miércoles, 10 de diciembre de 2008

Homilía pronunciada por el Card. Norberto Rivera, Arzobispo de México,en la Fiesta de San Juan Diego


9 de Diciembre de 2008


En este día que celebramos la fiesta de nuestro amado hermano san Juan Diego Cuauhtlatoatzin, es una gran alegría presidir esta Eucaristía en este lugar, ya que estamos colocados precisamente a un lado de donde se le construyó a este humilde macehual una pequeña choza para que pudiera atender a la ermita que se erigió aquí en el llano del Tepeyac, como lo pidió nuestra Madre, Santa María de Guadalupe..

San Juan Diego un hombre laico, el primer indígena canonizado de nuestro Continente Americano, en su vida ejerció una de las más importantes virtudes: la humildad. El día de hoy, la Palabra de Dios nos habla de esta gran virtud que debe existir en cada corazón dispuesto a encontrarse con Dios.

En aquella mañana fría del sábado 9 de diciembre de 1531, Juan Diego caminaba cerca de este cerro del Tepeyac cuando escuchó cantos de hermosos pájaros y contempló la transformación de este cerro pedregoso, árido y salitroso en un maravilloso ambiente celestial, como lo describe el Nican Mopohua: “ las piedras y rocas como que lanzaban rayos como de jades preciosos, como joyas relucían. Como resplandores del arco iris en la niebla reverberaba la tierra. Y los mezquites y los nopales y las demás variadas yerbitas que allí se suelen dar, parecían como plumajes de quetzal, como turquesas aparecía su follaje y su tronco, sus espinas, sus espinitas, relucían como el oro”. [1] Los cantos maravillosos embellecían esta atmósfera divina, es por ello que el humilde indígena exclamó : “¿Por ventura soy digno, soy merecedor de lo que escucho? ¿Tal vez estoy sólo soñando? ¿Quizá solamente lo veo como entre sueños? ¿Dónde estoy? ¿Dónde me veo? ¿Acaso allá, donde dejaron dicho los ancianos, nuestros antepasados, nuestros abuelos: en la tierra de las flores, en la tierra del maíz, de nuestra carne, de nuestro sustento, acaso en la tierra celestial?” [2] Efectivamente, Juan Diego estaba entrando en el paraíso. Por ello, el Papa Juan Pablo II determinó que la fiesta de san Juan Diego fuera precisamente en un día como hoy: 9 de diciembre, pues es cuando Juan Diego entró por primera vez a la gloria, ingresó al ámbito de lo divino, que siempre tendrá como fuente al mismo Señor Jesucristo, como nos lo enseña el Santo Padre Benedicto XVI cuando nos dice: “los santos son como un oasis en torno a los cuales surge la vida, en torno a los cuales vuelve algo del paraíso perdido. Y, en definitiva, es siempre Cristo mismo la fuente que se da en abundancia.” [3]

San Juan Diego tuvo la gracia de tocar la gloria aún antes de morir, tuvo el privilegio de encontrarse con el Dios Creador del Universo, por medio de Santa María de Guadalupe; el alma de este macehual se encontraba preparada por la humildad, su vida tuvo sus momentos de contemplación y sus momentos de actividad, fue discípulo y misionero; siempre se manifestó como el hombre sincero, o como dijeran nuestros antepasados: “hombre de un solo rostro, un solo corazón”; como también lo señaló el documento llamado el Nican Motecpana, donde nos informa que Juan Diego, aparte de barrer el templo, profundizaba cada día en las cosas de Dios y era un verdadero modelo de santidad, pues: “Se postraba delante de la Señora del Cielo y la invocaba con fervor; frecuentemente se confesaba, comulgaba, ayunaba, hacía penitencia, se disciplinaba, se ceñía cilicio de malla y se escondía en la sombra para poder entregarse a solas a la oración y estar invocando a la Señora del Cielo.” [4]

