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sábado, 26 de octubre de 2013

Homilía del Señor Cardenal Norberto Rivera Carrera en la Peregrinación de Enfermos a la Basílica de Guadalupe. 19 de Octubre de 2013

Al reunirnos para celebrar, como todos los años, este encuentro entre nuestros hermanos y hermanas enfermos y Nuestra Madre Santísima de Guadalupe, las palabras contenidas en el Evangelio que hoy se han proclamado son la Buena Noticia para todos aquellos que se encuentran atravesando el valle de lágrimas y sufrimiento humano y que han venido desde puntos muy distantes del Valle de México, unos con grandes esfuerzos, otros con pocas energías debido a su enfermedad, pero todos convocados por el amor misericordioso de Dios Nuestro Padre. Sean todos ustedes hermanos y hermanas enfermos y ancianos bienvenidos, esta es su casa, la casa de nuestra Madre.

Y todos ustedes, hermanos y hermanas enfermos y ancianos que no han podido venir, pero nos escuchan desde sus casas, o los hospitales o casas de reposo, por la radio y la TV, sientan que están aquí con nosotros en esta Basílica, no están lejos, Santa María de Guadalupe está con ustedes, junto a ustedes acompañando su enfermedad.

Quisiera recordar, en estos momentos, las palabras de Su Santidad Juan Pablo II: "Amados enfermos, el dolor es un misterio, muchas veces inescrutable para la razón. Forma parte del misterio de la persona humana, que sólo se esclarece en Jesucristo, que es quien revela al hombre su propia identidad. Sólo desde Él podremos encontrar el sentido a todo lo humano. El sufrimiento no puede ser transformado y cambiado con una gracia exterior sino interior. Pero este proceso interior no se desarrolla siempre de igual manera. Cristo no responde directamente ni en abstracto a esta pregunta humana sobre el sentido del sufrimiento. El hombre percibe su respuesta salvífica a medida que él mismo se convierte en partícipe de los sufrimientos de Cristo. La respuesta que llega mediante esta participación es... una llamada: 'Sígueme Ven', toma parte con tu sufrimiento en esta obra de salvación del mundo, que se realiza a través de mi sufrimiento. Por medio de mi cruz" ( Salvifici Doloris No. 26). Por eso, ante el enigma del dolor, los cristianos podemos decir un decidido "hágase, Señor, tu voluntad" y repetir con Jesús: "Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz; sin embargo, no se haga como yo quiero sino como quieres Tú" (Mt 26,39). (Juan Pablo II Mensaje a los Enfermos de América, Enero 24, 1999. No. 2.)

Estas palabras de Su Santidad Juan Pablo II, deben iluminar la noche obscura que muchos de ustedes han atravesado en el sufrimiento. La misión encomendada a ustedes es de altísimo valor tanto para la Iglesia como para la sociedad. Ustedes que llevan el peso del sufrimiento están en los primeros puestos que corresponden a los que ama el Señor. Jesús les ha dirigido una mirada llena de ternura; su amor nunca disminuirá. Sean testigos generosos de este amor privilegiado a través del don de sus sufrimientos, de gran alcance para la salvación del género humano.

Hermanos y hermanas enfermos, hoy parece que la cultura no sabe qué hacer con el sufrimiento y el dolor humano, y ustedes son las piedras vivas sobre las cuales se edifica la Iglesia que Cristo ha fundado. Sus enfermedades y limitaciones físicas y psíquicas son un reto para la cultura contemporánea, que pretende borrar de su horizonte el dolor y el sufrimiento. Hoy al venir y compartir con ustedes estos momentos, quiero expresar mi profundo respeto a ustedes y recordarles que estamos llamados a vivir profundamente con ustedes la misericordia de Dios Padre. Quiero que sean mis colaboradores para mostrar que, desde la enfermedad y el dolor, la Iglesia se construye y puede ser fiel a su Misión de llevar el Evangelio a nuestros hermanos, que todavía no conocen a Cristo, ustedes que han tenido ese encuentro privilegiado con Jesucristo vivo, iluminen las tinieblas de la ignorancia y el error de tantos hermanos nuestros que todavía no se encuentran cara a cara con el Buen Pastor.

Pido a ustedes hermanos y hermanas enfermos y ancianos que sean evangelizadores en sus familias, sean el Evangelio vivo para los alejados y para los que piensan que su fe se ha apagado. Su enfermedad, su soledad, sus lágrimas pueden servir mucho para cambiar los rumbos y políticas de nuestra cultura que sólo se deleita en los falsos ídolos del poder, el placer y la violencia. 

Hermanos míos que sufren: contemplen a Jesucristo crucificado, expresión máxima del amor del Padre para la humanidad, allí en la cruz están las respuestas a tantas interrogantes y dudas que el paganismo de nuestro tiempo ha sembrado en el alma de tantos mexicanos. Ustedes no son estorbo, ni su sufrimiento algo inútil, los invito a vencer la gran tentación del materialismo que sólo considera un valor lo que sirve, lo que es productivo, y que desprecia el dolor, el sufrimiento y lo identifica con una carga insoportable que hay que suprimir con el suicidio, la eutanasia o el aborto.

Sean ustedes, quienes día a día luchan por conservar el don precioso de la vida, quienes nos enseñen que la vida es sagrada, que nada ni nadie puede atentar destruirla. Ustedes saben mejor que nadie, qué profundidad tienen estas palabras, ustedes son testigos silenciosos del don sagrado de la vida, sirva su presencia, hoy aquí, para renovar el Evangelio de la Vida, que es Jesucristo mismo: Camino, Verdad y Vida.

Que sus sufrimientos y sacrificios construyan una civilización fundada en el amor, que tanto necesitamos vivir y compartir en nuestra ciudad, donde la vida sea respetada y defendida desde el momento de la concepción en el seno materno hasta sus últimos momentos de serenidad y confianza antes de partir de este mundo para llegar a los brazos amorosos de Dios, Nuestro Padre. Dios quiera que algún día no lejano este derecho humano fundamental sea reconocido por todas las instancias de nuestra sociedad plural y participativa.

Como Pastor de esta Arquidiócesis hago un llamado a todos mis hermanos sacerdotes en esta gran Ciudad de México a acercarnos al hombre sufriente, como "buenos samaritanos". Aprendamos a servir en los hombres al Hijo del hombre, aprendamos a ser misericordiosos con los que más nos necesitan y con los que tienen grandes necesidades a causa de su enfermedad. Es necesario ver con ojos solidarios los sufrimientos de los propios hermanos y no pasar de largo, sino hacerse prójimo. Aprendamos a detenernos junto al hermano herido tirado a la vera del camino y ser servidores fieles a las palabras de Jesús y busquemos la salud integral de la persona humana. Seamos voz de los que no tiene voz por estar enfermos, por estar impedidos o porque todavía no han nacido. Intentemos ser coherentes con la fe que profesamos y la vida de testimonio que estamos llamados a vivir.

Pido a todos los agentes de pastoral de salud: diáconos, religiosas, médicos, enfermeras, voluntarios y laicos comprometidos, redoblar esfuerzos para renovar y profundizar el sentido de su vocación de servicio a esta Iglesia de la Arquidiócesis de México. Ustedes que son los portadores del Evangelio y de la misericordia de Dios Padre, es indispensable sumergirse completamente en el Misterio de Dios y vivir, intensamente, una vida de oración y compromiso social con los hermanos que sufren enfermedad y pobreza y desde allí defender la vida humana, en cualquier etapa de su existencia que se encuentre.

