jueves, 6 de agosto de 2009

Mensaje de los Obispos de la Provincia Eclesiástica de México con motivo del Año Sacerdotal 2009/2010


A NUESTROS HERMANOS SACERDOTES QUE CONFORMAN LOS PRESBITERIOS:

¡Gracia y paz delante de Dios Padre, de
Jesucristo el Señor y la comunión del
Espíritu Santo sean con todos ustedes…!
(2 Cor 13,13)
Nosotros, sus Obispos, les saludamos cordialmente y “Damos gracias a Dios por todos ustedes, recordándoles en nuestras oraciones; haciendo sin cesar ante nuestro Dios y Padre, memoria de la obra de nuestra fe, del trabajo de nuestra caridad y de la perseverante esperanza de Nuestro Señor Jesucristo, sabedores de la elección, hermanos amados de Dios” (1Tes 1, 2-4).



El viernes 19 de junio en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, el Papa Benedicto XVI, ha dado inicio al Año Sacerdotal, con el tema: “Fidelidad a Cristo, Fidelidad del Sacerdote”, para celebrar el 150 aniversario de la muerte de San Juan María Bautista Vianney, cura de Ars y patrono de los sacerdotes.

Los Obispos, que integramos la Provincia Eclesiástica de México, que comprende las Diócesis de Atlacomulco, Cuernavaca, Toluca y Arquidiócesis de México, nos unimos con todos los sacerdotes que la conformamos, a la alegría con la cual hemos recibido este año de gracia que el Señor Jesús nos regala, por ello reafirmamos con el Papa que “la dimensión misionera del Presbítero nace de su configuración sacramental con Cristo Cabeza”. Pues “la Misión tiene su verdadero centro propulsor precisamente en Jesucristo. Y la centralidad de Cristo trae consigo la valoración correcta del sacerdocio ministerial, sin el cual no existiría la Eucaristía ni, por tanto, la Misión y la Iglesia misma” (BENEDICTO XVI, Discurso a la Asamblea Plenaria de la Congregación para el Clero, 16 de Marzo de 2009, K-I)
Con estas palabras hermanos sacerdotes, Benedicto XVI, nos impulsa a ir “mar adentro”, es decir al fondo de nuestro quehacer como Discípulos y Misioneros, para definir en primera persona, que somos auténticos testigos de la presencia de Dios-Amor, encarnado en nosotros, al señalarnos que “ la Misión es eclesial porque nadie anuncia o se lleva a si mismo, sino que, dentro y a través de su propia humanidad, todo sacerdote debe ser muy consciente de que lleva a Otro, a Dios mismo, al mundo. Dios es la única riqueza que, en definitiva, los hombres desean encontrar en un sacerdote” (BENEDICTO XVI, Discurso a la Asamblea Plenaria de la Congregación para el Clero, 16 de Marzo de 2009, f).
Hermanos sacerdotes, El Señor les bendice por su testimonio y entrega sacerdotal; pues constatamos que la inmensa mayoría de nuestros sacerdotes son personas dignísimas, dedicadas al ministerio, hombres de oración y de caridad pastoral, que han dedicado toda su vida a realizar su vocación y misión y, en muchas ocasiones, con grandes sacrificios personales, pero siempre con un amor auténtico a Jesucristo, a la Iglesia y al pueblo.
Por ello, con un profundo sentimiento fraternal, les animamos a seguir trabajando en nuestra consolidación de Discípulos y Misioneros, entregados a la desafiante y apasionada tarea de la Gran Misión, desde su experiencia del primer encuentro con Jesucristo, su seguimiento, hasta la puesta en práctica de los programas y procesos evangelizadores.
Nos preocupa sobremanera la situación de nuestro tiempo, las dificultades y exigencias que en muchas ocasiones nos desbordan y que como rebaño y pastor tenemos que afrontar y compartir, para dar soluciones adecuadas.
También queridos hermanos sacerdotes, queremos darles las gracias, por tanto bien que han hecho a nuestra Iglesia en las comunidades que se les han encomendado, reconocemos y admiramos su entrega fiel y generosa. Queremos estar cerca de cada uno de ustedes, y solidarizarnos con todos, particularmente con aquellos que están pasando por momentos difíciles: tribulaciones, enfermedades, pérdida de algún ser querido, crisis y obscuridades existenciales.
Aunque en las Diócesis de Nuestra Provincia se están realizando distintos Eventos para celebrar este año sacerdotal, a nivel Provincia Eclesiástica de México se está preparando un encuentro sacerdotal del que más adelante tendrán noticias.
Por ello, y en este contexto, se invita a los Obispos, Sacerdotes, Religiosos y Laicos a que hagamos de este año Sacerdotal, un año de intensa oración, para pedir por la santificación de nuestros sacerdotes, pues aunque sabemos que la santidad del presbítero es responsabilidad de cada uno de ellos, la comunidad ora incesantemente a Dios por ellos y a la vez, este año sea una oportunidad concreta para que rindamos un justo homenaje y reconocimiento a tantos sacerdotes que con su testimonio de vida nos dejaron un legado de fe, esperanza y caridad.
Así, el Año Sacerdotal es una ocasión propicia para que, a la luz de la Palabra de Dios revaloremos el ministerio que el Señor Jesús nos ha confiado. Mencionamos algunos aspectos que tenemos que tomar muy en cuenta en este año de gracia.


