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sábado, 1 de diciembre de 2012
Especial. Presidencia de la República en redes sociales
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lunes, 26 de marzo de 2012
Palabras de despedida del Presidente Felipe Calderón Hinojosa al Santo Padre Benedicto XVI en el Aeropuerto de León
Su Santidad Benedicto XVI.
Muy honorables integrantes de la Comitiva que le acompaña.
Señores representantes de los Poderes de la Unión.
Señor Licenciado Juan Manuel Oliva, Gobernador del Estado de Guanajuato.
Señores Gobernadores.
Estimados colaboradores del Gobierno Federal.
Señores Cardenales.
Señores Arzobispos.
Señores Obispos.
Muy queridas niñas, muy queridos niños, muy queridos jóvenes mexicanos.
Mexicanas y mexicanos:
Muy honorables integrantes de la Comitiva que le acompaña.
Señores representantes de los Poderes de la Unión.
Señor Licenciado Juan Manuel Oliva, Gobernador del Estado de Guanajuato.
Señores Gobernadores.
Estimados colaboradores del Gobierno Federal.
Señores Cardenales.
Señores Arzobispos.
Señores Obispos.
Muy queridas niñas, muy queridos niños, muy queridos jóvenes mexicanos.
Mexicanas y mexicanos:
En nombre del pueblo y del Gobierno de México, agradezco enormemente a Su Santidad Benedicto XVI la visita que ha llevado a cabo en nuestro país.
Han sido tres días de intensa emoción, en los que se han encontrado el profundo pensamiento y el afecto de un líder espiritual, con la entrega de un pueblo que expresa su fe en plena libertad.
Al recibir a Su Santidad, las mexicanas y los mexicanos lo hemos hecho con profunda alegría y con lo mejor de nuestra hospitalidad.
Ha sido memorable la manera en que cientos de miles de personas, especialmente jóvenes, han manifestado su júbilo en las calles, en las plazas, tanto de León, como de Guanajuato, como de esta Ciudad de Silao; ciudades que han mostrado lo mejor de su rostro para recibirlo.
México nunca olvidará a Su Santidad. México lo llevará a usted siempre, en el alma.
Su Santidad:
Llévese para siempre las sonrisas de nuestros niños, las porras de nuestros jóvenes, las innumerables muestras de afecto, de respeto y de gratitud de las que fue objeto a lo largo de sus recorridos, y en cada uno de sus encuentros.
Esperemos que se lleve por siempre este recuerdo, de un México que lo quiere y que siempre lo recibirá con cariño y con los brazos abiertos.
Lleve, también, consigo, las lágrimas de las personas a quienes usted ha consolado, las preocupaciones cotidianas de quienes padecen pobreza, marginación o violencia.
Tenga siempre presente a México y abogue por él.
La visita de Su Santidad ha colmado a los mexicanos en muchas formas: de emoción, al vivir inolvidables momentos; de esperanza, al escuchar sus mensajes. Pero, sobre todo, ha tocado usted el corazón de los mexicanos con su cercanía y con su afecto.
Los millones de mexicanas y mexicanos que se alegran con su presencia, conservan, desde ahora, el eco de sus palabras con las que ha sembrado una semilla de paz y de esperanza.
Estoy seguro que su visita hará que el alma de muchos compatriotas pueda superar, como usted lo ha buscado, el cansancio, recuperar la alegría y la felicidad interior.
Sé que ahora millones de familias en México redoblarán su esfuerzo para vivir de acuerdo a los más altos valores que muchos mexicanos compartimos con usted, para vivir en paz y armonía, para ver con confianza el porvenir y con esperanza, como usted nos lo ha pedido.
Coincidimos con usted en el anhelo de que en cada hogar se fortalezcan los valores de familia, de respeto a la libertad y a la dignidad de la persona, de justicia. Valores sin los cuales no es posible el bien común.
Ha quedado, también, claro su mensaje de que esos valores pueden evitar que los jóvenes caigan en la ambición del dinero fácil e ilimitado, a través de caminos falsos de violencia o de delincuencia.
Esperamos, sinceramente, que los mexicanos trabajaremos unidos para legar, como herencia, un mundo mejor, sin envidias, ni divisiones, como usted lo ha señalado.