Dios Padre es quien atrae al humilde, es quine atrae a san Juan Diego para encontrarse con Él, por medio de la Virgen María, pues es el Padre celestial quien toma la iniciativa, y es junto con el Hijo que se nos hace partícipes del Espíritu Santo. Como dice el Papa Benedicto XVI: “El Hijo quiere implicar en su conocimiento de Hijo a todos los que el Padre quiere que participen de él: «Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado», dice Jesús […] Pero ¿a quién atrae el Padre? «No a los sabios y entendidos», nos dice el Señor, sino a la gente sencilla.” [5]

Así que es Dios mismo, por medio de Santa María de Guadalupe, quien se encuentra con san Juan Diego y le encomienda una misión tan grande que rebasaba sus fuerzas, era imposible para él, pero no para Dios, para que se manifestara con nítida claridad que la misión no viene de los hombres sino del mismo Dios, quien viene a encontrase con todos sus hijos por medio de la humilde sierva de Nazaret, su Madre, Santa María de Guadalupe, quien ha depositado en san Juan Diego toda su confianza. María llegó al punto de rogarle al humilde laico que fuera su intercesor para que su deseo fuese cumplido, así le dijo: “«es necesario que tú, personalmente, vayas, ruegues, que por tu intercesión se realice, se lleve a efecto mi querer, mi voluntad»” [6] ; nada menos que la Madre del Dueño del cielo y de la tierra le pide a un laico humilde y sencillo que fuera su intercesor para que se tuviera esa casita sagrada en donde Ella nos entregaría al Salvador.

Es por esto que ha sido providencial que san Juan Diego haya sido canonizado en nuestro tiempo, pues es un modelo laico de santidad que nuestra Iglesia y nuestro mundo tanto necesitan hoy; nunca antes ha sido tan valorada la participación del laico dentro de la Iglesia como en nuestros días e incluso se ha expresado: “este es el tiempo de los laicos”; de hecho la Iglesia ruega “a todos los laicos que respondan con ánimo generoso y prontitud de corazón a la voz de Cristo, que en esta hora invita a todos con mayor insistencia” [7] . Es un encuentro que se da en un corazón humilde y sencillo, que abre sus puertas a Dios y en donde Santa María de Guadalupe hace hogar, familia de Dios, “mucho quiero, mucho deseo, que aquí me levanten mi casita sagrada ”; [8] es un Acontecimiento maravilloso que por medio del indígena es para el mundo entero; por ello, la Virgen María ha elegido a un macehual y Ella le habla en su lengua náhuatl y estampa su bendita Imagen en su tilma indígena, para lanzar este mensaje a todos los seres humanos del orbe, de que el Amor quiere habitar entre nosotros y que de igual forma todos podamos ser capaces de construir la Cultura de la Vida desde el mismo corazón humilde de Dios.

Por ello, en la primera lectura del eclesiástico se nos exhorta a proceder siempre con humildad y así tener gracia ante Dios y ser iluminados por su sabiduría divina que trasciende la razón humana, y de esta manera no extraviar el camino. Pues Dios ha elegido a los sencillos y humildes. Y es tal el agrado de Dios para con los humildes que los hace ser su propio signo y testimonio; por ello exalta de júbilo el Señor y se dirige a su Padre con una inmensa alegría: “¡Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! ¡Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien!” (Mt 11, 25); porque así es el Señor Jesucristo, como él mismo lo señala: “aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón”. (Mt 11, 29)

Hay que seguir siendo los “Juan Diegos” del Nuevo Mundo que proclamen, especialmente, con el testimonio de vida, que es el Señor, nuestro Dios el único Salvador, que su amor es tan grande que puede trasformar nuestra tristeza en inmensa alegría, que puede convertir los corazones de piedra en corazones que sepan amar, que puede transformar todo temor y miedo en una confianza y certeza a toda prueba; que puede trasformar nuestro mundo enfermo de injusticias y maldad en un mundo en donde se toque la gloria. Es éste nuestro Dios y Señor que es el Humilde por excelencia y que nos ama tanto que no dudó en entregar su propia vida en una cruz y desde ella exclamar a su Padre: “Perdónalos Señor, porque no saben lo que hacen”, es precisamente desde esta cruz que Jesucristo, el Humilde, se da en abundancia y nos entrega a su propia Madre. Y ahora la humilde doncella de Nazaret, nuestra Morenita, nuestra Señora de Guadalupe, ha venido a entregarnos a su propio Hijo, y en esta gran misión ha elegido como modelo de santidad e intercesor a este humilde macehual, san Juan Diego Cuauhtlatoatzin, para que juntos vivamos en la plenitud del amor.