1 Agradecer a Cristo Jesús la vocación del sacerdocio ministerial, por la que llama a personas concretas a prolongar su misión de actuar “en su persona” como Cabeza, Pastor y Siervo en la Iglesia.
2 Alabar a Dios con alegría y gratitud por el testimonio y servicio de muchos sacerdotes –vivos o difuntos- que nos han ayudado a lo largo de nuestra vida y nos edifican con su ejemplo.
3 Los que hemos sido llamados al sacerdocio ministerial, reconocer ante Dios este don inmerecido y renovarnos en nuestra respuesta a Él y en nuestro servicio a la comunidad. En este sentido, atender e incrementar el espíritu de formación permanente en todos sentidos.
4 Renovar la fraternidad y comunión del presbiterio y la relación sacramental con el propio Obispo.
5 Profundizar la espiritualidad del presbiterio y de cada uno de los presbíteros. En el contexto de la Eucaristía, subrayando su centralidad en el sacerdocio ministerial.
6 Suscitar más intensamente la forma de vida apostólica según la imagen de Cristo Sacerdote para hacernos más presentes en los alejados y necesitados.
7 Según palabras del Papa, “recuperar aquella conciencia que impulsa a los sacerdotes a hacerse presentes, identificables, reconocibles, sea por el juicio de la fe, sea por las virtudes personales, sea también por el hábito, en los ambientes de la cultura y la caridad”. En otras palabras renovar nuestra identidad.
8 Resaltar el papel del sacerdocio para la misión de la Iglesia y en la sociedad contemporánea.
9 Ofrecer las mejores energías eclesiales para cuidar la formación de los candidatos al ministerio.
10 Examinar las condiciones concretas y el sustento material en el que viven nuestros sacerdotes, en algunos casos obligados a subsistir en situaciones de dura pobreza.
11 Acentuar la comunión y amistad de los sacerdotes con las comunidades a su cargo.
El espíritu de este año sacerdotal nos invita, igualmente, a reavivar el don de Dios que hemos recibido (Cfr. 2Tim 1,6). Para experimentar el amor de Cristo, contemplemos el testimonio admirable del Santo cura de Ars. De él, en efecto, ha escrito el Papa Juan Pablo II: “Podría decirse que Juan María Vianney quería en cierto modo, arrancar a Dios las gracias de la conversión no solamente con sus oraciones, sino también con el sacrificio de toda su vida. Quería amar a Dios por todos aquellos que no lo amaban y, a la vez, suplir en buena parte las penitencias que ellos hacían. Era realmente el pastor siempre solidario con su pueblo pecador” (JUAN PABLO II, Carta a los Sacerdotes, 16, Marzo de 1986).
En el año dedicado a San Pablo, que ha terminado, se nos presentaba la experiencia de fe vivida por este gran apóstol, en donde se presentaba con el esclavo de Cristo (Cfr. Rom 1, 1), encadenado por el Espíritu (Cfr Hebr 20, 22), dispensador de los misterios de Dios (Cfr 1Cor 4, 1). Su testimonio nos animará en la experiencia del amor que apremia y hace feliz. Este Año sacerdotal es una invitación para comprometernos a revivir cada día la conciencia de nuestra consagración, porque, como dice el Apóstol Pablo: “llevamos este tesoro en vasos de barro” (2Cor 4, 7). Nos vemos cada día más urgidos para lograr nuestra configuración con Cristo, es decir, pensar como Él, actuar como Él, vivir como Él; en una palabra, amar como Él, para conseguir “tener los mismos sentimientos de Cristo” y sus mismas actitudes (Filp 2, 5).

Queridos sacerdotes de esta PROVINCIA ECLESIÁSTICA DE MÉXICO, vivamos con fe y con entusiasmo en la realización de esta feliz iniciativa de su Santidad Benedicto XVI que ha querido dedicar un Año para nosotros los sacerdotes. Dios bendecirá nuestros esfuerzos y Santa María de Guadalupe, Madre de Dios por quien se vive y Madre de los sacerdotes, profundamente vinculada a nuestras Iglesias diocesanas, desde el Tepeyac nos ayudará con su intercesión, para que el amor que nos apremia y transforma, vaya forjando cada día más en nosotros nuestra identidad con Jesús, sumo Sacerdote y buen Pastor.
Vivamos el don del sacerdocio en este Año de gracia del Señor en la fraternidad sacramental.




¡Sus hermanos en Cristo!


+ Norberto Card. Rivera Carrera
Arzobispo Primado de México




+ Constancio Miranda Weckmann
Obispo de Atlacomulco


+ Florencio Olvera Ochoa
Obispo de Cuernavaca


+ Francisco Javier Chavolla Ramos
Obispo de Toluca


+Florencio Armando Colín Cruz
Obispo Auxiliar de México


+ Carlos Briseño Arch, O.A.R.
Obispo Auxiliar de México


+Felipe Tejeda García, M.Sp.S.
Obispo Auxiliar de México


+ Antonio Ortega Franco, C.O.
Obispo Auxiliar de México


+ Francisco Clavel Gil
Obispo Auxiliar de México


+ Jonás Guerrero Corona
Obispo Auxiliar de México


+ Jesús Antonio Lerma Nolasco
Obispo Auxiliar de México

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