martes, 27 de enero de 2009

domingo, 18 de enero de 2009

Mensaje Su Santidad Benedicto XVI


Queridos hermanos y hermanas:

1.- Les saludo a todos ustedes con afecto al término de esta solemne celebración Eucarística con la cual se esta concluyendo el VI Encuentro Mundial de las Familias en la Ciudad de México. Doy gracias a Dios por tantas familias que, sin ahorrar esfuerzos, se han congregado en torno al altar del Señor.

Saludo de modo especial al Señor Cardenal Secretario de Estado, Tarcisio Bertone, que ha presidido esta celebración como mi Legado. Quiero expresar mi afecto y gratitud al Señor Cardenal Ennio Antonelli, así como a los miembros del Consejo Pontificio para la Familia, que él preside, al Señor Cardenal Arzobispo Primado de México, Norberto Rivera Carrera, y a la Comisión Central que se ha ocupado de la organización de este VI Encuentro Mundial. Mi reconocimiento se extiende a todos los que con su abnegada dedicación y entrega han hecho posible su realización. Saludo también a los Señores Cardenales y Obispos presentes en la celebración, en particular a los miembros de la Conferencia del Episcopado Mexicano, y a la Autoridades de esta querida Nación, que generosamente han acogido y hecho posible este importante acontecimiento.

Los mexicanos saben bien que están muy cerca del corazón del Papa. Pienso en ellos y presento a Dios Padre sus alegrías y sus esperanzas, sus proyectos y sus preocupaciones.

En México el Evangelio ha arraigado profundamente, forjando sus tradiciones, su cultura y la identidad de sus nobles gentes. Se ha de cuidare ese rico patrimonio para que siga siendo manantial de energías morales y espirituales para afrontar con valentía y creatividad los desafíos de hoy y ofrecerlo como don precioso a las nuevas generaciones.

He participado con alegría e interés en este Encuentro Mundial, sobre todo con mi oración, dando orientaciones específicas y siguiendo atentamente su preparación y desarrollo. Hoy, a través de los medios de comunicación, he peregrinado espiritualmente hasta ese Santuario Mariano, corazón de México y de toda América, para confiar a Nuestra Señora de Guadalupe a todas las familias del mundo.

2.- Este Encuentro Mundial de las Familias ha querido alentar a los hogares cristianos a que sus miembros sean personas libres y ricas en valores humanos y evangélicos, en camino hacia la santidad, que es el mejor servicio que los cristianos podemos brindar a la sociedad actual. La respuesta cristiana ante los desafíos que debe afrontar la familia y la vida humana en general consiste en reforzar la confianza en el Señor y el vigor que brota de la propia fe, la cual se nutre de la escucha atenta de la Palabra de Dios. Qué bello es reunirse en familia para dejar que Dios hable al corazón de sus miembros a través de su Palabra viva u eficaz. En la oración, especialmente con el rezo del Rosario, como se hizo ayer, la familia contempla los misterios de la vida de Jesús, interioriza los valores que medita y se siente llamada a encararlos en su vida.

3.- La familia es un fundamento indispensable en la sociedad y los pueblos, así como un bien insustituible para los hijos, dignos de venir a la vida como fruto del amor, de la donación total y generosa de los padres. Como puso de manifiesto Jesús honrando a la Virgen María y a San José, la familia ocupa un lugar primario en la educación de la persona. Es una verdadera escuela de humanidad y valores perennes. Nadie se ha dado el ser a sí mismo. Hemos recibido de otros la vida, que se desarrolla y madura con las verdades y valores que aprendemos en la relación y comunión con los demás. En este sentido, la familia fundada en el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer expresa esta dimensión relacional, filial y comunitaria, y es el ámbito donde el hombre puede nacer con dignidad, crecer y desarrollarse de un modo integral. (Cf. Homilía en la Santa Misa del V Encuentro Mundial de las Familias, Valencia, 9 de julio de 2006).

Sin embargo, esta labor educativa se ve dificultada por un engañoso concepto de libertad, en el que el capricho y los impulsos subjetivos del individuo se exaltan hasta el punto de dejar encerrado a cada uno en la prisión del propio yo. La verdadera libertad del ser humano proviene de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios, y por ello debe ejercerse con responsabilidad, optando siempre por el bien verdadero para que se convierta en amor, en don de sí mismo. Para eso, más que teorias, se necesita la cercanía y el amor característicos de la comunidad familiar. En el hogar es donde se aprende a vivir verdaderamente, a valorar la vida y la salud, la libertad y la paz, la justicia y la verdad, el trabajo, la concordia y el respeto.

4. Hoy más que nunca se necesita el testimonio y el compromiso público de todos los bautizados para reafirmar la dignidad y el valor único e insustituible de la familia fundada en el matrimonio de un hombre con una mujer y abierto a la vida, así como el de la vida humana en todas sus etapas. Se han de promover también medidas legislativas y administrativas que sostengan a las familias en sus derechos inalienables, necesarios para llevar adelante su extraordinaria misión. Los testimonios presentados en la celebración de ayer muestran que también hoy la familia puede mantenerse firme en el amor de Dios y renovar la humanidad en el nuevo milenio.

5. Deseo expresar mi cercanía y asegurar mi oración por todas las familias que dan testimonio de fidelidad en circunstancias especialmente arduas. Aliento a las familias numerosas que, viviendo a veces en medio de contrariedades e incomprensiones, dan un ejemplo de generosidad y confianza en Dios, deseando que no les falten las ayudas necesarias. Pienso también en las familias que sufren por la pobreza, la enfermedad, la marginación o la emigración. Y muy especialmente en las familias cristianas que son perseguidas a causa de su fe. El Papa esta muy cerca de todos ustedes y les acompaña en su esfuerzo cada día.