Hago un llamado a todos los grupos apostólicos, a ustedes miembros de la Orden Hospitalaria de Malta, a los voluntariados y a toda persona de buena voluntad que visita enfermos, a unir fuerzas en favor de acciones concretas de caridad fraterna. Coloco bajo el amparo maternal de Santa María de Guadalupe a todos ustedes hermanos enfermos y ancianos. Hoy especialmente coloco en los brazos maternales de María Santísima de Guadalupe a todos aquellos niños enfermos o con malformaciones que en el vientre de sus madres, están amenazados de muerte y que posiblemente nunca lleguen a pronunciar con sus labios el Santísimo nombre de Dios.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Comunicado por la paz en Siria. Arquidiócesis de México

El Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México, y sus Obispos Auxiliares, se unen al clamor del Santo Padre, el Papa Francisco, para pedir por la paz en el mundo, especialmente en Siria, por lo que invitan a los sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y a todo el Pueblo de Dios, a unirse a la Iglesia Universal en la Jornada de Oración y Ayuno que se llevará a cabo este sábado 7 de septiembre, víspera de la fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María.

Estamos convencidos de que nada se consigue con la guerra; de que la violencia sólo genera más violencia; de que ningún país tiene la legitimidad para erigirse por sí solo como juez del mundo, y de que una injustica no se remedia cometiendo otra peor. Como lo ha dicho el Santo Padre, sólo una cultura del encuentro, del diálogo, es el único camino hacia la paz.

Jesús nos enseñó a usar las armas de la oración y el ayuno para arrojar al demonio, el homicida desde siempre y padre de la mentira. Usemos, pues, estos preciosos instrumentos para hacernos constructores de paz, la paz verdadera que es un don de Dios y que nace primeramente en el corazón de cada uno de nosotros; si tenemos paz, seremos dadores y constructores de paz, esa que tanto necesita el mundo y nuestra patria, esa que nace del amor y del perdón.

Que Santa María de Guadalupe, Reina de la Paz, interceda por nosotros, por el pueblo de Siria, y que nuestras oraciones y ayuno nos alcancen la paz para México y el mundo, por la misericordia de Dios, que es un Dios de paz.




+ Norberto Card. Rivera Carrera



Arzobispo Primado de México.

viernes, 30 de agosto de 2013

martes, 16 de abril de 2013

Condolencias por víctimas de explosiones en Boston. Arzobispado de México

 
El Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México, exhorta a los fieles para que eleven sus oraciones por las victimas de los actos violentos que tuvieron lugar en la ciudad de Boston, Estados Unidos, durante un evento deportivo.

De igual forma, el Cardenal Norberto Rivera Carrera se suma a las intenciones de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos y en especial, a las del Emmo. Sr Cardenal Sean O'Malley, Arzobispo de Boston.

Que Nuestro Señor Jesucristo y Santa María de Guadalupe, Patrona de América, reciban en la eterna gloria a las personas fallecidas en estas explosiones, devuelvan la salud a los heridos y concedan la sabiduría y resignación cristiana a familiares y amigos de todas las víctimas.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Carta del Cardenal Norberto Rivera Carrera al Santo Padre Benedicto XVI

México, D.F., Febrero 12 del 2013. 

Querido Santo Padre Benedicto XVI. 

El anuncio que hizo de la dimisión a su ministerio petrino durante la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, dentro del consistorio donde a los mexicanos nos dio la alegre noticia de la fecha de elevación a los altares de la madre Guadalupe García, nos llenó de estupor, de tristeza, y nos dejó un sentimiento de orfandad, de desamparo. 

Usted nos ha dicho un adiós sereno, pero marcado por el sufrimiento de quien durante casi ocho años ha llevado sobre sus hombros la enorme responsabilidad de apacentar el rebaño del Señor, de conducir en medio de las borrascas y los presagios más negros, la barca de la Iglesia universal, a la que supo guiar, con firmeza y mansedumbre a buen puerto. Así es Santidad, deja a la Iglesia de Jesucristo en paz, después de sortear tempestades, incomprensiones y hasta traiciones, pero usted, pese a la furia del mal, siempre permaneció incólume en la fe, siempre actuó guiado por la caridad, y cumplió el mandato que el Señor le dio, de confirmar a sus hermanos en la fe. 

También nos ha dicho que ya no tiene las fuerzas físicas para continuar ejerciendo el ministerio petrino, pero sí la voluntad para que, una vez dejado el gobierno de la Iglesia, abrace la cruz del Señor desde una vida retirada en la oración ferviente y el sufrimiento silencioso pero fecundo. Al fin, Santo Padre, tendrá ese espacio añorado para rezar, para meditar y escribir, para entrar en el sosiego que da sabernos amados por el Señor, y en el que experimentará la alegría de saberse suyo, pues toda su vida, su inteligencia y voluntad, la ha puesto al servicio de Cristo y de su Santa Iglesia. 

Gracias, Santo Padre, por estos ocho años de fecundo servicio pastoral; por su valentía al proclamar la Verdad de Jesucristo; por su magnífico y brillante magisterio; por su testimonio de amor a la humanidad; por la sencillez y la humildad que lo han llevado a tomar la valiente decisión de dejar la guía de la Iglesia, confiando en que el Señor sabrá proveer un Pastor bueno como usted, sencillo y humilde como usted, que sabrá llevarnos a nuevas praderas. 

Como Arzobispo de México, en unión con mis obispos auxiliares, presbíteros, religiosos y religiosas, y el pueblo de Dios, queremos manifestarle en este día santo, en el que da inicio la Cuaresma, nuestra más profunda admiración y gratitud. Puede tener la certeza de que no lo olvidaremos, de que lo sostendremos en sus débiles fuerzas por la oración, unida a su soledad y sufrimiento; y usted sabe, Santo Padre, que nuestra palabra es sincera, como sincero fue el amor del pueblo mexicano que se volcó lleno de alegría a recibirlo en la visita que hizo a nuestro país; este México atribulado por la violencia, la discordia y el dolor de tantas víctimas inocentes, recibió de usted la esperanza y el consuelo que hoy nos animan a seguir adelante. 

Quisiéramos decirle, Santo Padre, que no se vaya, pero vienen a nuestra mente las palabras que el Señor le dijo a Pedro: “Te aseguro que cuando eras más joven tú mismo te ceñías e ibas a donde querías, pero cuando seas anciano extenderás los brazos y será otro quien te ceñirá y te llevará a donde no quieras ir (cfr Jn 21,18)”… y entonces le dejamos partir, pues en su decisión, largamente meditada, sabe que se encuentra la voluntad de Dios, y toda su vida ha estado atento a Su voz; y ha encontrado la felicidad en la obediencia a Su voluntad. 

Imploramos a María Santísima de Guadalupe para que lo llene de su dulzura y consuelo, para que sepa que está en su regazo, que nada más ha de desear y que no tiene por qué temer. ¡Gracias! ¡Una y mil veces más, gracias! Que el Señor mismo sea su recompensa y, llegado el feliz momento del retorno a la Casa del Padre, reciba el premio a todas sus fatigas y desvelos, y sean así colmados todos sus anhelos. 