[1] Nican Mopohua , vv. 18-21.
[2] Nican Mopohua , vv. 9-11.
[3] Benedicto XVI , Jesús de Nazaret, p. 294.
[4] Fernando de Alva Ixtlilxóchitl , Nican Motecpana, p. 305.
[5] Benedicto XVI , Jesús de Nazaret, pp. 395-396.
[6] Nican Mopohua , v. 59.
[7] Christifideles Laici, 2.
[8] Nican Mopohua, v. 26. .

San Juan Diego


SAN JUAN DIEGO
Juan Diego mensajero de María fue escogido para una misión difícil, la lleva a cabo hasta el final y ve coronado su esfuerzo con envidiable éxito.
De origen chichimeca nace en Cuautitlán en el barrio de Tlayac en 1474; su nombre indio antes de ser bautizado fue Cuauhtlatoatzin que significa: “señor que habla como águila”.

Lo bautizó el P. Motolinia y le impuso el nombre de Juan Diego y éste es el que transmite el gran mensaje de “su hija la más pequeña”, Santa María de Guadalupe.
Fue casado con una india llamada María Lucía, la cual murió en 1529.
A los 57 años de edad, el día 9 (dos veces), 10 y 12 de diciembre de 1531 se le apareció la Virgen María en el cerro del Tepeyac. Ella le dio un mensaje para que se lo llevará al obispo electo de ese entonces Fray Juan de Zumárraga.
El 12 de diciembre de 1531 la Santísima Virgen de Guadalupe dejó su imagen estampada en el ayate de Juan Diego que extendió ante la presencia de Fray Juan de Zumárraga. Fue colocada, días después, en una ermita de adobe en el cerro del Tepeyac.
Los últimos 16/17 años de su vida, Juan Diego cuidó ejemplarmente la imagen de Santa María de Guadalupe en la ermita del Tepeyac. Murió con fama de santidad a los 74 años el 9 de junio de 1548. Se tiene noticia de que fue enterrado en la ermita que se construyó en 1531.
La tarde del 6 de mayo de 1990, México se llenó de hondo y emocionado júbilo porque el Papa Juan Pablo II a los pies del ayate en que se pintó María, estaba beatificando al confidente de la señora que con tanta entrega realizó su mandato de llevar hasta el Sr. Obispo Zumárraga la súplica de un templo en el Tepeyac. Canonizado el 31 de julio del año 2002, en la Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe.

Virtudes de Juan Diego:
Hombre de gozo interior, con dominio emocional, de firme carácter, obediente, honesto, casto; hombre de recto proceder, maduro para actuar, tenaz y perseverante para cumplir con sus compromisos; hombre humilde, grato, respetuoso y consciente de alto honor; hombre que se ocupa de cosas espirituales y que barría la ermita, se postraba con devoción delante de la Imagen de Guadalupe y la invocaba, frecuentemente se confesaba, comulgaba, ayunaba, hacía penitencia y se disciplinaba; hombre de oración constante; hombre de fe: entregado al servicio de Dios y de María Santísima; hombre de esperanza que buscaba las cosas de Dios; hombre de caridad
que enseñaba con palabras y ejemplos; hombre de alegría, que con prontitud y sacrificio asistía a la doctrina; hombre pobre de espíritu y de bienes materiales; hombre justo y practicante de la justicia; hombre de paz espiritual; hombre prudente en sus palabras y acciones.