6. Antes de concluir este encuentro, me complace anunciar que el VII Encuentro Mundial de las Familias tendrá lugar, Dios mediante, en Italia, en la ciudad de Milán, en el año 2012, con el tema: “La familia, el trabajo y la fiesta”. Agradezco sinceramente al Señor Cardenal Dionigi Tettamanzi, Arzobispo de Milán, su amabilidad al aceptar este importante compromiso.

7. Confío a todas las familias del mundo a la protección de la Virgen Santísima, tan venerada en la noble tierra mexicana bajo la devoción de Guadalupe. A Ella, que nos recuerda siempre que nuestra felicidad está en hacer la voluntad de Cristo (Cf. Jn 2,5), le digo ahora:

Madre Santísima de Guadalupe,
Que has mostrado tu amor y tu ternura
A los pueblos del continente americano,
Colma de alegría y esperanza a todos los pueblos
Y a todas las familias del mundo.
A Ti, que precedes y guías nuestro camino de fe
Hacia la patria eterna,
Te encomendamos las alegrías, los proyectos,
Las preocupaciones y los anhelos de todas las familias.
Oh María,
A Tí recurrimos confiando en tu ternura de Madre.
No desoigas las plegarias que te dirigimos
Por las familias de todo el mundo
En este crucial periodo de la historia,
Antes bien, acógenos a todos en tu corazón de Madre
Y acompáñanos en nuestro camino hacia la patria celestial.

Amén

El Santo Padre anuncia la sede del VII Encuentro Mundial de las Famlilias en el 2012


Al terminar la Misa Conclusiva del VI Encuentro Mundial de las Familias, el Santo Padre Benedicto XVI ha anunciado que el próximo Encuentro Mundial de las Familias se realizará en el año 2012 en la Ciudad de Milan, Italia.

Aquí escribes el resto del contenido que no se vera.

miércoles, 14 de enero de 2009

Transmision por Internet del VI Encuentro Mundial de las Familias

Sigue la transmision del VI Encuentro Mundial de las Familias, da clic en la imagen para escuchar la transmisión las 24 hrs.


martes, 13 de enero de 2009

Respuesta del Card. Norberto Rivera al exhorto del Partido Socialdemócrata

México D. F. a 13 de enero de 2009

Sra. Diputada Carla Sánchez Armas García

Presente

Me he enterado por diversos medios de comunicación de la solicitud hecha pública a un servidor en sesión de la Honorable Asamblea Legislativa del Distrito Federal de la IV Legislatura; al respecto, hago de su conocimiento mi respuesta.

1. En ningún momento, ni en mi carácter de ciudadano y mucho menos como Arzobispo Primado de México he atacado a partido alguno y mucho menos al Partido Socialdemócrata. Las opiniones que se vierten en la editorial del Semanario Desde la fe son reflejo del libre pensamiento del Consejo Editorial del mismo, más no son la opinión personal de un servidor. Por otra parte, es preciso decir que México es un país donde la libre expresión es un derecho consagrado en nuestra Constitución, por lo que no es aceptable la censura y el amordazamiento de las ideas aún cuando éstas sean contrarias a nuestro modo particular de pensar.



2.Un servidor tiene clara su misión que es estrictamente pastoral en cuanto a orientar a los fieles cristianos en aspectos doctrinales y morales, más no está en mi interés y misión acreditar o denostar a partidos e instituciones políticas como es el caso del Partido Socialdemócrata, que con tristeza veo que ataca tanto a un servidor como a los principios de la Iglesia Católica. Usted debe saber que lejos de aborrecer a quienes nos dañan la Iglesia esta llamada a perdonar y a devolver bien por mal como nos lo manda nuestro Señor Jesús.



3.El mismo respeto que Usted me solicita y que siempre se los he tenido, es el que un servidor les pide a nombre de la Iglesia Católica a fin de abstenerse de llevar a cabo sus amenazas de boicotear el Encuentro Mundial de las Familias, pues dicho evento debe ser un espacio respetuoso de encuentro, convivencia y de fraternidad humana y cristiana. La Iglesia Católica jamás se atrevería a boicotear o interferir en la vida interna del Partido Socialdemócrata por mucho que sus posturas puedan diferir de las nuestras, pues somos respetuosos de la diversidad de ideas. Lo mismo pido a Usted y a sus partidarios: el respeto y la tolerancia a quienes diferimos de su manera de percibir y valorar a la familia.



4.Ni un servidor ni la Arquidiócesis de México ha mandado pintar bardas con la imagen de nuestra Señora de Guadalupe para cubrir propaganda del Partido, si tienen una queja en particular al respecto los invito a que presenten su demanda a las autoridades correspondientes para que se actúe conforme a Derecho.



5.Le recuerdo, señora Diputada, que la inscripción al VI Encuentro Mundial de las Familias fue de libre acceso para toda aquella persona de buena voluntad que quisiera participar, nunca se restringió el ingreso a nadie, lo único que se les pide a los participantes es respeto, tolerancia y apertura.



Su hermano y servidor:



+ Norberto Rivera carrera

Arzobispo Primado de México

lunes, 12 de enero de 2009

Oración por la Familia. Juan Pablo II


Oh Dios, de quien procede toda paternidad
en el Cielo y en la Tierra, Padre, que
eres amor y vida, haz que cada familia humana
sobre la Tierra se convierta por medio de Tu
Hijo Jesucristo, nacido de mujer y del Espíritu
Santo, fuente de caridad divina, en verdadero
santuario de la vida y del amor para las
generaciones que siempre se renuevan.

Haz que tu gracia guíe los pensamientos y las
obras de los esposos hacia el bien de sus
familias y de todas las familias del mundo.
Haz que las jóvenes generaciones encuentren
en la familia un fuerte apoyo para el desarrollo
de su personalidad en la verdad y en el amor.

