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viernes, 21 de febrero de 2014

Conmovedor mensaje de padre con cáncer que se despide de su bebé antes de morir. Con información de ACIPRENSA

WASHINGTON D.C., 21 Feb. 14 / 04:01 pm (ACI/EWTN Noticias).- Nick Magnotti, de 27 años, que falleció víctima de un cáncer terminal el 14 de enero de 2014, dejó un mensaje para su pequeña de apenas siete meses, y grabó un video en el que le aseguró que se sentía “bendecido” por ella, a pesar de su enfermedad.

Antes de morir, Nick grabó para su esposa Alyss y su pequeña Austin, un video expresando cómo gracias a su paz con Dios pudo disfrutar cada día de su vida al máximo.

El padre aseguró estar feliz, porque antes de morir pudo compartir cada día con la pequeña Austin.

"Eres mi pequeña niña, Austin, te quiero tanto, tanto, nos vemos luego. Ella es mi pequeño manojo de alegría", expresó Nick en su video.



jueves, 28 de febrero de 2013

Salida del Papa Benedicto XVI del Vaticano hacia Castel Gandolfo


Sigue en Vivo los últimos momentos del Papa Benedicto XVI en el Vaticano antes de salir hacia Castel Gandolfo.

Video del Centro Televisivo Vaticano

miércoles, 28 de marzo de 2012

Discurso de despedida de S.S. Benedicto XVI en Cuba

Señor Presidente,
Señores Cardenales y queridos Hermanos en el Episcopado,
Excelentísimas Autoridades,
Señoras y Señores,
Amigos todos,Doy gracias a Dios, que me ha permitido visitar esta hermosa Isla, que tan profunda huella dejó en el corazón de mi amado Predecesor, el Beato Juan Pablo II, cuando estuvo en estas tierras como mensajero de la verdad y la esperanza. También yo he deseado ardientemente venir entre ustedes como peregrino de la caridad, para agradecer a la Virgen María la presencia de su venerada imagen en el Santuario del Cobre, desde donde acompaña el camino de la Iglesia en esta Nación e infunde ánimo a todos los cubanos para que, de la mano de Cristo, descubran el genuino sentido de los afanes y anhelos que anidan en el corazón humano y alcancen la fuerza necesaria para construir una sociedad solidaria, en la que nadie se sienta excluido. «Cristo, resucitado de entre los muertos, brilla en el mundo, y lo hace de la forma más clara, precisamente allí donde según el juicio humano todo parece sombrío y sin esperanza. Él ha vencido a la muerte – Él vive – y la fe en Él penetra como una pequeña luz todo lo que es oscuridad y amenaza» (Vigilia de oración con los jóvenes. Feria de Friburgo de Brisgovia, 24 septiembre 2011).
Agradezco al Señor Presidente y a las demás Autoridades del País el interés y la generosa colaboración dispensada para el buen desarrollo de este viaje. Vaya también mi viva gratitud a los miembros de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, que no han escatimado esfuerzos ni sacrificios para este mismo fin, y a cuantos han contribuido a él de diversas maneras, en particular con la plegaria.
Me llevo en lo más profundo de mi ser a todos y cada uno de los cubanos, que me han rodeado con su oración y afecto, brindándome una cordial hospitalidad y haciéndome partícipe de sus más hondas y justas aspiraciones.
Vine aquí como testigo de Jesucristo, convencido de que, donde él llega, el desaliento deja paso a la esperanza, la bondad despeja incertidumbres y una fuerza vigorosa abre el horizonte a inusitadas y beneficiosas perspectivas. En su nombre, y como Sucesor del apóstol Pedro, he querido recordar su mensaje de salvación, que fortalezca el entusiasmo y solicitud de los Obispos cubanos, así como de sus presbíteros, de los religiosos y de quienes se preparan con ilusión al ministerio sacerdotal y la vida consagrada. Que sirva también de nuevo impulso a cuantos cooperan con constancia y abnegación en la tarea de la evangelización, especialmente a los fieles laicos, para que, intensificando su entrega a Dios en medio de sus hogares y trabajos, no se cansen de ofrecer responsablemente su aportación al bien y al progreso integral de la patria.
El camino que Cristo propone a la humanidad, y a cada persona y pueblo en particular, en nada la coarta, antes bien es el factor primero y principal para su auténtico desarrollo. Que la luz del Señor, que ha brillado con fulgor en estos días, no se apague en quienes la han acogido y ayude a todos a estrechar la concordia y a hacer fructificar lo mejor del alma cubana, sus valores más nobles, sobre los que es posible cimentar una sociedad de amplios horizontes, renovada y reconciliada. Que nadie se vea impedido de sumarse a esta apasionante tarea por la limitación de sus libertades fundamentales, ni eximido de ella por desidia o carencia de recursos materiales. Situación que se ve agravada cuando medidas económicas restrictivas impuestas desde fuera del País pesan negativamente sobre la población.
Concluyo aquí mi peregrinación, pero continuaré rezando fervientemente para que ustedes sigan adelante y Cuba sea la casa de todos y para todos los cubanos, donde convivan la justicia y la libertad, en un clima de serena fraternidad. El respeto y cultivo de la libertad que late en el corazón de todo hombre es imprescindible para responder adecuadamente a las exigencias fundamentales de su dignidad, y construir así una sociedad en la que cada uno se sienta protagonista indispensable del futuro de su vida, su familia y su patria.
La hora presente reclama de forma apremiante que en la convivencia humana, nacional e internacional, se destierren posiciones inamovibles y los puntos de vista unilaterales que tienden a hacer más arduo el entendimiento e ineficaz el esfuerzo de colaboración. Las eventuales discrepancias y dificultades se han de solucionar buscando incansablemente lo que une a todos, con diálogo paciente y sincero, comprensión recíproca y una leal voluntad de escucha que acepte metas portadoras de nuevas esperanzas.
Cuba, reaviva en ti la fe de tus mayores, saca de ella la fuerza para edificar un porvenir mejor, confía en las promesas del Señor, abre tu corazón a su evangelio para renovar auténticamente la vida personal y social.
A la vez que les digo mi emocionado adiós, pido a Nuestra Señora de la Caridad del Cobre que proteja con su manto a todos los cubanos, los sostenga en medio de las pruebas y les obtenga del Omnipotente la gracia que más anhelan.
¡Hasta siempre, Cuba, tierra embellecida por la presencia materna de María! Que Dios bendiga tus destinos. Muchas gracias.

