatitlán, Tlax., donde estudia Humanidades.

En 1966 pasa al Seminario Mayor, donde estudia Filosofía. Al terminar sus estudios filosóficos, presta sus servicio pastoral durante un año, como familiar (acompañando) del Sr. Arzobispo D. Octaviano Márquez y Toriz. Regresa al Seminario a estudiar Teología en 1970. Al terminar sus estudios teológicos recibe en 1975, el diaconado, de manos del Sr. D. Octaviano. En el quinto de teología, año de experiencia diaconal, es enviado nuevamente como familiar (a acompañar) al Sr. Arzobispo, servicio que prestó a tan distinguido prelado hasta su muerte.

El 6 de junio de 1976 recibe la ordenación Sacerdotal de manos del Sr. Arzobispo Dn. Ernesto Corripio Ahumada. Después de unos meses de ejercer el ministerio Sacerdotal como Vicario Parroquial en la Parroquia de María Reina, es enviado en 1977 a Roma, a especializarse en Sagrada Liturgia, en el Pontificio Instituto Litúrgico (PIL), de la abadía de San Anselmo, en donde obtiene la licenciatura.

A su regreso a Puebla, en 1979, es nombrado Director Espiritual y Coordinador de la Dirección Espiritual en el Seminario Mayor Palafoxiano.

En 1980, junto con otros liturgistas, participa en la fundación de la Sociedad Mexicana de Liturgistas (SOMELIT), de la que es Secretario hasta la fecha. En 1995 es nombrado Párroco de la Parroquia Nuestra Señora de Ocotlán, de la Ciudad de Puebla.

Fué Secretario Ejecutivo de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de México, cuyo presidente es Mons. Jonás Guerrero, Obispo Auxiliar de México.

Colabora, además, en el departamento de Liturgia del CELAM, como miembro del Equipo de Redacción del Manual de Liturgia que este departamento publica.

Se ha distinguido por su sencillez y cordialidad con la gente.
Cuida con delicadeza de las religiosas que atienden el Seminario Palafoxiano.

El 2 de marzo de 2004 en nombrado por la Santa Sede Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México y es consagrado el 26 de marzo del mismo año.

Vocal de la Comisión Episcopal Pro Colegio Mexicano para el Trienio 2004 - 2006.

Representante de la Provincia Eclesiástica de México para el Trienio 2007-2009 y Responsable de la Dimensión de Piedad Popular de la C.E. Para la Pastoral Litúrgica.

Durante la XXI Asamblea Ordinaria del CELAM, es electo Secretario General para el periodo 2007 - 2011.

URGENTE. Ciudad del Vaticano



CIUDAD DEL VATICANO, 5 FEB 2009 (VIS).-El Santo Padre nombró:
-Obispo Víctor Sánchez Espinosa, hasta ahora auxiliar de México, arzobispo metropolitano de Puebla de los Ángeles (superficie 20.932, población 4.574.000, católicos 4.230.000, sacerdotes 593, religiosos 1192, diáconos permanentes 1) en México. Sucede al arzobispo Rosendo Huesca Pacheco, cuya renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis fue aceptada por límite de edad.



-Obispo Carlos Aguiar Retes, hasta ahora de Texcoco (México), arzobispo metropolitano de Tlalnepantla (superficie 682, población 4.069.000, católicos 3.570.000, sacerdotes 366, religiosos 427, diáconos permanentes 13) en México. Sucede al arzobispo Ricardo Guízar Díaz, cuya renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis fue aceptada por límite de edad.

-Don Valentine Tsamma Seane, de la Congregación de los Estigmatinos, obispo de Gaborone (superficie 109.005, población 1.033.754, católicos 64.618, sacerdotes 31, religiosos 52, diáconos permanentes 6) en Botswana. El obispo electo nació en 1966 en Lobaste (Botswana), hizo la profesión solemne en 1992, fue ordenado sacerdote en 1994 y hasta ahora era párroco de la catedral de Gaborone. Sucede al obispo Boniface Tshosa Setlalekgosi, cuya renuncia al gobierno pastoral de la diócesis fue aceptada por límite de edad.

-Don James S. Wall obispo de Gallup (superficie 143.648, población 491.400, católicos 57.927, sacerdotes 53, religiosos 138, diáconos permanentes 31) en Estados Unidos. El obispo electo nació en 1964 en Ganado (EE.UU.), fue ordenado sacerdote en 1998 y hasta ahora era vicario episcopal para el clero de la diócesis de Phoenix (EE.UU.).

NER:RE/.../... VIS 090205 (240)