Paz, concordia, justicia y solidaridad, son principios que usted ha enfatizado, y que tendremos siempre muy presentes.
Le agradecemos sus oraciones por los mexicanos y, en especial, por nuestros niños, sus gestos de consuelo para los que sufren. Sus palabras que han reencendido el aliento de muchas de las almas que lo han visto y lo han oído.
Su Santidad nos ha recordado que el objetivo de nuestro esfuerzo debe ser la edificación de una sociedad más justa, en la que cada mexicana y cada mexicano disfrute de todos lo derechos que corresponden a la eminente dignidad de la persona y, en especial, nos ha recordado la importancia de cuidar y proteger a nuestros niños y jóvenes.
Sin duda, estos encuentros con usted nos han dejado en una mejor actitud para vivir de acuerdo a principios y valores, y de conformidad con las exigencias de la ley y el respeto a los derechos humanos. Valores y principios compartidos por la inmensa mayoría de los mexicanos, unos desde la fe profesada, no sólo en la Iglesia Católica, sino en múltiples credos, otros desde los principios filosóficos y éticos del humanismo vivido con rectitud.
Espero que durante estos días Su Santidad haya constatado que el pueblo mexicano, a pesar de las difíciles circunstancias que ha vivido, no está, ni estará desesperanzado; que el pueblo mexicano tiene una gran riqueza espiritual y cultural, que le da vigor y alegría cada día, que le da confianza en sus grandes capacidades y entusiasmo en sus tareas. En fin. Que somos un pueblo fuerte y vigoroso, que abre sus puertas con alegría, con mucha alegría, a todo aquél al que llama amigo y, en especial, al Obispo de Roma.
Su Santidad:
A nombre de millones de mexicanas y mexicanos, muchas gracias por esta visita que nunca olvidaremos.
Gracias por fortalecer la concordia y el amor entre nosotros.
Gracias por dejarnos el espíritu lleno de esperanza y el ánimo fortalecido para seguir luchando por un México justo, seguro y próspero al que aspiramos.
Gracias, también, por la extraordinaria experiencia de estos días, y por la riqueza y profundidad de sus palabras.
Tenga la seguridad de que a partir de hoy, México lo llevará siempre en su recuerdo. Y también, estoy seguro, se lleva usted el corazón de muchos mexicanos.
Deseamos muy pronto poder volver a contar con su presencia en nuestro país.
Los mexicanos le deseamos una exitosa estadía en La Habana, y un buen viaje de regreso al Vaticano.
Su Santidad Benedicto XVI:
México es, y será siempre, su casa.
Gracias, nuevamente.
Han sido tres días de intensa emoción, en los que se han encontrado el profundo pensamiento y el afecto de un líder espiritual, con la entrega de un pueblo que expresa su fe en plena libertad.
Al recibir a Su Santidad, las mexicanas y los mexicanos lo hemos hecho con profunda alegría y con lo mejor de nuestra hospitalidad.
Ha sido memorable la manera en que cientos de miles de personas, especialmente jóvenes, han manifestado su júbilo en las calles, en las plazas, tanto de León, como de Guanajuato, como de esta Ciudad de Silao; ciudades que han mostrado lo mejor de su rostro para recibirlo.
México nunca olvidará a Su Santidad. México lo llevará a usted siempre, en el alma.
Su Santidad:
Llévese para siempre las sonrisas de nuestros niños, las porras de nuestros jóvenes, las innumerables muestras de afecto, de respeto y de gratitud de las que fue objeto a lo largo de sus recorridos, y en cada uno de sus encuentros.
Esperemos que se lleve por siempre este recuerdo, de un México que lo quiere y que siempre lo recibirá con cariño y con los brazos abiertos.
Lleve, también, consigo, las lágrimas de las personas a quienes usted ha consolado, las preocupaciones cotidianas de quienes padecen pobreza, marginación o violencia.
Tenga siempre presente a México y abogue por él.
La visita de Su Santidad ha colmado a los mexicanos en muchas formas: de emoción, al vivir inolvidables momentos; de esperanza, al escuchar sus mensajes. Pero, sobre todo, ha tocado usted el corazón de los mexicanos con su cercanía y con su afecto.