lunes, 26 de marzo de 2012

Palabras de despedida del Presidente Felipe Calderón Hinojosa al Santo Padre Benedicto XVI en el Aeropuerto de León

Su Santidad Benedicto XVI.

Muy honorables integrantes de la Comitiva que le acompaña.

Señores representantes de los Poderes de la Unión.

Señor Licenciado Juan Manuel Oliva, Gobernador del Estado de Guanajuato.

Señores Gobernadores.

Estimados colaboradores del Gobierno Federal.

Señores Cardenales.

Señores Arzobispos.

Señores Obispos.

Muy queridas niñas, muy queridos niños, muy queridos jóvenes mexicanos.

Mexicanas y mexicanos:

En nombre del pueblo y del Gobierno de México, agradezco enormemente a Su Santidad Benedicto XVI la visita que ha llevado a cabo en nuestro país.

Han sido tres días de intensa emoción, en los que se han encontrado el profundo pensamiento y el afecto de un líder espiritual, con la entrega de un pueblo que expresa su fe en plena libertad.

Al recibir a Su Santidad, las mexicanas y los mexicanos lo hemos hecho con profunda alegría y con lo mejor de nuestra hospitalidad.

Ha sido memorable la manera en que cientos de miles de personas, especialmente jóvenes, han manifestado su júbilo en las calles, en las plazas, tanto de León, como de Guanajuato, como de esta Ciudad de Silao; ciudades que han mostrado lo mejor de su rostro para recibirlo.

México nunca olvidará a Su Santidad. México lo llevará a usted siempre, en el alma.

Su Santidad:

Llévese para siempre las sonrisas de nuestros niños, las porras de nuestros jóvenes, las innumerables muestras de afecto, de respeto y de gratitud de las que fue objeto a lo largo de sus recorridos, y en cada uno de sus encuentros.

Esperemos que se lleve por siempre este recuerdo, de un México que lo quiere y que siempre lo recibirá con cariño y con los brazos abiertos.

Lleve, también, consigo, las lágrimas de las personas a quienes usted ha consolado, las preocupaciones cotidianas de quienes padecen pobreza, marginación o violencia.

Tenga siempre presente a México y abogue por él.

La visita de Su Santidad ha colmado a los mexicanos en muchas formas: de emoción, al vivir inolvidables momentos; de esperanza, al escuchar sus mensajes. Pero, sobre todo, ha tocado usted el corazón de los mexicanos con su cercanía y con su afecto.

Los millones de mexicanas y mexicanos que se alegran con su presencia, conservan, desde ahora, el eco de sus palabras con las que ha sembrado una semilla de paz y de esperanza.