Haz que el amor, corroborado por la gracia del
sacramento del matrimonio, se demuestre más
fuerte que cualquier debilidad y cualquier crisis,
por las que a veces pasan nuestras familias.
Haz finalmente, te lo pedimos por intercesión
de la Sagrada Familia de Nazareth, que la
Iglesia en todas las naciones de la Tierra
pueda cumplir fructíferamente su misión en
familia y por medio de la familia.
Tú, que eres la vida, la verdad y el amor,
en la unidad del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Oración a la Sagrada Familia de Nazareth. Pablo VI

Sagrada Familia de Nazareth;
enséñanos el recogimiento, la interioridad;
danos la disposición de escuchar las buenas inspiraciones
y las palabra del verdadero Maestro;
enséñanos la necesidad del trabajo, de la preparación, del estudio, de la vida interior personal, de la oración, que solo Dios ve en lo secreto: enséñanos lo que es la familia, su comunión de amor, su belleza simple y austera y su carácter sagrado e inviolable.
Amén

sábado, 10 de enero de 2009

DECRETO VATICANO


Con el cual se concede la Indulgencia plenaria a los fieles que, en ocasión del “VI Encuentro Mundial de las Familias”, participarán en peregrinación a la Ciudad de México, o rezarán en familia según las mismas intenciones espirituales. Por que la familia ha sido instituida por Dios mismo, Autor de la vida en el orden natural e al mismo tiempo Dador de dones en el orden sobrenatural, y porque ellos deben ejercitarse, sin descanso hasta el final de los tiempos.

La principal tarea de instruir a las nuevas generaciones al bien natural y sobrenatural, así con ello sostener y ayudar a formar la personalidad en armonía con los valores y actos que deben ser plasmados en la propia vida con los ejemplos de Cristo; la Iglesia y el Estado, en colaboración entre ellos para llegar a realizar los deseables valores con las escuelas, las parroquias y los diversos grupos eclesiales, cada uno por su propia parte, deberán ofrecer su valiosa contribución.



Se constata además que en el tiempo presente, ahora más que en el pasado, se conduce una vida que en la práctica se destaca de eso que se concibe en la teoría, y propio por esto se desea que el VI Encuentro Mundial en la Ciudad de México, del día 13 al 18 del próximo mes de enero, se infunda en las familias cristianas la fuerza de transmitir santamente a las futuras generaciones los retos principales de la conciencia, para cultivar con la ayuda de la gracia de Dios. En el eminente Encuentro, la familia por tanto, será tomada en consideración en el aspecto doctrinal y en la acción apostólica que le son propias; en el modo especial con que ella proclama, defiende y se toma el cuidado de portar a la perfección los bienes, o los valores, humanos y cristianos.



Por eso, el Sumo Pontífice Bededicto XVI, en sintonía con la intención y el celo pastoral de sus Predecesores, en particular de León XIII y Benedicto XV, que promovieron el pío culto de la Sagrada Familia de Nazareth, exprime Sus votos a fin de, que en este tiempo natalicio, los ánimos mediten más intensamente sobre el misterio de la Sagrada Familia y, según el camino trazado por Juan Pablo II, de venerada memoria, el cual crea el Encuentro Mundial de las Familias, que se realizan cada tres años, el Sumo Pontífice desea ardientemente estar presente con todo el corazón, si no físicamente, al evento mexicano, mediante el envío, como representante de su Santidad, al Eminentísimo Cardenal Tarcisio Bertone, S.D.B, Secretario del Estado Vaticano; además mediante la transmisión televisiva y radiofónica de sus discursos y sobre todo con la impartición del don de la Indulgencia plenaria, como indican los términos siguientes:



El Santo Padre concede a los fieles la Indulgencia plenaria, para obtenerse con las condiciones establecidas (confesión sacramental, comunión eucarística y oración según las intenciones del mismo Santo Pontífice), excepto cualquier afecto al pecado, en los días en que devotamente participarán al “VI Encuentro Mundial de las Familias”.

Los fieles verdaderamente arrepentidos, que no podrán participar a tal evento, conseguirán la Indulgencia Plenaria, con las mismas condiciones si, unidos con el mismo espíritu y con el pensamiento a los fieles presentes en la ciudad de México, recitarán en familia el “Padre Nuestro”, el “Credo” y otras devotas oraciones para invocar de la Divina Misericordia la finalidad arriba indicada, particularmente en los momentos en que la palabra y los mensajes del Santo Padre vengan transmitidos por televisión y radio.



El presente Decreto tiene validad para esta ocasión.



Dado en Roma, de la sede de la Penitenciaría Apostólica, el 28 de diciembre 2008, en la fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José.



IACOBUS FRANCISCUS S.R.E. CARD. STAFFORD
Paenitentiarius Maior

Ioannes Franciscus Girotti, O.F.M. Conv.
Ep. Tit. Metensis, Ragens

Homilía pronunciada por el Cardenal Norberto Rivera Carrera, en la Peregrinación anual de la Arquidiócesis de México a la Basílica de Guadalupe.


Sábado 10 de Enero de 2009

(Ef 4,8-16; Sal 139,1-6; Mc 1,16-20)

Esta mañana en la que hemos caminado juntos hasta la casa de nuestra madre, Santa María de Guadalupe, hemos vivido un signo de lo que está llamada a ser nuestra experiencia de discípulos: seguir a Jesús en medio de la ciudad.

María, la primera discípula de Jesús, continúa siguiendo sus huellas y, al mismo tiempo, va acompañando nuestros pasos. En ella tenemos un ejemplo vivo de cómo acompañar y dar testimonio de amor.

Para aprender de María, nuevamente estamos en su casita, renovando nuestro seguimiento de Jesús, y también nuestra comunión. En estas dos facetas de nuestra vocación, seguimiento y comunión, se ha ido centrando la meta pastoral actual de nuestra Iglesia local.

En la palabra de Dios que se acaba de proclamar, de forma sencilla, San Marcos nos narra cómo llamó Jesús a sus primeros discípulos. Fueron Simón y Andrés y los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan. Los cuatro eran pescadores y Jesús los llama mientras estaban trabajando: “Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres” (Mc 1,17). Llama la atención la capacidad de Jesús para convocar y encontrar respuesta. La invitación es directa y la respuesta de los pescadores inmediata. La vocación de los discípulos significa ir con Jesús, estar con él y realizar la tarea de reunir a los dispersos (Cfr. Jn 11,52). Los que tenían el oficio de pescadores, al estar con Jesús, se convierten en pescadores de hombres.