Oración a San Juan Diego

Señor y Dios nuestro,
que por medio de San Juan Diego
quisiste manifestar a tu pueblo
el amor de la Virgen,
Santa María de Guadalupe,
concédenos, por la intercesión,
de tu humilde siervo
que, dóciles al consejo y ejemplo
de la Madre de tu Hijo y madre nuestra
hagamos siempre
y en todo tu santa voluntad.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo y es Dios
por los siglos de los siglos..

jueves, 4 de diciembre de 2008

NOVENA DE LA GRACIA A SAN FRANCISCO XAVIER


ORIGEN DE ESTA DEVOCIÓN



Con ocasión de adornar un altar en Nápoles para una fiesta de la Inmaculada Concepción en 1633, cayó desde los andamios un martillo de dos libras de peso que hirió mortalmente al Padre Marcelo Mastrilli, de la Compañía de Jesús, destrozándole la sien derecha. De día en día llego a agravarse tanto su enfermedad, que iban a darle ya la Extremaunción, pues era imposible administrarle el Viático, por no poder el enfermo ni tomar una gota de agua. Pero cuando estaban pensando en esto, he aquí que el P. Mastrilli se levanta sano y bueno... La herida había desaparecido, la cicatriz no se notaba, el Padre se sentía restablecido de repente. Bien temprano celebró su misa y dio la comunión a muchas personas que concurrieron a ver este prodigio.


Subió en seguida al púlpito, y por su propia voz explico al pueblo de Nápoles el secreto. Viéndose herido y sin esperanza de vida, había hecho voto en honor de San Francisco Javier de ir a las Misiones de Indias, si le concedía la salud. La noche última se le había aparecido el Santo animándole a cumplir su voto y recibir el martirio en el Japón (como así sucedió). El P. Mastrilli prometió la especial ayuda del santo a cuantos le invoquen y también recomendó hacerle una novena.

Más tarde, el P. Alejandro Filipucci, también curado por el santo en 1658, compuso la novena y fijó como fecha para su realización del 4 al 12 de marzo (aniversario de su canonización), aunque puede hacerse en cualquier época del año. Desde entonces esta devoción se ha divulgado rápidamente por todas partes. Se la conoce con el nombre de Novena de la Gracia "por su grande y comprobada eficacia en las necesidades de la vida presente" (S. Pío X).

MANERA DE RALIZAR LA NOVENA

Por la señal, etc.


Señor mío Jesucristo, etc.




ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Amabilísimo y amantísimo Santo: adoro con vos humildemente a la Divina Majestad y le doy gracias por los singulares dones de gracia que os concedió en vida y por la gloria de que ya gozáis. Os suplico con todo el afecto de mi alma, me consigáis por vuestra poderosa intercesión, la gracia importantísima de vivir y morir santamente. Os pido también me alcancéis la gracia especial que pido en esta novena...(aquí se piden las gracias espirituales y temporales que se desean). Y si lo que pido no conviene a mayor gloria de Dios y bien de mi alma, quiero alcanzar lo que para eso fuere más conveniente. Amén.

Un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Se puede terminar con la siguiente oración atribuida a San Francisco Javier:

ORACIÓN

Eterno Dios, Criador de todas las cosas : acordaos qué Vos criasteis las almas de los infieles haciéndolas a vuestra imagen y semejanza.

Mirad, Señor, como en oprobio vuestro se llenan de ellas los infiernos. Acordaos, Padre celestial, de vuestro Hijo Jesucristo, que derramando tan liberalmente su sangre, padeció por ellas. No permitáis que sea vuestro Hijo por más tiempo menospreciado de los infieles, antes aplacado con los ruegos y oraciones de vuestros escogidos los Santos y de la Iglesia, Esposa benditísima de vuestro mismo Hijo, acordaos de vuestra misericordia, y olvidando su idolatría e infidelidad, haced que ellos conozcan también al que enviasteis, Jesucristo, Hijo vuestro, que es salud, vida y resurrección nuestra, por el cual somos libres y nos salvamos; a quien sea dada la gloria por infinitos siglos de los siglos. Amén.


Oración.

Oh Dios, que quisiste agregar a tu Iglesia las naciones de las Indias por la predicación y por los milagros de San Francisco Javier: concédenos que, pues veneramos la gloria de sus insignes merecimientos, imitemos, también los ejemplos de sus heroicas virtudes. Por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén.







Canción de San Francisco Javier. R.P. Cristóbal Fones sj


Escucha la Canción a San Francisco Xavier


Cuando es el ocaso en el mundo
y parece que los sueños se hunden en el mar,
cuando ya nadie quiere cruzar el océano
inmenso que arrincona a los pobres,
surge tu luz, Cristo, y me envía, y me lanza...
y no hay límites para hacer de tu promesa mi misión.