+ Norberto Card. Rivera Carrera
Arzobispo Primado de México

martes, 6 de noviembre de 2012

El Card. Rivera Carrera invita a los jóvenes a la Catedral. Con información de SIAME

Al celebrarse en este “Año de la Fe” una jornada especial dedicada a los jóvenes en la Arquidiócesis Primada de México, el cardenal Norberto Rivera Carrera ha exhortado a los jóvenes a que acudan a la misa dominical de las 12:00 horas, en la Catedral de México, que él celebra todas las semanas.

Para dar mayor realce a este jubileo de los jóvenes, ha pedido que en la Catedral de México se les designe un espacio preferente, cerca del altar.

La Catedral Metropolitana, al igual que la Basílica de Guadalupe y las sedes de las ocho Vicarías Episcopales del Arzobispado de México, han sido favorecidos en este Año de la Fe como recintos en donde los fieles pueden obtener la indulgencia plenaria que concedió el Papa Benedicto XVI.

Por esta razón, los jóvenes pueden acudir a la Catedral en familia o en grupos, provenientes ya sea de sus parroquias, colonias y vecindades, clubs, agrupaciones deportivas, culturales o entre amigos.

Para dar una mejor atención a estas personas, los interesados pueden comunicarse previamente con el Sr. Alfredo Martínez al tel. 044 55 12 100 912.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Homilía del Sr. Cardenal Norberto Rivera Carrera en la Catedral Metropolitana de México. Miércoles de Ceniza


       Muy queridos hermanos, hermanas, fieles laicos de Cristo Jesús; queridos hermanos miembros del Venerable Cabildo Metropolitano:

     La ceremonia que vamos a tener en estos momentos es sumamente sencilla, pero con un grande significado. Vamos a bendecir las cenizas pidiéndole a Dios Nuestro Padre que, a través de las prácticas cuaresmales nosotros sus fieles, podamos llegar con alma purificada a celebrar las fiestas Pascuales de su Hijo.

     La oración nos descubre el sentido profundo de la ceniza, el sentido profundo de la Cuaresma: no es otro más que prepararnos para celebrar las fiestas Pascuales.

       ¿En qué consiste celebrar las fiestas Pascuales? Por supuesto que dentro de cuarenta días, en esta misma Catedral, llegaremos a celebrar esos ritos solemnes por los cuales Cristo Jesús Resucitado se hace presente en medio de nosotros después de haber pasado por el sufrimiento, la cruz y la muerte. Es celebrar la muerte y la resurrección del Señor; pero no solamente con unos ritos litúrgicos, con una ceremonia, sino celebrar en nuestra propia vida esa muerte y esa resurrección de Cristo.

       Eso es celebrar el Misterio Pascual: muriendo cada día al pecado y comenzando la novedad de vida, un camino nuevo.

       Evidentemente ninguno de nosotros puede morir al pecado, puede ser un hombre nuevo con sus propias fuerzas, con sus propias capacidades. Necesitamos atender la voz del profeta: "Vuélvanse al Señor; todavía es tiempo, vuélvanse al Señor".

       Y eso es lo principal que tenemos que hacer como prácticas cuaresmales: acercarnos al Señor. Son muchos caminos por los cuales podemos llegar a una intimidad de estar realmente cerca del Señor, tener un encuentro vivo con Jesucristo.

       En primer lugar, por supuesto, con la oración, la oración continúa. Esa comunicación familiar con el Señor que se hace presente en nuestra vida. Es un camino, pero un camino ante todo de amor. Ese amor es el que tiene que llevarnos a una relación más cercana con Cristo Jesús, presente en nuestro caminar. Nosotros no podemos cambiar nuestra vida, nosotros no podemos dejar el pecado por nuestras propias fuerzas, no podemos emprender la novedad de vida si Cristo Jesús no nos guía, si Él no nos da la fuerza para vencer al enemigo, si Él no se hace presente en nuestro caminar. Por eso, en las prácticas cuaresmales está la oración.

       La oración que tiene que brotar, no como una exigencia impuesta, sino como una exigencia del amor. Y también esta el amor al prójimo: ahí es donde tenemos que descubrir el rostro del Señor.

       En la vida de todos los días tenemos que encontrarnos con el Señor que vive en medio de nosotros y se hace presente, sobre todo, a través de los más necesitados, de aquellos que necesitan una palabra nuestra, una sonrisa, una ayuda económica, una visita porque están enfermos o están encarcelados. Ahí es donde el Señor quiere que nosotros lo descubramos, que nosotros nos encontremos con Él.

Le pedimos al Señor llegar con el alma purificada a celebrar las Fiestas Pascuales. Sólo el Señor nos puede purificar, sólo el Señor puede darnos la fuerza para poder vivir en nosotros esa muerte y esa resurrección de Cristo.

       Por supuesto que esa cercanía con el Señor no produce en nosotros cambios mágicos. El Señor siempre espera de nosotros una respuesta; una respuesta que se tiene que dar día tras día, por eso tenemos que emprender el camino de una conversión interior. No solamente con obras externas; sino desde dentro tenemos que cambiar. Tenemos que cambiar nuestro corazón, nuestros sentimientos, nuestros afectos, tenemos que cambiar interiormente para emprender ese camino de muerte y novedad de vida.

       Esa conversión es exigente, necesita un verdadero esfuerzo, necesita actos de penitencia que se deben manifestar, sobre todo como decía anteriormente, en la vida diaria, en aquello que el Señor nos ha encomendado. No es fácil cambiar, aunque el Señor nos ofrezca su gracia y su fuerza. Necesitamos poner también nuestra decisión para el estudio, para el trabajo, para llevar a cabo aquella empresa que el Señor ha depositado en nuestras manos.

       Muchas veces quisiéramos nosotros que el cambio personal, que el cambio social se diera como por arte de magia, por unas elecciones, por una ley, por un decreto. No: es necesario el esfuerzo, es necesario el trabajo, es necesaria la renuncia. Por eso el Señor nos pide ese camino de conversión que lleva consigo siempre penitencia, esfuerzo, sacrificio.

       Nosotros muchas veces pensamos que eso del sacrificio ya es cosa del pasado. No hay redención, no hay salvación, sin la cruz, sin el sacrificio. Sería engañar al pueblo cristiano si dijéramos que eso es de siglos pasados. Si realmente queremos una transformación personal y social tenemos que amar el sacrificio, tenemos que amar la renuncia, tenemos que amar el trabajo, tenemos que amar esa dedicación con la cual se pueden construir las personas y la sociedad.
       Hermanos, hermanas, éste es el tiempo de gracia, éste es día de salvación. Que al bendecir las cenizas se realice en nosotros ese anhelo, que a través de las prácticas cuaresmales lleguemos con alma purificada a celebrar los Misterios Pascuales, la muerte y la resurrección del Señor, la muerte propia al pecado y la novedad de vida en nuestra existencia.   

viernes, 11 de noviembre de 2011

CONDOLENCIAS ARQUIDIOCESIS PRIMADA DE MEXICO

Viernes, 11 de noviembre de 2011 12:40 hrs
SIAME

El Card. Norberto Rivera Carrera y la Arquidiócesis Primada de México

Expresamos nuestras más sentidas condolencias por el lamentable fallecimiento del Sr. Francisco Blake Mora, secretario de Gobernación; del Sr. Felipe Zamora, subsecretario de Asuntos Jurídicos, del Sr. José Alfredo García, coordinador de Comunicación Social, así como de la comitiva y tripulación que les acompañaban en el accidente aéreo ocurrido este 11 de noviembre en la Ciudad de México. 

jueves, 18 de febrero de 2010

Comunicado de Prensa Arquidiócesis de México


Jueves, 18 de febrero de 2010

La Arquidiócesis Primada de México condena enérgicamente y lamenta el cobarde asesinato del Padre José Luis Parra Puerto, vicario en el Sagrario Metropolitano y Capellán en el Distrito Federal de los Caballeros de Colón.