El que sigue a Jesús es un discípulo, que se identifica por la disposición y el entusiasmo para dejar todo inmediatamente y emprender el camino. Así, con esa determinación, el discípulo se convierte, por la fuerza de la convicción que vive, en alguien capaz de convocar a otros a seguir a Jesús.

Cuando Jesús nos llama, no es para conducirnos a una ruta apartada y exclusiva. Todo lo contrario, el seguimiento de Jesús nos pone en el camino de todos y nos va enseñando una forma de peregrinar para ir al paso de los que encontramos en el camino, escucharlos, dialogar con ellos y compartirles lo que es nuestra motivación para seguir adelante con esperanza. Jesús es maestro para realizar un encuentro que cambia el corazón (Lc 24, 32), invitando a entender el seguimiento como oportunidad de servicio y entrega.

El evangelizador, el misionero, se forja en el camino. El que ha sido llamado a seguir a Jesús, va descubriendo que puede comunicar su alegría solo manteniéndose como discípulo.

El seguimiento de Cristo es, entonces, una experiencia dinámica: a cada paso soy llamado y, también, soy enviado.
La reflexión de Aparecida nos está aportando muchas riquezas, entre ellas, reconocer la necesidad de que la Iglesia se haga discípula. Esto significa que su forma de ser corresponda a quien va de camino, a quien tiene su meta aún por alcanzar y que reconoce como compañeros de peregrinaje a los que encuentra en la misma senda. Para la Iglesia hacerse discípula es cultivar una actitud de apertura, de diálogo y de sencillez para que su cercanía con todos le permita ser instrumento del Evangelio hoy.

Vivir el seguimiento de Jesús en el ambiente urbano de una gran ciudad, como lo es la Ciudad de México, implica exigencias y retos que no debemos eludir. Todas las personas con las que nos encontramos en la ciudad son interlocutores para nosotros, es decir sujetos del anuncio de la Buena Noticia. Pero, esto supone que antes consideremos a todos sujetos de diálogo. Nosotros, discípulos de Cristo, debemos aprender a caminar con todos, compartiendo la ruta como forma y medio para testimoniar nuestra fe.
San Pablo, escribiendo a la comunidad de Éfeso, nos dice cómo el Señor reparte sus dones para capacitar a los creyentes en el servicio y la edificación de la Iglesia. Los dones y carismas son múltiples, y esa pluralidad requiere cohesión, para que el cuerpo pueda funcionar unido con la ayuda de cada miembro. Aquí vemos el dinamismo de la comunión: entre más se profundiza el seguimiento de Jesús, más se debe vivir la experiencia de comunión. Su Espíritu es el que nos hace movernos con la misma motivación fraterna y de servicio. Lo que le da vida a la Iglesia discípula, es descubrir que el Espíritu trabaja sin descanso en todos los corazones. Es el Espíritu Santo la fuerza interior del discípulo de Cristo. Ésta presencia, que es el amor de Dios que se encarna en nuestros corazones, transforma desde dentro, proponiendo a cada uno los mismos sentimientos de Cristo Jesús. No es mera emotividad, sino una decisión que se toma por lo que se está experimentando personalmente en el camino cotidiano. Para quien tiene ésta convicción, ningún ser humano le es ajeno, ni puede llegar a ser su enemigo. Todos son sus hermanos. Se transforma su corazón y es capaz de distinguir a su semejante herido como prójimo, y se detendrá para auxiliarlo (Cfr. Lc 10,33-34).

Seguimiento y comunión son nuestra vocación y nuestra tarea, es por eso, que estamos empeñados como Iglesia diocesana a que todos los bautizados descubran su vocación de discípulos misioneros.


Vocación para vivirla peregrinando, esto quiere decir, para nosotros hoy, vivir como cristianos en medio de una ciudad cada vez más plural y diversa, donde la inseguridad, la violencia, la incertidumbre y la indiferencia impiden que nos reconozcamos como seres humanos capaces de fraternidad. Las circunstancias de nuestra ciudad necesitan que hagamos presente la mirada y el corazón del samaritano. Un ser humano que sabe compadecerse porque ha recibido compasión, que sabe compartir porque reconoce que todo lo ha recibido. El discípulo descubre a Jesús en el desamparado del camino. Es cuando se le abren los ojos y se da cuenta de que el Señor ha caminado siempre con él. Para que cada bautizado de nuestra Iglesia diocesana tenga la posibilidad de madurar su fe, en los últimos dos años hemos venido reflexionando sobre el itinerario de formación. Esto no es un objetivo académico, sino el mismo Espíritu de Dios nos está diciendo en la situación de la ciudad, que debemos llenar de amor nuestros corazones para hacer presente en la ciudad, al Dios que nos hace capaces de compasión humana.

El desafío que representa la ciudad, tiene en los jóvenes y en las familias sus puntos más sensibles. Para aprender a caminar con los jóvenes, tendríamos que partir de ellos, de sus intereses, de sus relaciones, de sus deseos e inquietudes.

También, la familia requiere de nuestra parte mayor atención y compromiso. Ambos, familia y nuevas generaciones, son un interés pastoral que nos está pidiendo una renovación profunda.

En las orientaciones pastorales, que hoy entrego a la Iglesia arquidiocesana, animo a todos a vivir el año 2009 con especial intensidad pastoral, para continuar la renovación de nuestra práctica de formación y seguimiento de los agentes de evangelización. Pensemos que estamos cimentando una presencia evangelizadora capilar en la ciudad.

Relacionado directamente con nuestra vivencia pastoral, la próxima semana seremos anfitriones del VI Encuentro Mundial para las Familias. Este acontecimiento es una gracia del Señor para nosotros. Será una experiencia eclesial que nos permitirá corroborar la acción del Espíritu en el corazón de toda la humanidad.