Estoy seguro que su visita hará que el alma de muchos compatriotas pueda superar, como usted lo ha buscado, el cansancio, recuperar la alegría y la felicidad interior.

Sé que ahora millones de familias en México redoblarán su esfuerzo para vivir de acuerdo a los más altos valores que muchos mexicanos compartimos con usted, para vivir en paz y armonía, para ver con confianza el porvenir y con esperanza, como usted nos lo ha pedido.

Coincidimos con usted en el anhelo de que en cada hogar se fortalezcan los valores de familia, de respeto a la libertad y a la dignidad de la persona, de justicia. Valores sin los cuales no es posible el bien común.

Ha quedado, también, claro su mensaje de que esos valores pueden evitar que los jóvenes caigan en la ambición del dinero fácil e ilimitado, a través de caminos falsos de violencia o de delincuencia.

Esperamos, sinceramente, que los mexicanos trabajaremos unidos para legar, como herencia, un mundo mejor, sin envidias, ni divisiones, como usted lo ha señalado.

Paz, concordia, justicia y solidaridad, son principios que usted ha enfatizado, y que tendremos siempre muy presentes.

Le agradecemos sus oraciones por los mexicanos y, en especial, por nuestros niños, sus gestos de consuelo para los que sufren. Sus palabras que han reencendido el aliento de muchas de las almas que lo han visto y lo han oído.

Su Santidad nos ha recordado que el objetivo de nuestro esfuerzo debe ser la edificación de una sociedad más justa, en la que cada mexicana y cada mexicano disfrute de todos lo derechos que corresponden a la eminente dignidad de la persona y, en especial, nos ha recordado la importancia de cuidar y proteger a nuestros niños y jóvenes.

Sin duda, estos encuentros con usted nos han dejado en una mejor actitud para vivir de acuerdo a principios y valores, y de conformidad con las exigencias de la ley y el respeto a los derechos humanos. Valores y principios compartidos por la inmensa mayoría de los mexicanos, unos desde la fe profesada, no sólo en la Iglesia Católica, sino en múltiples credos, otros desde los principios filosóficos y éticos del humanismo vivido con rectitud.

Espero que durante estos días Su Santidad haya constatado que el pueblo mexicano, a pesar de las difíciles circunstancias que ha vivido, no está, ni estará desesperanzado; que el pueblo mexicano tiene una gran riqueza espiritual y cultural, que le da vigor y alegría cada día, que le da confianza en sus grandes capacidades y entusiasmo en sus tareas. En fin. Que somos un pueblo fuerte y vigoroso, que abre sus puertas con alegría, con mucha alegría, a todo aquél al que llama amigo y, en especial, al Obispo de Roma.

Su Santidad:

A nombre de millones de mexicanas y mexicanos, muchas gracias por esta visita que nunca olvidaremos.

Gracias por fortalecer la concordia y el amor entre nosotros.

Gracias por dejarnos el espíritu lleno de esperanza y el ánimo fortalecido para seguir luchando por un México justo, seguro y próspero al que aspiramos.

Gracias, también, por la extraordinaria experiencia de estos días, y por la riqueza y profundidad de sus palabras.

Tenga la seguridad de que a partir de hoy, México lo llevará siempre en su recuerdo. Y también, estoy seguro, se lleva usted el corazón de muchos mexicanos.

Deseamos muy pronto poder volver a contar con su presencia en nuestro país.

Los mexicanos le deseamos una exitosa estadía en La Habana, y un buen viaje de regreso al Vaticano.

Su Santidad Benedicto XVI:

México es, y será siempre, su casa.

Gracias, nuevamente.

Discurso de Despedida del Santo Padre Benedicto XVI en el Aeropuerto de León Guanajuato

Señor Presidente,
Distinguidas autoridades,
Señores Cardenales,
Queridos hermanos en el episcopado,
Amigos mexicanos:

Mi breve pero intensa visita a México llega ahora a su fin. Pero no es el fin de mi afecto y cercanía a un país que llevo muy dentro de mí. Me voy colmado de experiencias inolvidables, como inolvidables son tantas atenciones y muestras de afecto recibidas. Agradezco las amables palabras que me ha dirigido el Señor Presidente, así como lo mucho que las autoridades han hecho por este entrañable viaje. Y doy las gracias de todo corazón a cuantos han facilitado o colaborado para que, tanto en los aspectos destacados como en los más pequeños detalles, los actos de estas jornadas se hayan desarrollado felizmente. Pido al Señor que tantos esfuerzos no hayan sido vanos, y que con su ayuda produzcan frutos abundantes y duraderos en la vida de fe, esperanza y caridad de León y Guanajuato, de México y de los países hermanos de Latinoamérica y el Caribe.