Los millones de mexicanas y mexicanos que se alegran con su presencia, conservan, desde ahora, el eco de sus palabras con las que ha sembrado una semilla de paz y de esperanza.
Estoy seguro que su visita hará que el alma de muchos compatriotas pueda superar, como usted lo ha buscado, el cansancio, recuperar la alegría y la felicidad interior.
Sé que ahora millones de familias en México redoblarán su esfuerzo para vivir de acuerdo a los más altos valores que muchos mexicanos compartimos con usted, para vivir en paz y armonía, para ver con confianza el porvenir y con esperanza, como usted nos lo ha pedido.
Coincidimos con usted en el anhelo de que en cada hogar se fortalezcan los valores de familia, de respeto a la libertad y a la dignidad de la persona, de justicia. Valores sin los cuales no es posible el bien común.
Ha quedado, también, claro su mensaje de que esos valores pueden evitar que los jóvenes caigan en la ambición del dinero fácil e ilimitado, a través de caminos falsos de violencia o de delincuencia.
Esperamos, sinceramente, que los mexicanos trabajaremos unidos para legar, como herencia, un mundo mejor, sin envidias, ni divisiones, como usted lo ha señalado.
Paz, concordia, justicia y solidaridad, son principios que usted ha enfatizado, y que tendremos siempre muy presentes.
Le agradecemos sus oraciones por los mexicanos y, en especial, por nuestros niños, sus gestos de consuelo para los que sufren. Sus palabras que han reencendido el aliento de muchas de las almas que lo han visto y lo han oído.
Su Santidad nos ha recordado que el objetivo de nuestro esfuerzo debe ser la edificación de una sociedad más justa, en la que cada mexicana y cada mexicano disfrute de todos lo derechos que corresponden a la eminente dignidad de la persona y, en especial, nos ha recordado la importancia de cuidar y proteger a nuestros niños y jóvenes.
Sin duda, estos encuentros con usted nos han dejado en una mejor actitud para vivir de acuerdo a principios y valores, y de conformidad con las exigencias de la ley y el respeto a los derechos humanos. Valores y principios compartidos por la inmensa mayoría de los mexicanos, unos desde la fe profesada, no sólo en la Iglesia Católica, sino en múltiples credos, otros desde los principios filosóficos y éticos del humanismo vivido con rectitud.
Espero que durante estos días Su Santidad haya constatado que el pueblo mexicano, a pesar de las difíciles circunstancias que ha vivido, no está, ni estará desesperanzado; que el pueblo mexicano tiene una gran riqueza espiritual y cultural, que le da vigor y alegría cada día, que le da confianza en sus grandes capacidades y entusiasmo en sus tareas. En fin. Que somos un pueblo fuerte y vigoroso, que abre sus puertas con alegría, con mucha alegría, a todo aquél al que llama amigo y, en especial, al Obispo de Roma.
Su Santidad:
A nombre de millones de mexicanas y mexicanos, muchas gracias por esta visita que nunca olvidaremos.
Gracias por fortalecer la concordia y el amor entre nosotros.
Gracias por dejarnos el espíritu lleno de esperanza y el ánimo fortalecido para seguir luchando por un México justo, seguro y próspero al que aspiramos.
Gracias, también, por la extraordinaria experiencia de estos días, y por la riqueza y profundidad de sus palabras.
Tenga la seguridad de que a partir de hoy, México lo llevará siempre en su recuerdo. Y también, estoy seguro, se lleva usted el corazón de muchos mexicanos.
Deseamos muy pronto poder volver a contar con su presencia en nuestro país.
Los mexicanos le deseamos una exitosa estadía en La Habana, y un buen viaje de regreso al Vaticano.
Su Santidad Benedicto XVI:
México es, y será siempre, su casa.
Gracias, nuevamente.
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Visita Apostólica a México y Cuba
sábado, 24 de marzo de 2012
Se reúne el Presidente Calderón con el Papa Benedicto XVI
Guanajuato, Gto., 24 de marzo de 2012
CGCS-034
CGCS-034
El Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Felipe Calderón Hinojosa, sostuvo una reunión de trabajo con el Papa Benedicto XVI, en el marco de la visita de éste último a México. Durante dicho encuentro ambos mandatarios revisaron temas de interés común de la agenda internacional.