Desde hoy, doy la bienvenida a todas las familias que nos visitan y a todos los agentes de pastoral que trabajan a favor de la familia. Su presencia entre nosotros la consideramos una bendición del Señor.

Exhorto a todos a estar atentos a los frutos del Encuentro que viviremos, para impulsar nuestra labor diocesana y nuestra comunión con la Iglesia universal.

Con el Papa Benedicto y mis hermanos Obispos reunidos en Aparecida, les digo: que nadie se quede con los brazos cruzados, el evangelio nos apremia a seguir a Jesús en medio de la ciudad.

jueves, 1 de enero de 2009

MENSAJE DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI PARA LA CELEBRACIÓN DE LA JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ


COMBATIR LA POBREZA, CONSTRUIR LA PAZ

1. También en este año nuevo que comienza, deseo hacer llegar a todos mis mejores deseos de paz, e invitar con este Mensaje a reflexionar sobre el tema: Combatir la pobreza, construir la paz. Mi venerado predecesor Juan Pablo II, en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 1993, subrayó ya las repercusiones negativas que la situación de pobreza de poblaciones enteras acaba teniendo sobre la paz. En efecto, la pobreza se encuentra frecuentemente entre los factores que favorecen o agravan los conflictos, incluidas la contiendas armadas. Estas últimas alimentan a su vez trágicas situaciones de penuria. «Se constata y se hace cada vez más grave en el mundo –escribió Juan Pablo II– otra seria amenaza para la paz: muchas personas, es más, poblaciones enteras viven hoy en condiciones de extrema pobreza. La desigualdad entre ricos y pobres se ha hecho más evidente, incluso en las naciones más desarrolladas económicamente. Se trata de un problema que se plantea a la conciencia de la humanidad, puesto que las condiciones en que se encuentra un gran número de personas son tales que ofenden su dignidad innata y comprometen, por consiguiente, el auténtico y armónico progreso de la comunidad mundial»[1].

2. En este cuadro, combatir la pobreza implica considerar atentamente el fenómeno complejo de la globalización. Esta consideración es importante ya desde el punto de vista metodológico, pues invita a tener en cuenta el fruto de las investigaciones realizadas por los economistas y sociólogos sobre tantos aspectos de la pobreza. Pero la referencia a la globalización debería abarcar también la dimensión espiritual y moral, instando a mirar a los pobres desde la perspectiva de que todos comparten un único proyecto divino, el de la vocación de construir una sola familia en la que todos –personas, pueblos y naciones– se comporten siguiendo los principios de fraternidad y responsabilidad.

En dicha perspectiva se ha de tener una visión amplia y articulada de la pobreza. Si ésta fuese únicamente material, las ciencias sociales, que nos ayudan a medir los fenómenos basándose sobre todo en datos de tipo cuantitativo, serían suficientes para iluminar sus principales características. Sin embargo, sabemos que hay pobrezas inmateriales, que no son consecuencia directa y automática de carencias materiales. Por ejemplo, en las sociedades ricas y desarrolladas existen fenómenos de marginación, pobreza relacional, moral y espiritual: se trata de personas desorientadas interiormente, aquejadas por formas diversas de malestar a pesar de su bienestar económico. Pienso, por una parte, en el llamado «subdesarrollo moral»[2] y, por otra, en las consecuencias negativas del «superdesarrollo»[3]. Tampoco olvido que, en las sociedades definidas como «pobres», el crecimiento económico se ve frecuentemente entorpecido por impedimentos culturales, que no permiten utilizar adecuadamente los recursos. De todos modos, es verdad que cualquier forma de pobreza no asumida libremente tiene su raíz en la falta de respeto por la dignidad trascendente de la persona humana. Cuando no se considera al hombre en su vocación integral, y no se respetan las exigencias de una verdadera «ecología humana»[4], se desencadenan también dinámicas perversas de pobreza, como se pone claramente de manifiesto en algunos aspectos en los cuales me detendré brevemente.

Pobreza e implicaciones morales

3. La pobreza se pone a menudo en relación con el crecimiento demográfico. Consiguientemente, se están llevando a cabo campañas para reducir la natalidad en el ámbito internacional, incluso con métodos que no respetan la dignidad de la mujer ni el derecho de los cónyuges a elegir responsablemente el número de hijos [5] y, lo que es más grave aún, frecuentemente ni siquiera respetan el derecho a la vida. El exterminio de millones de niños no nacidos en nombre de la lucha contra la pobreza es, en realidad, la eliminación de los seres humanos más pobres. A esto se opone el hecho de que, en 1981, aproximadamente el 40% de la población mundial estaba por debajo del umbral de la pobreza absoluta, mientras que hoy este porcentaje se ha reducido sustancialmente a la mitad y numerosas poblaciones, caracterizadas, por lo demás, por un notable incremento demográfico, han salido de la pobreza. El dato apenas mencionado muestra claramente que habría recursos para resolver el problema de la indigencia, incluso con un crecimiento de la población. Tampoco hay que olvidar que, desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta hoy, la población de la tierra ha crecido en cuatro mil millones y, en buena parte, este fenómeno se produce en países que han aparecido recientemente en el escenario internacional como nuevas potencias económicas, y han obtenido un rápido desarrollo precisamente gracias al elevado número de sus habitantes. Además, entre las naciones más avanzadas, las que tienen un mayor índice de natalidad disfrutan de mejor potencial para el desarrollo. En otros términos, la población se está confirmando como una riqueza y no como un factor de pobreza.

