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sábado, 31 de agosto de 2013

Renuncia del Cardenal Tarcisio Bertone y Nombramiento del nuevo Secretario de Estado del Vaticano

El día de hoy el Santo Padre Francisco a aceptado la renuncia, por edad, del Cardenal Tarcisio Bertone como Secretario de Estado del Vaticano, haciéndose efectiva el próximo 15 de octubre.

Al mismo tiempo ha nombrado al Arzobispo Pietro Parolin como nuevo Secretario de Estado del Vaticano. Mons. Parolin hasta el día de hoy se desempeñaba como Nuncio Apostólico en Venezuela.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Que es el Cardenal Carmalengo

En la Iglesia Católica, el camarlengo es un funcionario de la corte papal. Es el administrador de los bienes y los ingresos de la Santa Sede; entre sus responsabilidades se incluía la administración del Patrimonio de San Pedro. Como se regula en la Constitución Apostólica Pastor Bonus (28 de junio de 1988), el Camarlengo ha de ser un cardenal, pues así es como se refiere a él dicho texto, siendo, como todos los miembros principales de la Curia pontificia, nombrado por el Papa.


Se deriva del latín tardío camarlingus, y a su vez, del francés Kamerling, que proviene del latín camerarius, que significa "oficial de la cámara" (en general, refiriéndose a la "cámara del tesoro"), sin embargo el DRAE aporta otra etimología: la palabra camarlengo procede del idioma germánico franco kamarling (camarero) y tiene el mismo etimo que la palabra alemana Kammer (cámara); en rigor las dos etimologías no se oponen: el italiano camerlengo actual tomó la palabra del latín tardío (latín medieval), el latín tardío tomó la palabra del francés medieval y el francés medieval del idioma germánico de los francos


Hasta el siglo XI, el Archidiácono de la Iglesia romana era responsable de la administración de los bienes de la Iglesia (es decir, de la Diócesis de Roma), pero sus numerosos y antiguos privilegios y derechos llegaron a ser un obstáculo frecuente a la acción independiente del Papa; como resultado de ello, cuando el último Archidiácono Hildebrando de Cluny fue elegido papa con el nombre de Gregorio VII en 1073, suprimió el Archidiaconado y fue cuando el cardenal encargado de la supervisión de la Cámara Apostólica, -es decir, el gobierno temporal de la Santa Sede-, pasó a ser conocido como camerarius o camarlengo


La responsabilidad más importante del camarlengo es la relacionada con la determinación formal de la muerte del Papa. El procedimiento tradicional para este momento comienza cuando el camarlengo, situado al lado del lecho de muerte del Romano Pontífice, llama a éste con su nombre de pila y apellidos –tres veces, con una diferencia de tres minutos entre cada llamada-; acto seguido, golpea suavemente la cabeza del Papa. Después de que el Papa es declarado muerto, el camarlengo quita el Anillo del Pescador de su dedo en presencia de los cardenales y luego procede a destruirlo con un martillo, junto con el sello oficial de plata del Pontífice. Estos actos simbolizan el final de la autoridad del Papa. Finalmente, el camarlengo procede a cerrar las puertas que dan acceso a los aposentos privados del Papa, ante la presencia de los cardenales prefectos y del Secretario de Estado; posteriormente comunica la noticia a los dignatarios principales de la Curia romana, al Decano del Colegio de Cardenales y al Vicario General de Roma quien, a su vez, lo da a conocer a la opinión pública. Es en este momento cuando se da inicio a la Sede Vacante, conformada por los preparativos de las exequias del Pontífice y el llamamiento a Cónclave por parte del Decano del Colegio cardenalicio.


El camarlengo, durante la Sede Vacante, también actúa como jefe de Estado en funciones de la Ciudad del Vaticano. Sin embargo, durante este tiempo, no es responsable del gobierno espiritual de la Iglesia Católica Romana. La Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis (22 de febrero de 1996) encarga esa tarea al Colegio Cardenalicio; a pesar de ello, el poder de gobierno que se les otorga es muy limitado, siendo sólo lo suficiente como para permitir que las instituciones de la Iglesia sigan funcionando y realicen algunas funciones básicas, esto, sin tomar decisiones definitivas o nombramientos, facultades o poderes cuyas funciones solo se reservan al Papa. El camarlengo, sin embargo, debe permanecer en el ejercicio de su cargo durante la sede vacante, a diferencia del resto de la Curia romana. La otra persona que se mantiene en su cargo es el Penitenciario mayor.