La Iglesia de la ciudad de México exige que autoridades capaces y eficientes lleven a cabo una investigación rigurosa a fin de hacer justicia y castigar a los culpables de este sacrílego homicidio. La Arquidiócesis demanda que la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal no fabrique culpables ante este hecho como, por desgracia, ha sido su práctica cotidiana pues así lo han documentado los distintos medios de comunicación en fechas recientes. Situación que además de vergonzosa, contraviene el sentido de toda justicia que merece la ciudad.


Por ello y ante el total descrédito de las autoridades judiciales del Distrito Federal demandamos que la Procuraduría de Justicia del Estado de México coadyuve en la investigación del asesinato del P. José Luis para que el caso tenga una resolución confiable.


Esta Iglesia local recuerda el caso del Reverendo Padre Ricardo Junius Sander, Oblato de María Inmaculada, cuyo cobarde asesinato quedó ensombrecido ante la ineficiencia de la justicia capitalina que calumnió su persona y denigró su honra; o el inexplicable suicidio del hermano marista Pedro Escamilla Sánchez, director del Instituto México, quien no aceptó la imposición del transporte gratuito para las escuelas privadas y cuya valiosa vida terminó fatalmente.


El Padre José Luis Parra había asistido a una reunión de los Caballeros de Colón ayer 17 de febrero y por la noche fue interceptado junto con otro miembro de esta organización al que liberaron más tarde, no así al sacerdote a quien asesinaron luego de haber robado su camioneta.


El Arzobispado de México se une a la condena internacional de los Caballeros de Colón por el crimen cometido contra el sacerdote, quien acababa de recibir el beneplácito de una fundación que el promovió para ayudar a los más pobres. La violencia en la Ciudad de México es un mal que se está volviendo incontrolable y que urge combatirla conjuntamente con la corrupción que la acompaña. Desde la administración del Sr. Marcelo Ebrard a la fecha, son ya cinco los religiosos que han sido ultimados sin que se tengan resoluciones verosímiles que sean aceptables para la Arquidiócesis.


Nuestra ciudad no merece vivir esta violencia generalizada ni la inseguridad que la caracteriza; las autoridades deben trabajar seriamente en combatir la delincuencia, pues vemos con preocupación cómo día a día, desde la presente administración del Jefe de Gobierno del DF, Marcelo Ebrard Casaubón, la vida de los capitalinos se va deteriorando y se ve acosada por el miedo, la angustia, la zozobra y la desesperanza.


El Cardenal Norberto Rivera pide a los fieles que eleven sus oraciones a Dios Nuestro Señor y a la Santísima Virgen de Guadalupe por el eterno descanso del P. José Luis.

jueves, 14 de enero de 2010

SOLIDARIDAD CON HAITI, PIDE EL CARDENAL NORBERTO RIVERA

martes, 12 de enero de 2010


El Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México, con profunda preocupación se une a la pena por la que está pasando el hermano pueblo de Haití a causa de los sismos registrados este martes, y eleva y pide a sus fieles eleven sus oraciones a dios Nuestro Señor para que esta noble nación encuentre consuelo en la fe y obtenga la fortaleza y la ayuda necesaria para salir delante de esta trágica situación.

El Arzobispado de México hace un llamado solidario a todos los católicos para que tengan la generosa disposición de ayudar a nuestros hermanos en desgracia. En su momento, Cáritas hará la convocatoria para brindar nuestro apoyo a este país hermano.


Con especial cariño, enviamos un saludo a la Conferencia Episcopal de Haití y nuestros hermanos de Puerto Príncipe, al saber los lamentables daños que ha sufrido su Catedral, hospitales, viviendas y oficinas de gobierno.


Elevamos nuestras oraciones a la Santísima Virgen de Guadalupe y a su amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo, para que reciban de todas partes el gesto amoroso de su misericordia y protección.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Mensaje del Señor Cardenal Norberto Rivera Carrera en el Centro Cultural México- Turquia


México, D.F. 10 de septiembre 2009


Señores Directores del Centro de Intercambio Cultural México-Turquía.

Señor Embajador de Turquía en México

Autoridades del Gobierno Mexicano

Señoras y señores:

Quiero manifestar mi alegría por estar entre ustedes en este Centro de intercambio cultural entre dos naciones de grandes tradiciones culturales y religiosas, México y Turquía, y de grandes experiencias de hospitalidad y apertura hacia las distintas naciones del mundo. México inició una nueva etapa de su historia en la llamada revolución de 1910, al tiempo que Turquía inicia con Mustafá Kemal Ataturk su etapa de modernidad. También debemos destacar el esfuerzo contemporáneo de un México más abierto a la democracia y al reconocimiento de los derechos humanos fundamentales, señaladamente el de la libertad religiosa, tal como comienza a suceder también en la historia de Turquía, deseosa de abrir sus espacios hacia la Europa occidental con quien tiene fuertes vínculos.

Al pensar en la gran nación turca, desde siempre puente entre oriente y occidente, puerta entre el continente asiático y el europeo, no puedo dejar de señalar la historia antigua de este gran territorio que guarda una estrecha relación con la cultura helenista y romana y, muy especialmente, con los orígenes de las primeras comunidades de la Iglesia, siendo la patria de uno de los principales forjadores de nuestra tradición cristiana: san Pablo de Tarso y siendo la segunda patria de uno de los más notables apóstoles, san Juan el evangelista, con quien se vincula en una antigua tradición la permanencia de la Virgen María en Éfeso. Tampoco puedo dejar de recordar los grandes momentos en el desarrollo de la Iglesia a través de los concilios de los siglos IV y V, de Nicea, Constantinopla, Éfeso y Calcedonia, todos dentro de este territorio que se organizó en torno al patriarcado de Constantinopla, caminando por varios siglos junto al imperio bizantino, y que nos ha dejado, como testimonio imperecedero, la Basílica de Santa Sofía, en la actualidad una gran mezquita de Estambul.



Son muchas las historias que podríamos recordar, historias de culturas y pueblos que hoy forman una nueva realidad, tal como sucede también en México, donde sus culturas antiguas y sus habitantes originales se han transformado y se han enriquecido con el encuentro nuevas culturas y nuevos contingentes humanos. Nunca ha sido fácil para los pueblos el desarrollo de su historia, y no es la excepción ni para México, ni para Turquía. Hoy, sin embargo, tienen una fisonomía propia y buscan desplegar su identidad hacia el futuro en pacífica convivencia con las demás naciones. Por ello quiero manifestar mi aprecio por este singular centro de intercambio cultural en el que nos encontramos reunidos esta noche.