4. Otro aspecto que preocupa son las enfermedades pandémicas, como por ejemplo, la malaria, la tuberculosis y el sida que, en la medida en que afectan a los sectores productivos de la población, tienen una gran influencia en el deterioro de las condiciones generales del país. Los intentos de frenar las consecuencias de estas enfermedades en la población no siempre logran resultados significativos. Además, los países aquejados de dichas pandemias, a la hora de contrarrestarlas, sufren los chantajes de quienes condicionan las ayudas económicas a la puesta en práctica de políticas contrarias a la vida. Es difícil combatir sobre todo el sida, causa dramática de pobreza, si no se afrontan los problemas morales con los que está relacionada la difusión del virus. Es preciso, ante todo, emprender campañas que eduquen especialmente a los jóvenes a una sexualidad plenamente concorde con la dignidad de la persona; hay iniciativas en este sentido que ya han dado resultados significativos, haciendo disminuir la propagación del virus. Además, se requiere también que se pongan a disposición de las naciones pobres las medicinas y tratamientos necesarios; esto exige fomentar decididamente la investigación médica y las innovaciones terapéuticas, y aplicar con flexibilidad, cuando sea necesario, las reglas internacionales sobre la propiedad intelectual, con el fin de garantizar a todos la necesaria atención sanitaria de base.

5. Un tercer aspecto en que se ha de poner atención en los programas de lucha contra la pobreza, y que muestra su intrínseca dimensión moral, es la pobreza de los niños. Cuando la pobreza afecta a una familia, los niños son las víctimas más vulnerables: casi la mitad de quienes viven en la pobreza absoluta son niños. Considerar la pobreza poniéndose de parte de los niños impulsa a estimar como prioritarios los objetivos que los conciernen más directamente como, por ejemplo, el cuidado de las madres, la tarea educativa, el acceso a las vacunas, a las curas médicas y al agua potable, la salvaguardia del medio ambiente y, sobre todo, el compromiso en la defensa de la familia y de la estabilidad de las relaciones en su interior. Cuando la familia se debilita, los daños recaen inevitablemente sobre los niños. Donde no se tutela la dignidad de la mujer y de la madre, los más afectados son principalmente los hijos.

6. Un cuarto aspecto que merece particular atención desde el punto de vista moral es la relación entre el desarme y el desarrollo. Es preocupante la magnitud global del gasto militar en la actualidad. Como ya he tenido ocasión de subrayar, «los ingentes recursos materiales y humanos empleados en gastos militares y en armamentos se sustraen a los proyectos de desarrollo de los pueblos, especialmente de los más pobres y necesitados de ayuda. Y esto va contra lo que afirma la misma Carta de las Naciones Unidas, que compromete a la comunidad internacional, y a los Estados en particular, a “promover el establecimiento y el mantenimiento de la paz y de la seguridad internacional con el mínimo dispendio de los recursos humanos y económicos mundiales en armamentos” (art. 26)»[6].

Este estado de cosas, en vez de facilitar, entorpece seriamente la consecución de los grandes objetivos de desarrollo de la comunidad internacional. Además, un incremento excesivo del gasto militar corre el riesgo de acelerar la carrera de armamentos, que provoca bolsas de subdesarrollo y de desesperación, transformándose así, paradójicamente, en factor de inestabilidad, tensión y conflictos. Como afirmó sabiamente mi venerado Predecesor Pablo VI, «el desarrollo es el nuevo nombre de la paz»[7]. Por tanto, los Estados están llamados a una seria reflexión sobre los motivos más profundos de los conflictos, a menudo avivados por la injusticia, y a afrontarlos con una valiente autocrítica. Si se alcanzara una mejora de las relaciones, sería posible reducir los gastos en armamentos. Los recursos ahorrados se podrían destinar a proyectos de desarrollo de las personas y de los pueblos más pobres y necesitados: los esfuerzos prodigados en este sentido son un compromiso por la paz dentro de la familia humana.

7. Un quinto aspecto de la lucha contra la pobreza material se refiere a la actual crisis alimentaria, que pone en peligro la satisfacción de las necesidades básicas. Esta crisis se caracteriza no tanto por la insuficiencia de alimentos, sino por las dificultades para obtenerlos y por fenómenos especulativos y, por tanto, por la falta de un entramado de instituciones políticas y económicas capaces de afrontar las necesidades y emergencias. La malnutrición puede provocar también graves daños psicofísicos a la población, privando a las personas de la energía necesaria para salir, sin una ayuda especial, de su estado de pobreza. Esto contribuye a ampliar la magnitud de las desigualdades, provocando reacciones que pueden llegar a ser violentas. Todos los datos sobre el crecimiento de la pobreza relativa en los últimos decenios indican un aumento de la diferencia entre ricos y pobres. Sin duda, las causas principales de este fenómeno son, por una parte, el cambio tecnológico, cuyos beneficios se concentran en el nivel más alto de la distribución de la renta y, por otra, la evolución de los precios de los productos industriales, que aumentan mucho más rápidamente que los precios de los productos agrícolas y de las materias primas que poseen los países más pobres. Resulta así que la mayor parte de la población de los países más pobres sufre una doble marginación, beneficios más bajos y precios más altos.

Lucha contra la pobreza y solidaridad global

8. Una de las vías maestras para construir la paz es una globalización que tienda a los intereses de la gran familia humana[8]. Sin embargo, para guiar la globalización se necesita una fuerte solidaridad global[9], tanto entre países ricos y países pobres, como dentro de cada país, aunque sea rico. Es preciso un «código ético común»[10], cuyas normas no sean sólo fruto de acuerdos, sino que estén arraigadas en la ley natural inscrita por el Creador en la conciencia de todo ser humano (cf. Rm 2,14-15). Cada uno de nosotros ¿no siente acaso en lo recóndito de su conciencia la llamada a dar su propia contribución al bien común y a la paz social? La globalización abate ciertas barreras, pero esto no significa que no se puedan construir otras nuevas; acerca los pueblos, pero la proximidad en el espacio y en el tiempo no crea de suyo las condiciones para una comunión verdadera y una auténtica paz. La marginación de los pobres del planeta sólo puede encontrar instrumentos válidos de emancipación en la globalización si todo hombre se siente personalmente herido por las injusticias que hay en el mundo y por las violaciones de los derechos humanos vinculadas a ellas. La Iglesia, que es «signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano»[11], continuará ofreciendo su aportación para que se superen las injusticias e incomprensiones, y se llegue a construir un mundo más pacífico y solidario.