Comentaron los desafíos globales que enfrenta el mundo y sobre los que tanto México como la Santa Sede mantienen una activa posición a nivel mundial como son: el cambio climático y sus efectos, la seguridad alimentaria y la lucha contra el hambre en el mundo, el deseo de avanzar hacia el desarme nuclear y la necesidad de lograr un tratado internacional sobre comercio de armas pequeñas y ligeras toda vez que su proliferación ha favorecido la acción criminal de la delincuencia organizada. Destacaron la labor de coadyuvancia que la Iglesia católica brinda a nivel internacional en temas de desastres naturales y asistencia humanitaria. Asimismo, se refirieron a la situación de los actuales conflictos en el mundo.
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viernes, 23 de marzo de 2012
Discurso del Presidente Felipe Calderon Hinojosa en el Aeropuerto de Silao Guanajuato
Silao, Guanajuato, 23 de marzo del 2012
Su Santidad Benedicto XVI.
Muy distinguidos integrantes de la Comitiva que le acompaña.
Señor Senador José González Morfín, Presidente del Senado de la República.
Señor Diputado Guadalupe Acosta Naranjo, Presidente de la Cámara de Diputados.
Señor Ministro Aguirre Anguiano, representante de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Señor licenciado Juan Manuel Oliva Ramírez, Gobernador de Guanajuato.
Señores Gobernadores de las distintas entidades federativas de la República Mexicana.
Muy queridas niñas, muy queridos niños.
Distinguidos invitados especiales.
Señoras y señores de los medios de comunicación.
Señores Cardenales, Arzobispos y Obispos.
Mexicanas y mexicanos:
Bienvenido a México, Su Santidad Benedicto XVI. Es una gran alegría recibirlo en tierra mexicana.
Al pueblo mexicano le regocija que haya usted aceptado la invitación que en su nombre, tuve el honor de formularle como Presidente de la República, en mi Visita de Estado al Vaticano.
La presencia de Su Santidad entre nosotros adquiere un significado enorme en horas aciagas, en momentos en que nuestra Patria atraviesa por situaciones difíciles y decisivas.
Son muchos los desafíos que a los mexicanos nos ha tocado enfrentar en los últimos tiempos.
Lo recibe, Su Santidad, un pueblo que ha sufrido mucho por diversas razones, y que a pesar de ello hace enormes esfuerzos todos los días para llevar el alimento a la mesa de la casa, para educar a los hijos, para sacar adelante a la familia.
Su Santidad Benedicto XVI.
Muy distinguidos integrantes de la Comitiva que le acompaña.
Señor Senador José González Morfín, Presidente del Senado de la República.
Señor Diputado Guadalupe Acosta Naranjo, Presidente de la Cámara de Diputados.
Señor Ministro Aguirre Anguiano, representante de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Señor licenciado Juan Manuel Oliva Ramírez, Gobernador de Guanajuato.
Señores Gobernadores de las distintas entidades federativas de la República Mexicana.
Muy queridas niñas, muy queridos niños.
Distinguidos invitados especiales.
Señoras y señores de los medios de comunicación.
Señores Cardenales, Arzobispos y Obispos.
Mexicanas y mexicanos:
Bienvenido a México, Su Santidad Benedicto XVI. Es una gran alegría recibirlo en tierra mexicana.
Al pueblo mexicano le regocija que haya usted aceptado la invitación que en su nombre, tuve el honor de formularle como Presidente de la República, en mi Visita de Estado al Vaticano.
La presencia de Su Santidad entre nosotros adquiere un significado enorme en horas aciagas, en momentos en que nuestra Patria atraviesa por situaciones difíciles y decisivas.
Son muchos los desafíos que a los mexicanos nos ha tocado enfrentar en los últimos tiempos.
Lo recibe, Su Santidad, un pueblo que ha sufrido mucho por diversas razones, y que a pesar de ello hace enormes esfuerzos todos los días para llevar el alimento a la mesa de la casa, para educar a los hijos, para sacar adelante a la familia.
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sábado, 8 de noviembre de 2008
Condolencias del Santo Padre Benedicto XVI al SR. Presidente de México Felipe Calderón Hinojosa
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Juan Camilo Mouriño,
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