Hay un motivo que nos anima a compartir este momento no solo como ciudadanos de un país, unos de México, otros de Turquía, sino también como herederos de una gran tradición religiosa, el reconocimiento del único Dios, que desde el Patriarca Abraham nos lleva por caminos paralelos en la búsqueda y en la obediencia del Altísimo, del único Santo, Señor y dador de vida, Señor del universo todo. Quiero recordar las palabras con que el Concilio Vaticano II, nos anima a fortalecer nuestros lazos de amistad cuando dice que “La Iglesia mira con aprecio a los musulmanes, que adoran al único Dios vivo y subsistente, misericordioso y omnipotente, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres, a cuyos ocultos designios procuran someterse por entero, como se sometió a Dios Abrahán, a quien la fe islámica se refiere de buen grado. Veneran a Jesús como profeta… honran a María, su madre virginal, y a veces incluso la invocan devotamente. Además, esperan el día del juicio, cuando Dios recompensará a todos los hombres una vez que hayan resucitado. Aprecian, por tanto, la vida moral y veneran a Dios sobre todo con la oración, las limosnas y el ayuno. Si bien en el transcurso de los siglos han surgido no pocas disensiones y enemistades entre cristianos y musulmanes, el santo Sínodo exhorta a todos a que, olvidando lo pasado, ejerzan sinceramente la comprensión mutua, defiendan y promuevan juntos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres” [1] .



Un gran amigo de México, en la fe y en el testimonio del único Dios, el Papa Juan Pablo II, visitó nuestros dos países hace treinta años. Fue él quien expresó “México siempre fiel” al contemplar nuestra religiosidad, y en su visita a Turquía a finales del mismo año en 1979, decía, “Me pregunto si no será urgente, precisamente hoy en que los cristianos y los musulmanes han entrado en un nuevo periodo de la historia, reconocer y desarrollar los vínculos espirituales que nos unen, a fin de “defender y promover juntos la justicia social, los valores morales, la paz y la libertad” [2] .



También es oportuno recordar las palabras que dirigió el Papa Benedicto XVI a las autoridades turcas durante su visita en 2006, donde dijo: “espero que lleguemos a conocernos mejor, fortaleciendo los vínculos de afecto entre nosotros, con el deseo común de convivir en armonía, en paz, y con confianza mutua. Como creyentes, encontramos en la oración la fuerza necesaria para superar todo rastro de prejuicio y dar un testimonio común de nuestra firme fe en Dios” [3] .



Quiero hacer mías todas estas expresiones que muestran la actitud de apertura y respeto de la Iglesia católica hacia el mundo musulmán en general y el pueblo turco, en especial. Una actitud que debe ir más allá de discursos y pronunciamientos, a los hechos concretos en la relación de las personas y en la apertura de caminos de confianza, de dialogo y mutuo aprecio, por nuestras inquietudes espirituales y nuestros valores comunes. Hoy debemos manifestar juntos nuestro amor y respeto a la vida como don de Dios, nuestro compromiso con el reconocimiento de la dignidad humana y vocación a la trascendencia. Juntos podemos buscar que haya un verdadero respeto a la libertad religiosa y al derecho de los creyentes para participar en la construcción de la sociedad a la que pertenecen.



No cabe duda que una de las grandes acciones que debemos manifestar mucho más a menudo al mundo y a la cultura de hoy, es nuestra convivencia en armonía y en paz, dentro de nuestra común búsqueda de Dios. Un mundo que se destruye entre el odio y la violencia debe contemplar que nuestros caminos hacia Dios nos unen en el respeto y el aprecio, y nos llevan a dar un testimonio común de amistad, sin dejar las propias convicciones y sin confundir nuestros propios caminos hacia Dios. El mundo de hoy espera de nosotros signos más coherentes de reconciliación y fraternidad. Son los odios los que impiden a muchos encontrar caminos hacia el Verdadero Dios, es la violencia la que aleja a muchos de la verdadera esperanza. Cuando avanza en muchos ambientes la incredulidad y el materialismo, cuando entre muchos jóvenes de nuestro tiempo hay un vacío espiritual, se hace más urgente mostrar con sencillez y coherencia la alegría de la fe y la capacidad de compartir la riqueza de nuestras tradiciones religiosas.



Quiero manifestar como Arzobispo y Pastor de esta iglesia Arquidiocesana de México mi gratitud por esta deferencia de hacernos participar en la ruptura del ayuno de este día, en el mes de Ramadán, dentro de los últimos diez días que, de acuerdo a la tradición, debe ser el periodo más intenso. Compartimos el sentido religioso del ayuno, como escuela de disciplina y de piedad, no solo por la abstinencia de los alimentos, sino también por el crecimiento moral que implica, al exigirnos de manera personal, dejar de lado malas acciones y desarrollar nuestra generosidad hacia los demás. Compartimos el sentido religioso del ayuno, que desde tiempos antiguos acompaña a los todos los fieles como una expresión de renuncia a las cosas importantes de la vida, como preparación para recibir una mayor experiencia de Dios.



Mi gratitud por esta iniciativa para reunirnos, mi aprecio por este testimonio de religiosidad que nos edifica mutuamente.



Que Dios nos bendiga a todos, ¡Sólo Dios es grande!

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[1] Documentos del Concilio Vaticano II (1962-1965), Declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas (Declaración Nostra Aetate) #3.



[2]Viaje Apostólico de su Santidad Juan Pablo II a Turquía, Homilía en la liturgia celebrada para los católicos de Ankara, #3. 20 de noviembre 1979. L´Osservatore Romano, edición en español, 9 de diciembre 1979, p 8.



[3] Viaje Apostólico de su Santidad Benedicto XVI a Turquía, Discurso del Santo Padre durante el encuentro con el Presidente del Departamento de Asuntos Religiosos de Turquía, 28 de noviembre 2006.

viernes, 14 de agosto de 2009

viernes, 19 de junio de 2009

Homilía pronunciada por el Emmo. Sr. Cardenal Norberto Rivera, Arzobispo Primado de México


Homilía
pronunciada por el Emmo. Sr. Cardenal Norberto Rivera, Arzobispo Primado de México, en la Eucaristía Solemne de la Inauguración del Año Jubilar Sacerdotal, en la Basílica de Guadalupe
.

19 de junio de 2009

Con ocasión del 150° Aniversario de la Muerte del Santo Cura de Ars. Juan María Vianney, su Santidad Benedicto XVI nos ha convocado a Celebrar, con todas las Iglesias esparcidas por el mundo y con las cuales formamos una Sola Iglesia, Un Año Sacerdotal, teniendo como lema “Fidelidad de Cristo, fidelidad del Sacerdote.”

Nos unimos a S. S. Benedicto XVI y a la Iglesia Universal deseando contribuir a promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo.

El Santo Padre nos ha recordado este pensamiento del Santo cura de Ars: "El Sacerdocio es el amor del corazón de Jesús", Esta conmovedora expresión nos da pie para reconocer con devoción y admiración el inmenso don que suponen los sacerdotes, no sólo para la Iglesia, sino también para la humanidad misma. Tengo presente a todos los presbíteros que con humildad repiten cada día las palabras y los gestos de Cristo a los fieles cristianos y al mundo entero, identificándose con sus pensamientos, deseos y sentimientos, así como con su estilo de vida. ¿Cómo no destacar sus esfuerzos apostólicos, su servicio infatigable y oculto, su caridad que no excluye a nadie? Y ¿qué decir de la fidelidad entusiasta de tantos sacerdotes que, a pesar de las dificultades e incomprensiones, perseveran en su vocación de "amigos de Cristo", llamados personalmente, elegidos y enviados por Él?