9. En el campo del comercio internacional y de las transacciones financieras, se están produciendo procesos que permiten integrar positivamente las economías, contribuyendo a la mejora de las condiciones generales; pero existen también procesos en sentido opuesto, que dividen y marginan a los pueblos, creando peligrosas premisas para conflictos y guerras. En los decenios sucesivos a la Segunda Guerra Mundial, el comercio internacional de bienes y servicios ha crecido con extraordinaria rapidez, con un dinamismo sin precedentes en la historia. Gran parte del comercio mundial se ha centrado en los países de antigua industrialización, a los que se han añadido de modo significativo muchos países emergentes, que han adquirido una cierta relevancia. Sin embargo, hay otros países de renta baja que siguen estando gravemente marginados respecto a los flujos comerciales. Su crecimiento se ha resentido por la rápida disminución de los precios de las materias primas registrada en las últimas décadas, que constituyen la casi totalidad de sus exportaciones. En estos países, la mayoría africanos, la dependencia de las exportaciones de las materias primas sigue siendo un fuerte factor de riesgo. Quisiera renovar un llamamiento para que todos los países tengan las mismas posibilidades de acceso al mercado mundial, evitando exclusiones y marginaciones

10. Se puede hacer una reflexión parecida sobre las finanzas, que atañe a uno de los aspectos principales del fenómeno de la globalización, gracias al desarrollo de la electrónica y a las políticas de liberalización de los flujos de dinero entre los diversos países. La función objetivamente más importante de las finanzas, el sostener a largo plazo la posibilidad de inversiones y, por tanto, el desarrollo, se manifiesta hoy muy frágil: se resiente de los efectos negativos de un sistema de intercambios financieros –en el plano nacional y global– basado en una lógica a muy corto plazo, que busca el incremento del valor de las actividades financieras y se concentra en la gestión técnica de las diversas formas de riesgo. La reciente crisis demuestra también que la actividad financiera está guiada a veces por criterios meramente autorrefenciales, sin consideración del bien común a largo plazo. La reducción de los objetivos de los operadores financieros globales a un brevísimo plazo de tiempo reduce la capacidad de las finanzas para desempeñar su función de puente entre el presente y el futuro, con vistas a sostener la creación de nuevas oportunidades de producción y de trabajo a largo plazo. Una finanza restringida al corto o cortísimo plazo llega a ser peligrosa para todos, también para quien logra beneficiarse de ella durante las fases de euforia financiera[12].

11. De todo esto se desprende que la lucha contra la pobreza requiere una cooperación tanto en el plano económico como en el jurídico que permita a la comunidad internacional, y en particular a los países pobres, descubrir y poner en práctica soluciones coordinadas para afrontar dichos problemas, estableciendo un marco jurídico eficaz para la economía. Exige también incentivos para crear instituciones eficientes y participativas, así como ayudas para luchar contra la criminalidad y promover una cultura de la legalidad. Por otro lado, es innegable que las políticas marcadamente asistencialistas están en el origen de muchos fracasos en la ayuda a los países pobres. Parece que, actualmente, el verdadero proyecto a medio y largo plazo sea el invertir en la formación de las personas y en desarrollar de manera integrada una cultura de la iniciativa. Si bien las actividades económicas necesitan un contexto favorable para su desarrollo, esto no significa que se deba distraer la atención de los problemas del beneficio. Aunque se haya subrayado oportunamente que el aumento de la renta per capita no puede ser el fin absoluto de la acción político-económica, no se ha de olvidar, sin embargo, que ésta representa un instrumento importante para alcanzar el objetivo de la lucha contra el hambre y la pobreza absoluta. Desde este punto de vista, no hay que hacerse ilusiones pensando que una política de pura redistribución de la riqueza existente resuelva el problema de manera definitiva. En efecto, el valor de la riqueza en una economía moderna depende de manera determinante de la capacidad de crear rédito presente y futuro. Por eso, la creación de valor resulta un vínculo ineludible, que se debe tener en cuenta si se quiere luchar de modo eficaz y duradero contra la pobreza material.

12. Finalmente, situar a los pobres en el primer puesto comporta que se les dé un espacio adecuado para una correcta lógica económica por parte de los agentes del mercado internacional, una correcta lógica política por parte de los responsables institucionales y una correcta lógica participativa capaz de valorizar la sociedad civil local e internacional. Los organismos internacionales mismos reconocen hoy la valía y la ventaja de las iniciativas económicas de la sociedad civil o de las administraciones locales para promover la emancipación y la inclusión en la sociedad de las capas de población que a menudo se encuentran por debajo del umbral de la pobreza extrema y a las que, al mismo tiempo, difícilmente pueden llegar las ayudas oficiales. La historia del desarrollo económico del siglo XX enseña cómo buenas políticas de desarrollo se han confiado a la responsabilidad de los hombres y a la creación de sinergias positivas entre mercados, sociedad civil y Estados. En particular, la sociedad civil asume un papel crucial en el proceso de desarrollo, ya que el desarrollo es esencialmente un fenómeno cultural y la cultura nace y se desarrolla en el ámbito de la sociedad civil[13].

13. Como ya afirmó mi venerado Predecesor Juan Pablo II, la globalización «se presenta con una marcada nota de ambivalencia»[14] y, por tanto, ha de ser regida con prudente sabiduría. De esta sabiduría, forma parte el tener en cuenta en primer lugar las exigencias de los pobres de la tierra, superando el escándalo de la desproporción existente entre los problemas de la pobreza y las medidas que los hombres adoptan para afrontarlos. La desproporción es de orden cultural y político, así como espiritual y moral. En efecto, se limita a menudo a las causas superficiales e instrumentales de la pobreza, sin referirse a las que están en el corazón humano, como la avidez y la estrechez de miras. Los problemas del desarrollo, de las ayudas y de la cooperación internacional se afrontan a veces como meras cuestiones técnicas, que se agotan en establecer estructuras, poner a punto acuerdos sobre precios y cuotas, en asignar subvenciones anónimas, sin que las personas se involucren verdaderamente. En cambio, la lucha contra la pobreza necesita hombres y mujeres que vivan en profundidad la fraternidad y sean capaces de acompañar a las personas, familias y comunidades en el camino de un auténtico desarrollo humano.