Ante la fe en Jesucristo que he sentido vibrar en los corazones, y la devoción entrañable a su Madre, invocada aquí con títulos tan hermosos como el de Guadalupe y la Luz, que he visto reflejada en los rostros, deseo reiterar con energía y claridad un llamado al pueblo mexicano a ser fiel a sí mismo y a no dejarse amedrentar por las fuerzas del mal, a ser valiente y trabajar para que la savia de sus propias raíces cristianas haga florecer su presente y su futuro.

También he sido testigo de gestos de preocupación por diversos aspectos de la vida en este amado país, unos de más reciente relieve y otros que provienen de más atrás, y que tantos desgarros siguen causando. Los llevo igualmente conmigo, compartiendo tanto las alegrías como el dolor de mis hermanos mexicanos, para ponerlos en oración al pie de la cruz, en el corazón de Cristo, del que mana el agua y la sangre redentora.

En estas circunstancias, aliento ardientemente a los católicos mexicanos, y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, a no ceder a la mentalidad utilitarista, que termina siempre sacrificando a los más débiles e indefensos. Los invito a un esfuerzo solidario, que permita a la sociedad renovarse desde sus fundamentos para alcanzar una vida digna, justa y en paz para todos. Para los católicos, esta contribución al bien común es también una exigencia de esa dimensión esencial del evangelio que es la promoción humana, y una expresión altísima de la caridad. Por eso, la Iglesia exhorta a todos sus fieles a ser también buenos ciudadanos, conscientes de su responsabilidad de preocuparse por el bien de los demás, de todos, tanto en la esfera personal como en los diversos sectores de la sociedad.

Queridos amigos mexicanos, les digo ¡adiós!, en el sentido de la bella expresión tradicional hispánica: ¡Queden con Dios! Sí, adiós; hasta siempre en el amor de Cristo, en el que todos nos encontramos y nos encontraremos. Que el Señor les bendiga y María Santísima les proteja. Muchas gracias.

martes, 7 de febrero de 2012

Mensaje despedida del Cardenal Juan Sandoval Iñiguez



No es una despedida. Como dijo el Papa Juan Pablo II, en su última visita a México, me voy, pero no me voy. Eso quiero expresar. Me quedaré a vivir aquí, en esta hermosa ciudad de Guadalajara, en esta comunidad cristiana a la que llegué desde que tenía 12 años y en la que he pasado mayor parte de mi vida.
Sólo descanso de una grave responsabilidad al estar al frente de una Arquidiócesis tan numerosa en todos los sentidos; en fieles, en clero, en miembros de la vida consagrada, en obras de apostolado laical, y bendecida por Dios con muchas riquezas espirituales sobre todo con la presencia espiritual de nuestros santos mártires que no dejan de acompañarnos y motivarnos.
Agradezco de todo corazón a Dios Nuestro Señor, en primer lugar mi sacerdocio porque la vocación es un don de Dios, un privilegio y le agradezco en particular que me haya permitido ejercerlo por largos años en Guadalajara, en esta Iglesia que me formó sacerdote y a la que serví como formador del Seminario y después como Arzobispo.
Quiero expresar mi más profunda gratitud a los directivos del Semanario que desde que se fundó han estado semana tras semana llevando el mensaje de la Palabra de Dios a los fieles, seguramente con mucho esfuerzo y sacrificio que Dios sabe y ha de premiar.
Agradezco también al público que lee el Semanario, a nuestros fieles que semana con semana lo reciben y se informan sobre la vida de nuestra Iglesia diocesana y de la Iglesia en general.
A través del Semanario este órgano de formación e información que me ha servido por tantos años para hacer llegar mi palabra de Pastor a muchísimas comunidades de la Diócesis  envío un saludo afectuoso y mi gratitud a todos lo que componen esta gran Arquidiócesis de Guadalajara.
A los Obispos auxiliares, a los sacerdotes, a los miembros de la vida consagrada y a todos los fieles a quienes quiero y estimo enormemente. A quienes he tratado de servir con todas mis limitaciones pidiéndoles también que comprendan y perdonen mis deficiencias y asegurándoles que en el corazón estarán siempre y en mi oración.
Que Dios Nuestro Señor esté con todos nosotros y nos bendiga
Fuente: Arquidiócesis de Guadalajara