Pero la expresión utilizada por el Santo Cura de Ars evoca también la herida abierta en el Corazón de Cristo y la corona de espinas que lo circunda. Y así, pienso en las numerosas situaciones de sufrimiento que aquejan a muchos sacerdotes, porque participan de la experiencia humana del dolor en sus múltiples manifestaciones o por las incomprensiones de los destinatarios mismos de su ministerio: ¿Cómo no recordar tantos sacerdotes ofendidos en su dignidad, obstaculizados en su misión, a veces incluso perseguidos hasta ofrecer el supremo testimonio de la sangre?

Sin embargo, también hay situaciones, nunca bastante deploradas, en las que la Iglesia misma sufre por la infidelidad de algunos de sus ministros. En estos casos, es el mundo el que sufre el escándalo y el abandono. Ante estas situaciones, lo más conveniente para la Iglesia no es tanto resaltar escrupulosamente las debilidades de sus ministros, cuanto renovar el reconocimiento gozoso de la grandeza del don de Dios, plasmado en espléndidas figuras de Pastores generosos, religiosos llenos de amor a Dios y a las almas, directores espirituales clarividentes y pacientes. En este sentido, la enseñanza y el ejemplo de san Juan María Vianney pueden ofrecer un punto de referencia significativo.

Hermanos sacerdotes, ustedes son importantes no sólo por cuanto hacen sino, sobre todo por lo que son. Con el Prefecto de la Congregación para el Clero, el Cardenal Hummes, constatamos realmente que la inmensa mayoría de nuestros sacerdotes son personas dignísimas, dedicadas al ministerio, hombres de oración y de caridad pastoral, que dedican toda su vida a realizar su vocación y misión y, en muchas ocasiones, con grandes sacrificios personales, pero siempre con una amor auténtico a Jesucristo, a la Iglesia y al pueblo, solidarios con los pobres y con quienes sufren. Por eso la Iglesia se muestra orgullosa de ustedes sacerdotes.

El Santo Padre nos invita a meditar sobre la fidelidad de Cristo y nuestra fidelidad a El cómo sacerdotes. Nosotros, sus Obispos, les agradecemos esa fidelidad a Cristo y a su ministerio sacerdotal en las comunidades eclesiales, desde las distintas condiciones del mundo actual.

Les animamos a seguir como discípulos misioneros, entregados a la desafiante y apasionada tarea de la Gran Misión, desde su experiencia de encuentro y seguimiento a Jesucristo, el Señor, hasta la puesta en práctica de los programas y procesos evangelizadores, de ir familia por familia, casa por casa.

Con el Espíritu de Jesús continúen renovando la alegría de su fe, la firmeza de su esperanza, la apasionada entrega de su caridad pastoral, en el gozo del ministerio que el Espíritu Santo les ha confiado, por la imposición de las manos.

Comprendemos y compartimos las dificultades y exigencias de los tiempos presentes que estamos llamados a vivir. Somos consientes de que la mies es mucha y los trabajadores escasean. Sufrimos el sentimiento de impotencia ante tantas realidades y situaciones que nos desbordan, humana, social y personalmente, en la pastoral urbana, suburbana, poblacional o campesina; lo mismo que la profunda crisis de valores y de humanidad que estamos viviendo.

Nos duelen las heridas del Cuerpo de Cristo, especialmente aquellas que desprecian el amor que brota de su “costado abierto”; asimismo nos lastiman las incoherencias en las que tantas veces incurrimos en nuestra condición de sacerdotes. Aunque es verdad que algunos hermanos sacerdotes, en un porcentaje muy pequeño, se han visto implicados en graves problemas y situaciones difíciles; sin embargo, como padres, hermanos y amigos, con ustedes damos gracias a Dios por el don inmenso del sacerdocio ministerial que hemos recibido de Jesucristo y que estamos luchando por vivir con fidelidad amorosa.

También queremos darles las gracias a ustedes, nuestros sacerdotes, con quienes compartimos juntos la hermosa misión de anunciar el Evangelio en medio de tantas dificultades y desafíos de nuestra gran ciudad.

En consecuencia, nosotros sus Obispos, estamos decididos a que este Año Sacerdotal sea “un año positivo y propositivo”. Por eso, a nombre de la Iglesia, queremos decirles a ustedes, que estamos orgullosos de ustedes, que los amamos, que los veneramos, que los admiramos y que reconocemos con gratitud su trabajo pastoral y su testimonio cotidiano de vida Sacerdotal y, sobre todo, su ser de hombres consagrados para hacer presente a Cristo.

En Nuestra Arquidiócesis de México, la vicaría de agentes, a través del Secretariado para el Ministerio Ordenado y de la Comisión para el Presbiterio se encargará de la Coordinación General de todos el proyecto en relación con el Año Sacerdotal, teniendo siempre como objetivo presentar a nuestro pueblo cristiano la grandeza y belleza del Sacerdocio, invitando a los sacerdotes a reflexionar sobre la verdad de su vida y ministerio, en orden a vivir y actuar con más profundidad y alegría y hacer llegar la invitación de Jesús que sigue llamando a quien el quiere para el ministerio sacerdotal.

Desde ahora quiero agradecer a las hermanas que oran por nosotros y a los laicos, a las organizaciones laicales que tienen el carisma de ser colaboradores del ministerio sacerdotal.

Como lo proyectó el Papa desde el instante en que convocó este año sacerdotal, para quienes integramos la Provincia Eclesiástica de México, particularmente para los sacerdotes, es un Año cuyo espíritu confluye y viene a impulsar extraordinariamente nuestra tarea eclesial evangelizadora de la Gran Misión Continental. Para realizarla en profundidad, hemos venido caminando con generosidad y entrega, como discípulos misioneros de Jesucristo, gracias al proceso de conversión personal, pastoral y estructural, que el Espíritu santo ha vendo suscitando en nuestra Arquidiócesis.

Entremos con fe y con entusiasmo en la realización de esta feliz iniciativa de Su Santidad Benedicto XVI que ha querido dedicar un Año para nosotros los sacerdotes. Dios bendecirá nuestros esfuerzos y Santa María de Guadalupe, Madre de los Sacerdotes, profundamente vinculada a nuestra Arquidiócesis, desde el Tepeyac nos ayudará con su intercesión, para que el amor que nos apremia y transforma, vaya forjando cada día más en nosotros nuestra identidad con Jesús, sumo Sacerdote y buen Pastor.

Vivamos el don de este Año Sacerdotal en la fraternidad sacramental, pero siempre, unidos a todo el Pueblo Santo de Dios, a quien nos debemos, por quien fuimos ordenados, a quienes fuimos destinados en nuestro ministerio sacerdotal.

sábado, 23 de mayo de 2009

MENSAJE DEL ARZOBISPO PRIMADO DE MÉXICO. Jornada Mundial de la Comunicación


Este 24 de mayo, la Iglesia Católica celebra la 43 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2009, en la que el Santo Padre Benedicto XVI puso como tema para nuestra reflexión "Nuevas tecnologías, nuevas relaciones. Promover una cultura de respeto, de diálogo, de amistad."

Aunque el tema es basto y mucho se podría decir sobre cada punto, lo primero que hay que destacar al hablar de “nuevas tecnologías”, es el reconocimiento de un mundo cambiante que exige y perfecciona las herramientas que utiliza el ser humano, en su propio beneficio y el de la sociedad.