Tres camarlengos han sido elegidos Papa: Cosimo Gentile Migliorati (Inocencio VII, 1404), Gioacchino Pecci (León XIII, 1878) y Eugenio Pacelli (Pío XII, 1939). Otros dos, Cencio, que fue elegido como Papa con el nombre de Honorio III en 1216, y Rinaldo Conti di Segni, elegido Papa con el nombre de Alejandro IV en 1254, no ocupaban el puesto de camarlengo para el instante que fueron elegidos (Cencio fue camarlengo desde 1188 hasta 1198, mientras que Rinaldo lo fue desde 1227 hasta 1231).

miércoles, 27 de febrero de 2013

Carta dirigida a todos los Monasterios de Vida Contemplativa

Vaticano, 21 de febrero de 2013

Reverenda Madre, 
Reverendo Padre:

Os dirijo este mensaje mientras toda la Iglesia sigue con emoción los últimos días del luminoso pontificado de Su Santidad Benedicto XVI, y espera al Sucesor que los Eminentísimos Cardenales reunidos en el Cónclave elegirán, guiados por la acción del Espíritu Santo, después de haber escrutado juntos los signos de los tiempos en la Iglesia y el mundo.

La llamada que Su Santidad Benedicto XVI ha dirigido a todos los fieles, de acompañarlo con la oración en el momento de entregar el ministerio petrino en manos del Señor, y esperar confiados al nuevo Pontífice, se hace particularmente apremiante para esos miembros elegidos de la Iglesia que son los contemplativos. Su Santidad Benedicto XVI está seguro de poder obtener de vosotros, de vuestros monasterios femeninos y masculinos diseminados por todo el mundo, la valiosa aportación de esa fe orante que desde siempre ~compaña y sostiene el camino de la Iglesia. El próximo Cónclave se apoyará de modo especial en la límpida pureza de vuestra oración y alabanza.

Su Santidad Benedicto XVI que, después de haber gobernado la Barca de Pedro en medio de los avatares de la historia, ha optado por dedicarse sobre todo a la oración, a la contemplación del Altísimo y a la reflexión, nos ofrece el ejemplo más significativo de esta elevación espiritual, que manifiesta la dimensión más auténtica y profunda de todo acto eclesial, la del Espíritu Santo que guía a la Iglesia.

El Santo Padre, a quien he comunicado los sentimientos expresados en esta carta, ha manifestado su agrado, pidiéndome que os dé las gracias de su parte y os haga llegar el amor y la estima que os tiene.

Me uno a vuestra oración y os saludo con cristiano afecto.

Cardenal Tarcisio Bertone, sdb
Secretario de Estado de Su Santidad

miércoles, 13 de febrero de 2013

Texto completo del saludo del Cardenal Tarcisio Bertone al Papa durante la celebración del Miércoles de Ceniza

Beatísimo Padre:

Con sentimientos de gran conmoción y de profundo respeto no sólo la Iglesia, sino todo el mundo, han recibido la noticia de su decisión de renunciar al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor del Apóstol Pedro.

No seríamos sinceros, Santidad, si no le dijéramos que esta tarde hay un velo de tristeza en nuestro corazón. En estos años, su Magisterio ha sido una ventana abierta sobre la Iglesia y sobre el mundo, que ha hecho filtrar los rayos de la verdad y del amor de Dios, para dar luz y calor a nuestro camino, también y, sobre todo, en los momentos en que las nubes se adensan en el cielo.

Todos nosotros hemos comprendido que precisamente el amor profundo que Su Santidad tiene por Dios y por la Iglesia lo ha impulsado a este acto, revelando esa pureza de ánimo, esa fe robusta y exigente, esa fuerza de la humildad y de la mansedumbre, junto a un gran valor, que han caracterizado cada paso de su vida y de su ministerio, y que pueden venir solamente del estar con Dios, del estar ante la luz de la Palabra de Dios, del subir continuamente la montaña del encuentro con Él para volver a descender después a la Ciudad de los hombres.

Santo Padre, hace pocos días con los Seminaristas de su diócesis de Roma, Usted ha dicho que siendo cristianos sabemos que el futuro es nuestro, el futuro es de Dios, que el árbol de la Iglesia crece siempre de nuevo. 

La Iglesia se renueva siempre, renace siempre. Servir a la Iglesia con la firme convicción de que no es nuestra, sino de Dios, que no somos nosotros quienes la construimos, sino que es Él; poder decir con verdad: “Somos siervos inútiles. Hemos hecho lo que debíamos hacer” (Lc 17, 10), confiando totalmente en el Señor, es una gran enseñanza que Usted, también con esta decisión sufrida, nos dona, no sólo a nosotros, Pastores de la Iglesia, sino al entero Pueblo de Dios.