.

Con Cristo en el corazón y el corazón en el horizonte,
no hay fronteras, no hay confines. Sólo Dios, mi esperanza.
No hay fronteras, no hay confines; sólo Dios, mi esperanza.




Aunque yo lo ganara todo,
de nada me sirve si no me lleva a ti.
No me detengan los vientos ni las tempestades
del rumbo que nos lleva a la vida.
En la pupila del que sufre miro lo que haces por el mundo
y se ensanchan mis sueños, y mi alma se embarca.


Vienes alegrando el camino,
vienes compartiendo tu paz y tu perdón.
Es tanto amor recibido que invita al encuentro
de un mundo que busca tu reino.
Todo, Señor, tú me lo has dado. Nada es mío, todo es gracia,
en tus manos recíbelo; tú eres mi tierra y mi misión.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Adviento 2008: Desde el 30 de Noviembre hasta el 24 de Diciembre

La Corona de Adviento .
Origen: La Corona de Adviento tiene su origen en una tradición pagana europea que consistía en prender velas durante el invierno para representar al fuego del dios sol, para que regresara con su luz y calor durante el invierno. Los primeros misioneros aprovecharon esta tradición para evangelizar a las personas. Partían de sus costumbres para enseñarles la fe católica. La corona está formada por una gran variedad de símbolos:

La forma circular: El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios que es eterno, sin principio y sin fin, y también de nuestro amor a Dios y al prójimo que nunca debe de terminar. Las ramas verdes: Verde es el color de esperanza y vida, y Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante en nuestras vidas debe ser llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre.


Las cuatro velas: Nos hace pensar en la obscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó todo el universo como las velas la corona. Así como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se fueron iluminando con la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro mundo.Son cuatro velas las que se ponen en la corona y se prenden de una en una, durante los cuatro domingos de adviento al hacer la oración en familia.


Las manzanas rojas que adornan la corona representan los frutos del jardín del Edén con Adán y Eva que trajeron el pecado al mundo pero recibieron también la promesa del Salvador Universal. El listón rojo representa nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve. Los domingos de adviento la familia o la comunidad se reúne en torno a la corona de adviento. Luego, se lee la Biblia y alguna meditación. La corona se puede llevar al templo para ser bendecida por el sacerdote.


Sugerencias

a) Es preferible elaborar en familia la corona de Adviento aprovechando este momento para motivar a los niños platicándoles acerca de esta costumbre y su significado.


b) La corona deberá ser colocada en un sitio especial dentro del hogar, de preferencia en un lugar fijo donde la puedan ver los niños de manera que ellos recuerden constantemente la venida de Jesús y la importancia de prepararse para ese momento.


c) Es conveniente fijar con anticipación el horario en el que se prenderán las velas. Toda esta planeación hará que las cosas salgan mejor y que los niños vean y comprendan que es algo importante. Así como con anticipación preparamos la visita de un invitado importante, estamos haciendo esto con el invitado más importante que podemos tener en nuestra familia.


d) Es conveniente también distribuir las funciones entre los miembros de la familia de modo que todos participen y se sientan involucrados en la ceremonia.


Por ejemplo:

un encargado de tener arreglado y limpio el lugar donde irá la corona antes de comenzar con esta tradición navideña.

un encargado de apagar las luces al inicio y encenderlas al final.

un encargado de dirigir el canto o de poner la grabadora con algún villancico.

un encargado de dirigir las oraciones para ponerse en presencia de Dios.

un encargado de leer las lecturas. un encargado de encender las velas.


Bendición de la Corona de AdvientoEn algunas parroquias o colegios se organiza la bendición de las coronas de Adviento. Si no se pudo asistir a estas celebraciones, la puede llevar a cabo el papá o la mamá con la siguiente oración: Señor Dios bendice con tu poder nuestra Corona de Adviento para que, al encenderla, despierte en nosotros el deseo de esperar la venida de Cristo practicando las buenas obras, y para que así, cuando Él llegue, seamos admitidos al Reino de los Cielos.


Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Todos: Amén.