En este contexto, la Iglesia de Cristo debe promover el aprovechamiento racional de estos medios y así como advierte del mal uso que de ellos se pudiera hacer para promover el mal, también contempla una posibilidad más para llevar por estos conductos, hasta los más distantes rincones de nuestra patria, el mensaje salvífico de nuestro Señor Jesús. De igual modo, exhortamos a los responsables del aprovechamiento de estos medios que se esfuercen y busquen los mecanismos adecuados para que la tecnología llegue a todos, aun, aquellas personas que carezcan de recursos para aprovechar estos importantes instrumentos.



El Papa Benedicto XVI también destacó “la cultura del respeto, del diálogo y de la amistad”. En su reciente viaje por Tierra Santa, Su Santidad dio ejemplo vivo de estos conceptos llevados a la práctica entre hermanos judíos y musulmanes que históricamente han tenido severos conflictos que han llevado a la muerte a innumerables personas.



El Papa nos ha dicho que las religiones no dividen, por el contrario, son elementos de unión basados en el amor a Dios y a nuestros semejantes. Los medios de comunicación, de igual manera, pueden contribuir enormemente al diálogo y al entendimiento, al respeto mutuo y finalmente a la amistad entre todos, pueblos y personas.



El Santo Padre, en estas mismas Jornadas de comunicación, ha pedido que recemos especialmente en este día, por los comunicadores que en diversas partes del mundo han muerto o sufren persecución y limitación de su libertad en el ejercicio de su profesión periodística.



Aunado al deseo del Papa Benedicto XVI, animamos a los comunicadores cristianos a continuar empeñados en el logro de un mayor espacio para los medios en la Iglesia y un mayor espacio para Dios en los medios comunicación, en un tiempo secularizado como el nuestro, en el que, como certeramente ha señalado el Papa, "la prioridad que está por encima de todas es hacer presente a Dios en este mundo y abrir a los hombres el acceso a Dios... porque en amplias zonas de la tierra la fe está en peligro de apagarse como una llama que no encuentra ya su alimento" (Carta de Benedicto XVI a los Obispos. 10.3.2009).



Norberto Cardenal Rivera Carrera.
Arzobispo Primado de México

jueves, 7 de mayo de 2009

Reanudación de las celebraciones dominicales


Reanudación de las celebraciones dominicales

La Arquidiócesis Primada de México agradece sinceramente a todos los señores párrocos, y administradores parroquiales por haberse apegado a las instrucciones del Emmo. Sr. Cardenal, Norberto Rivera Carrera, durante la contingencia declarada por la epidemia de influenza que obligó a tomar la dolorosa decisión de suspender la Santa Misa, durante dos domingos consecutivos.


Los sacrificios realizados por esta Iglesia particular al cumplir con las instrucciones sanitarias dadas por las autoridades civiles han dado frutos, como lo demuestran las estadísticas referentes a la reducción de contagios y decesos en esta ciudad. Esto mismo nos debe seguir alentando para no bajar la guardia, por lo cual debemos tomar todas las precauciones necesarias a fin de que la epidemia llegue a su fin.



Así mismo, el Sr. Arzobispo pide a todos los fieles a seguir implorando a la Virgen de Guadalupe su maternal intercesión para que cese este mal, no tan sólo en nuestra país sino en el mundo entero.



Como respuesta a los alentadores resultados de esta campaña sanitaria que se han obtenido en la ciudad de México, el Sr. Cardenal Norberto Rivera Carrera ordena el restablecimiento de la celebración de la Sagrada Eucaristía dominical y las demás actividades pastorales y parroquiales de la Arquidiócesis de México.



De igual modo, el Sr. Cardenal agradece a los fieles el haber colaborado con la Iglesia y con nuestros gobernantes en el combate de esta emergencia sanitaria y pide a todos seguir colaborando con las autoridades y con los pastores respectivos cumpliendo las nuevas recomendaciones hechas por los expertos del sector salud, como son, el que los fieles que asistan a las misas porten los cubre bocas y que al término de cada celebración, los encargados de atender la limpieza de los templos desinfecten las bancas y reclinatorios en donde estuvieron los fieles.

Además de estas nuevas recomendaciones siguen vigentes y se deben observar las normas sanitarias que ha publicado la Arquidiócesis para la celebración de la Eucaristía, mientras siga el estado de alerta. Encomendando a la Virgen de Guadalupe la salud y el futuro de nuestra patria que ha sabido mostrar responsabilidad y solidaridad en los momentos difíciles fortaleciéndonos así como cristianos y mexicanos.


México D.F. a 7 de mayo de 2009

viernes, 1 de mayo de 2009

sábado, 25 de abril de 2009

ORACIÓN A LA VIRGEN DE GUADALUPE PARA ENCOMENDAR A MÉXICO POR LA EPIDEMIA DE LA INFLUENZA

Escucha la Oraciòn en voz del Señor Cardenal Norberto Rivera Carrera


Santa María de Guadalupe:
A ti que nos amas con especial ternura,
velas por nosotros con maternal intercesión
y nos procuras siempre tu eficaz ayuda
suplicamos tu protección y auxilio
para superar pronto esta epidemia
que ha venido a afectar nuestra nación.


Cúbrenos con tu manto,
líbranos de este mal.


Ruega por todas las autoridades
y por quienes tienen poder de decisión
para que sepan establecer medidas y prioridades
para prevenir y ayudar a toda la población,
y en particular a quienes son más vulnerables.


Concédenos prudencia y serenidad
para actuar con mucha responsabilidad
y así evitar ser contagiados o contagiar.


Socorre al personal de salud,
vela por la recuperación de los enfermos
y sé consuelo de quien se encuentran en duelo.


Madre del Verdadero Dios por quien se vive,
Tú que nos has rescatado de otras plagas,
encomiéndanos a la misericordia
de Aquel que nos sanó con Sus llagas
y nos libró de la muerte con Su Resurrección.


Enséñanos a unir nuestro dolor al Suyo
para hallarle sentido redentor
y salir de esta adversidad fortalecidos
en la fe, la esperanza y el amor. Amén.


+Norberto Card. Rivera Carrera
Arzobispo Primado de México


Suspensión de la celebración de la Santa Misa en el Distrito Federal

El Cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo primado de México, es plenamente conciente de la misión que el Señor le ha confiado: apacentar al rebaño y procurar el bien de sus fieles, y el bien de las personas no sólo concierne a su salud espiritual sino también a su integridad corporal, por ello, profundamente, preocupado y entristecido por las victimas que ha provocado la epidemia de influenza porcina que azota a la ciudad de México y a diversas entidades del país, y en solidaridad responsable con las autoridades federales y locales, ha tomado la grave decisión de pedir a todos los sacerdotes -que prestan su ministerio en esta Iglesia Particular-, con carácter de obligatorio, la suspensión de la Celebración Eucarística de este tercer domingo de Pascua de Resurrección en todas las parroquias, rectorías y templos de la Arquidiócesis de México, cuyo territorio comprende la demarcación política del Distrito Federal.