La Eucaristía es un dar gracias a Dios. Esta tarde nosotros queremos dar gracias al Señor por el camino que toda la Iglesia ha hecho bajo la guía de Su Santidad y queremos decirle desde lo más íntimo de nuestro corazón, con gran afecto, conmoción y admiración: gracias por habernos dado el luminoso ejemplo de sencillo y humilde trabajador en la viña del Señor, pero de un trabajador que ha sabido realizar en todo momento lo que es más importante: llevar a Dios a los hombres y llevar los hombres a Dios.

lunes, 26 de marzo de 2012

Palabras del Cardenal Secretario de Estado en la cena con los Obispos de México y América Latina

León, Patio de la Catedral
Domingo 25 de marzo de 2012

Señor Presidente,
Distinguidas Autoridades, 
Señores Cardenales,
Señor Arzobispo de León,
Señor Arzobispo de Tlalnepantla y Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano 
y del Consejo Episcopal Latinoamericano,
Queridos Hermanos en el Episcopado,


Doy gracias a Dios que nos ha reunido en torno a esta mesa, para compartir en la cena un momento de amistad. Agradezco vivamente a quienes lo han hecho posible, así como los nobles sentimientos que lo han motivado.

La visita de Su Santidad Benedicto XVI a México es una ocasión de profunda alegría al ver cómo esta querida Nación ha abierto una vez más de par en par sus puertas al Sucesor de Pedro, manifestando así la grandeza de espíritu de sus hijos, su fina hospitalidad y la recia fe católica arraigada en ellos.

Al conmemorarse este año el vigésimo aniversario del establecimiento de Relaciones diplomáticas entre México y la Santa Sede, la presencia de las distinguidas Autoridades que nos honran con su grata compañía pone de relieve que tanto la Iglesia como el Estado tienen la común tarea, cada uno desde su misión específica, de salvaguardar y tutelar los derechos fundamentales de las personas. Entre ellos, destaca la libertad del hombre para buscar la verdad y profesar las propias convicciones religiosas, tanto en privado como en público, lo cual ha de ser reconocido y garantizado por el ordenamiento jurídico. Y es de desear que en México este derecho fundamental se afiance cada vez más, conscientes de que este derecho va mucho más allá de la mera libertad de culto. En efecto, impregna todas las dimensiones de la persona humana, llamada a dar razón de su propia fe, y anunciarla y compartirla con otros, sin imponerla, como el don más preciado recibido de Dios.

También las funciones diplomáticas deben radicarse en la promoción de esa gran causa común, a la que el cristianismo puede ofrecer una contribución válida, porque es “una religión de libertad y de paz, y está al servicio del auténtico bien de la humanidad” (Benedicto XVI,Discurso al Cuerpo Diplomático ante la Santa Sede, 8 enero 2009). Por ello, la Iglesia no cesa de exhortar a todos, para que la actividad política sea una labor encomiable y abnegada en favor de los ciudadanos y no se convierta en una lucha de poder o una imposición de sistemas ideológicos rígidos, que tantas veces dan como resultado la radicalización de amplios sectores de la población.

En este sentido, los Obispos aquí presentes son exponentes del compromiso de la Iglesia católica en la hermosa labor de trabajar por el hombre, por quien Jesucristo dio la vida. En cada generación, ella ha escrito una página de esta historia de servicio a la humanidad. Unas líneas son obra de los santos, otras de los mártires. No han faltado en esta historia pastores audaces, religiosos ejemplares, jóvenes de voz profética, valerosos testigos de la caridad y fieles laicos que, a veces con gran sencillez, han tendido la mano y abierto su casa al hermano en necesidad. A través de múltiples expresiones, se ha querido desplegar la belleza del cristianismo para abrazar a todo hombre o mujer, sin mirar raza, lengua o clase social. A ello ha concurrido tanto la dimensión de fe hondamente profesada y celebrada, como se percibe en México y en toda Latinoamérica, como los más variados proyectos de solidaridad que han alentado a tantos a salir del egoísmo para ayudar en las necesidades sociales más básicas y urgentes. No podemos olvidar las iniciativas dirigidas a la promoción de los derechos de cada hombre y cada pueblo, la defensa de su libertad y el cultivo del arte y la cultura.

Si en esta misión ha habido alguna sombra, eso no empaña el esplendor del evangelio, siempre presente para purificar y alumbrar nuestro camino, que hoy pasa por esa revitalización de la fe a la que Su Santidad Benedicto XVI no se cansa de invitar.

Con estos deseos, alzo mi copa, y los invito a ustedes a hacer lo mismo, para brindar por el Santo Padre, a quien Dios conserve y proteja siempre. Brindo asimismo por México, tierra bendecida por Nuestra Señora de Guadalupe, y por sus hijos e hijas, que han sabido ganarse el afecto de Benedicto XVI. Brindo por todos los queridos países hermanos de América Latina y el Caribe. Reitero mi gratitud por las continuas y delicadas atenciones recibidas en estos días y expreso a todos ustedes mi cercanía y reconocimiento por esta espléndida velada.

Muchas gracias.