Conclusión

14. En la Encíclica Centesimus annus, Juan Pablo II advirtió sobre la necesidad de «abandonar una mentalidad que considera a los pobres –personas y pueblos– como un fardo o como molestos e importunos, ávidos de consumir lo que los otros han producido». «Los pobres –escribe– exigen el derecho de participar y gozar de los bienes materiales y de hacer fructificar su capacidad de trabajo, creando así un mundo más justo y más próspero para todos»[15]. En el mundo global actual, aparece con mayor claridad que solamente se construye la paz si se asegura la posibilidad de un crecimiento razonable. En efecto, las tergiversaciones de los sistemas injustos antes o después pasan factura a todos. Por tanto, únicamente la necedad puede inducir a construir una casa dorada, pero rodeada del desierto o la degradación. Por sí sola, la globalización es incapaz de construir la paz, más aún, genera en muchos casos divisiones y conflictos. La globalización pone de manifiesto más bien una necesidad: la de estar orientada hacia un objetivo de profunda solidaridad, que tienda al bien de todos y cada uno. En este sentido, hay que verla como una ocasión propicia para realizar algo importante en la lucha contra la pobreza y para poner a disposición de la justicia y la paz recursos hasta ahora impensables.

15. La Doctrina Social de la Iglesia se ha interesado siempre por los pobres. En tiempos de la Encíclica Rerum novarum, éstos eran sobre todo los obreros de la nueva sociedad industrial; en el magisterio social de Pío XI, Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II se han detectado nuevas pobrezas a medida que el horizonte de la cuestión social se ampliaba, hasta adquirir dimensiones mundiales[16]. Esta ampliación de la cuestión social hacia la globalidad hay que considerarla no sólo en el sentido de una extensión cuantitativa, sino también como una profundización cualitativa en el hombre y en las necesidades de la familia humana. Por eso la Iglesia, a la vez que sigue con atención los actuales fenómenos de la globalización y su incidencia en las pobrezas humanas, señala nuevos aspectos de la cuestión social, no sólo en extensión, sino también en profundidad, en cuanto conciernen a la identidad del hombre y su relación con Dios. Son principios de la doctrina social que tienden a clarificar las relaciones entre pobreza y globalización, y a orientar la acción hacia la construcción de la paz. Entre estos principios conviene recordar aquí, de modo particular, el «amor preferencial por los pobres»[17], a la luz del primado de la caridad, atestiguado por toda la tradición cristiana, comenzando por la de la Iglesia primitiva (cf. Hch 4,32-36; 1 Co 16,1; 2 Co 8-9; Ga 2,10).

«Que se ciña cada cual a la parte que le corresponde», escribía León XIII en 1891, añadiendo: «Por lo que respecta a la Iglesia, nunca ni bajo ningún aspecto regateará su esfuerzo»[18]. Esta convicción acompaña también hoy el quehacer de la Iglesia para con los pobres, en los cuales contempla a Cristo[19], sintiendo cómo resuena en su corazón el mandato del Príncipe de la paz a los Apóstoles: «Vos date illis manducare – dadles vosotros de comer» (Lc 9,13). Así pues, fiel a esta exhortación de su Señor, la comunidad cristiana no dejará de asegurar a toda la familia humana su apoyo a las iniciativas de una solidaridad creativa, no sólo para distribuir lo superfluo, sino cambiando «sobre todo los estilos de vida, los modelos de producción y de consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad»[20]. Por consiguiente, dirijo al comienzo de un año nuevo una calurosa invitación a cada discípulo de Cristo, así como a toda persona de buena voluntad, para que ensanche su corazón hacia las necesidades de los pobres, haciendo cuanto le sea concretamente posible para salir a su encuentro. En efecto, sigue siendo incontestablemente verdadero el axioma según el cual «combatir la pobreza es construir la paz».

Vaticano, 8 de diciembre de 2008

BENEDICTUS PP. XVI


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[1] Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 1993, 1.

[2] Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio, 19.

[3] Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 28.

[4] Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 38.

[5] Cf. Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio, 37; Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 25.

[6] Carta al Cardenal Renato Rafael Martino con ocasión del Seminario Internacional organizado por el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz sobre el tema ‘‘Desarme, desarrollo y paz. Perspectivas para un desarme integral''(10 abril 2008): L'Osservatore Romano, ed. en lengua española (18 abril 2008), p. 3.

[7] Carta enc. Populorum progressio, 87.

[8] Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 58.

[9] Juan Pablo II, Discurso a las asociaciones cristianas de trabajadores italianos (27 abril 2002), n. 4: L'Osservatore Romano, ed. en lengua española (10 mayo 2002), p. 10.

[10] Juan Pablo II, Discurso a la Asamblea plenaria de la Academia Pontificia de Ciencias sociales (27 abril 2001), n. 4: L'Osservatore Romano, ed. en lengua española (11 mayo 2001), p. 4.

[11] Concilio Vaticano II, Const. dogm. Lumen gentium, 1.

[12] Cf. Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, Compendio de la Doctrina social de la Iglesia, 368.

[13] Cf. ibíd., 356.

[14] Discurso a empresarios y sindicatos de trabajadores (2 mayo 2000), n. 3: L'Osservatore Romano, ed. en lengua española (5 mayo 2000), p. 7.

[15] Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 28.

[16] Cf. Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio, 3.

[17] Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 42; Cf. Id. Carta enc. Centesimus annus, 57.

[18] León XIII, Carta enc. Rerum novarum, 41.

[19] Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 58.

[20] Ibíd



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