Esta decisión de excepción exime a los fieles cristianos del cumplimiento del precepto dominical, por lo que el Sr. Cardenal pide que se unan a la Eucaristía que él preside a través de la transmisión radiofónica que se hace cada domingo en la frecuencia de RADIO CENTRO 1030 de AM, y estén atentos a la posibilidad de que algunas televisoras de alcance nacional se hagan solidarias con este noble propósito así como las misas transmitidas en los canales católicos de televisión, ya sea Mariavisión o El Sembrador.



La suspensión dominical del culto no incluye el cierre de los templos, pues es precisamente en estos momentos de aflicción que los fieles acuden confiados al amparo divino a través del cual Dios nos muestra su compasión y su infinita misericordia.



El Señor Cardenal invita a los fieles a realizar celebraciones de la Palabra en familia leyendo las lecturas y el evangelio del día, así mismo, convoca a la Arquidiócesis de México a un novenario de oración que iniciará el día de mañana domingo, pidiendo a la Santísima Madre de Dios, María de Guadalupe, que libre a la ciudad y al país de esta amenaza que se cierne sobre sus habitantes, como de manera prodigiosa lo ha hecho en el pasado, especialmente en la peste que sufrió esta misma ciudad en los años de 1554, 1695, 1736 y 1850.



Por otra parte, el cardenal Norberto Rivera Carrera, consciente de la obligación que tienen los sacerdotes de celebrar la Santa Misa, les pide que lo hagan en privado a fin de cumplir con su obligación y que a partir de este domingo, durante nueve días pongan la intención de su Eucaristía por la salud del pueblo mexicano.



El Arzobispo de México, una vez más pide a los fieles católicos estar muy atentos a las indicaciones de prevención que continuamente están dando las autoridades a fin de que siendo responsables ayuden a que este mal sea combatido con rapidez y eficiencia. Así mismo vuelve a instruir a Cáritas Arquidiócesis de México, los señores párrocos y rectores a que pongan a disposición los fieles los dispensarios médicos y las medicinas correspondientes. El Señor Cardenal recuerda a los fieles que la fe es nuestra fuerza y la caridad nuestro deber primordial para con nuestros hermanos necesitados

miércoles, 25 de febrero de 2009

Homilía pronunciada por el Sr. Cardenal Norberto Rivera Carrera en la Catedral Metropolitana de México

Escucha la Homilía del Sr. Cardenal Norberto Rivera Carrera


25 de febrero de 2009, miércoles de Ceniza

Un rito simbólico, gesto propio y exclusivo del primer día de Cuaresma, es la imposición de la ceniza. ¿Cuál es su significado más hondo? Ciertamente, no se trata de un mero ritualismo, sino de algo más profundo, que toca nuestro corazón. Nos ayuda a comprender la actualidad de la advertencia del profeta Joel, que recoge la primera lectura, una advertencia que conserva también para nosotros su validez saludable: a los gestos exteriores debe corresponder siempre la sinceridad del alma y la coherencia de las obras.

En efecto, ¿de qué sirve –se pregunta el autor inspirado- rasgarse las vestiduras, si el corazón sigue lejos del Señor, es decir, del bien y de la justicia? Lo que cuenta, en realidad, es volver a Dios, con un corazón sinceramente arrepentido, para obtener su misericordia (cf. JL 2, 12-18). Un corazón nuevo y un espíritu nuevo es lo que pedimos en el Salmo penitencial por excelencia, el Miserere, que hoy cantamos con el estribillo “Misericordia, Señor: hemos pecado”. El verdadero creyente, consciente de que es pecador, aspira con todo su ser – espíritu, alma y cuerpo- al perdón divino, como a una nueva creación, capaz de devolverle la alegría y la esperanza (cf. Sal 50, 3.5.12.14).



Otro aspecto de la espiritualidad cuaresmal es el que podríamos llamar “de lucha”, y se refleja en la oración colecta de hoy, donde se habla de “armas” de la penitencia y de “combate” contra las fuerzas del mal. Cada día, pero especialmente en Cuaresma, el cristiano debe librar un combate, como el que Cristo libró en el desierto de Judá, donde durante cuarenta días fue tentado por el diablo, y luego en Getsemaní, cuando rechazó la última tentación, aceptando hasta el fondo la voluntad del Padre.



Se trata de un combate espiritual, que se libra contra el pecado y, en último término, contra Satanás. Es un combate que implica a toda la persona y exige una atenta y constante vigilancia. San Agustín afirma que quien quiere caminar en el amor de Dios y en su misericordia no puede contentarse con evitar los pecados graves y mortales, sino que “hace la verdad reconociendo también los pecados que se consideran menos graves (…) y va a la luz realizando obras dignas. También los pecados menos graves, si nos descuidamos, proliferan y producen la muerte” (In lo. Evang. 12, 13, 35).



Por consiguiente, la Cuaresma nos recuerda que la vida cristiana es un combate sin pausa, en el que se deben usar las “armas” de la oración, el ayuno y la penitencia. Combatir contra el mal, contra cualquier forma de egoísmo y de odio, y morir a sí mismos para vivir en Dios es el itinerario ascético que todos los discípulos de Jesús estamos llamados a recorrer con humildad y paciencia, con generosidad y perseverancia.



El dócil seguimiento del divino Maestro convierte a los cristianos en testigos y apóstoles de paz. Podríamos decir que esta actitud interior nos ayuda también a poner mejor de relieve cuál debe ser la respuesta cristiana a la violencia que amenaza la paz del mundo. Ciertamente, no es la venganza, ni el odio, ni tampoco la huida hacia un falso espiritualismo. La respuesta de los discípulos de Cristo consiste, más bien, en recorrer el camino elegido por él, que, ante los males de su tiempo y de todos los tiempos, abrazó decididamente la cruz, siguiendo el sendero más largo, pero eficaz, del amor. Tras sus huellas y unidos a él, debemos esforzarnos todos por oponernos al mal con el bien, a la mentira con la verdad, al odio con el amor.



En la encíclica Deus caritas est el Papa Benedicto XVI presentó el amor como el secreto de nuestra conversión personal y eclesial. Comentando las palabras de san Pablo a los Corintios: “Nos apremia el amor de Cristo” (2 Co 5, 14), subrayando que “la conciencia de que en él Dios mismo se ha entregado por nosotros hasta la muerte tiene que llevarnos a vivir no ya para nosotros mismos, sino para él y, con él, para los demás” (n. 33).



El amor, como reafirma Jesús en el pasaje evangélico de hoy, debe traducirse después en gestos concretos a favor del prójimo, y en especial a favor de los pobres y los necesitados, subordinando siempre el valor de las “obras buenas” a la sinceridad de la relación con el “Padre celestial”, que “ve en lo secreto” y “recompensará” a los que hacen el bien de modo humilde y desinteresado (cf. Mt 6, 1. 4. 6. 18).



La concreción del amor constituye uno de los elementos esenciales de la vida de los cristianos, a los que Jesús estimula a ser luz del mundo, para que los hombres, al ver sus “buenas obras”, glorifiquen a Dios (cf. Mt. 5, 16). Esta recomendación llega a nosotros muy oportunamente al inicio de la Cuaresma, para que comprendamos cada vez mejor que “la caridad no es una especie de actividad de asistencia social (…), sino que pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia” (Deus caritas est, 25). El verdadero amor se traduce en gestos que no excluyen a nadie, a ejemplo del buen samaritano, el cual, con gran apertura de espíritu, ayudó a un desconocido necesitado, al que encontró “por casualidad” a la vera del camino (cf. Lc 10, 31).